8.0
Score

Final Verdict

Aluminum entregan un estupendo álbum de debut en el que encaran el shoegaze de múltiples formas. Tenemos un lado más pop, otro más crudo, y otro en el que se acercan al Manchester de finales de los 80. Y en todos están acertados.

Hace unos meses, cuando os presentábamos a Aluminum, ya comentábamos que esta banda de Oakland venia con unas influencias de lo más eclécticas. Algo que ahora se confirma con su álbum de debut. Y es que, el grupo liderado por Ryann Gonsalves, que también milita en Torrey y cuenta con un proyecto folk en solitario, tiene una forma muy particular de ver el indie-rock. Lo que hace que aquí nos encontremos con una colección de canciones que, mayormente, se acercan al shoegaze, pero que también dejan ver una clara influencia del sonido del Manchester de finales de los ochenta. Incluso se atreven a coquetear un poco con los sonidos electrónicos. No obstante, meten a Orbital en su paleta de influencias.

Aluminum saben lo que se hacen cuando pisan el pedal de distorsión. Solo hay que escuchar “Smile”, la canción que abre este ‘Fully Beat’. Estamos ante un estupendo tema de shoegaze en el que aparece un bajo que se hace notar, un ritmo entrecortado, pero potente, y unas guitarras ruidosas, pero muy melódicas. Y en esas siguen en “Always Here, Never There”. Aunque esta vez, y gracias a un teclado que los emparenta directamente con My Bloody Valentine, lo hacen desde una visión mucho más pop. Algo que también ocurre con la ultra melódica “Everything”. Y si nos vamos a “Pulp”, vemos que se meten de lleno en sonidos más acelerados y contundentes. Solo hay que escuchar ese tremendo final lleno de guitarras que no pueden rugir más.

Una de las cosas más interesantes de la propuesta de Aluminum es la manera en la que encaran la sección rítmica de algunas de sus canciones. La influencia confesada de Sly and The Family Stone los lleva a hacer una canción como “Behind My Mouth”, donde dejan que un ritmo funk se fusione con unas guitarras que son puro shoegaze. Y claro, si a esto le unimos otro bajo potente, nos encontramos con que hemos vuelto al Manchester de 1989. Y, además, de la mejor forma posible, poque la canción es estupenda. Al igual que “Beat”, en la cual, siguen por el mismo camino y, además, añaden unos bongos. Incluso ese coqueteo electrónico que supone “Call An Angel”, nos lleva a esa época. Aunque para cerrar el disco prefieren volver al shoegaze más melódico y entregar la inmensa “Upside Down”, en la que, ojo, dan protagonismo a un kazoo.