El disparate de los 70, peluquines e inagotables escotes, polis con rizos y ases en la manga. La gran estafa americana, o lo que es lo mismo,” el caso Abscam” (caso real de corrupción política que a  finales de los 70 implicó a una serie de senadores y miembros de la cámara de representantes) sirve de excusa argumental a David O. Russell para aventurarse en un ejercicio de estilo, divertirse dirigiendo a un elenco de actores realmente sensacional y filmar así una película “Sexy, Funky, Groovy”, una película dinámica de ritmo trepidante que a pesar de sus defectos se convierte en la mejor obra hasta el momento del sobrevalorado O. Russell y que se dirige de cabeza a por su tercera nominación consecutiva al Oscar al Mejor Director (tras “The Fighter” y “Silver Linings Playbook”).

Está claro que David O. Russell no es ni el Martin Scorsese de “Casino” ni el Paul Thomas Anderson de “Boogie Nights” pero por lo menos con “American Hustle” logra algo que sus anteriores películas no conseguían que es entretener.

Un deformado e irreconocible Christian Bale encabeza un reparto de personajes casposos, entrañables buscavidas con la palabra “perdedor” escrita en sus frentes.  Y dentro de ese elenco una incuestionable Jennifer Lawrence, secundaria de lujo que brilla con una interpretación sublime y que a sus 23 años se impone como la mejor actriz de su generación.

Ayudado de un convulso montaje, de una banda sonora repleta de clásicos de la época y de una coherente y admirable dirección artística, el director de “I Heart Huckabees” y “Tres Reyes” vuelve a entregarnos una buena película más cercana a sus ruidosas primeras obras que a los últimos bodrios a los que ya nos estaba acostumbrando.