Mucho reparto y pocas nueces

David O. Russell siempre me ha parecido un director que busca con demasiado ahínco la gran película. Tiene cintas estupendas como Tres reyes (1999) o The Figther (2010), pero su ambición se nota sobre todo en obras oscarizables como La gran estafa americana (2013) o Joy (2015), films desequilibrados, excesivos, pretenciosos, pero también intensos, con momentos brillantes y, sobre todo, apoyados en interpretaciones sobresalientes. Parecía cuestión de tiempo el que Russell, tras llegar a una madurez artística, encontrara finalmente esa gran obra a la que siempre apunta, pero Amsterdam, lamentablemente, no lo es. En ella, Russell apuesta por el tono de comedia para contarnos una historia ambientada en los años 30, justo antes del advenimiento de los nazis al poder. Tres veteranos de la Primera Guerra Mundial, un soldado, un médico y una enfermera forman un curioso trío que se enfrenta a un misterioso crimen.

Russell intenta seguir la estela de Alfred Hitchcock, que en esos años 30, entre Reino Unido y Estados Unidos, realizó una serie de thrillers en los que el protagonista se enfrentaba a una intrincada red de espías, hombres poderosos que decidían apoyar a los nazis o sus equivalentes. En películas que van desde El hombre que sabía demasiado (1934) y 39 escalones (1935) hasta Enviado especial (1940) y sobre todo Sabotaje (1942), Hitchcock fabricaba intrigas, trepidantes aventuras, siempre desde lo visual. En Amsterdam, Russell intenta hacer lo mismo, pero desde el diálogo, creando situaciones estáticas y confiando en el carisma de los actores, quienes, a pesar de esporádicos golpes de gracia, terminan por sucumbir ante el peso de un guión sobrecargado de explicaciones. En Hitchcock había agujeros de guión y situaciones inverosímiles y sus películas eran una maravilla, aquí Russell explica y justifica todo para que nadie se pierda y el resultado es aburridísimo.

Si antes Russell se desmadraba y dejaba a sus actores desmadrarse, produciendo momentos brillantes de cine, aquí todo parece encorsetado, el brillo se ha perdido, y ni el mejor reparto de actores de los últimos años salva los muebles: Robert De Niro, Christian Bale, Margot Robbie, Anya Taylor-Joy, Rami Malek, Michael Shannon, Zoe Saldaña y varios más. Lo peor, el subtexto político, ese recado a los empresarios que hacen la vista gorda ante el ascenso de la ultraderecha para sacar tajada, que acaba pareciendo inocente y hasta ridículo. Una pena.