Dancing with tears in my eyes

La última vez que vimos a Algora fue precisamente en la sala El Sol. En esa cita de las primeras semanas de 2020, el de Guadalajara presentaba ‘Un extraño entre las rosas’, su disco para bailar. Lo malo es que, en aquellos momentos, no sabíamos que no íbamos a poder bailar fuera de nuestra casa en unos cuantos meses. Algo que dejó a ese disco sin la presentación que se merecía. Pero Algora ocupó ese tiempo en componer y crear las canciones de ‘Pódium’, su último trabajo, y el disco que presentó ayer en esa misma sala El Sol de Madrid.

Abrió la noche Megane Mercury y su pop-rock lleno de sinceridad. Junto con un guitarrista y su ordenador, desgranó las canciones de ‘Desamor y Pop-Rock para adolescentes’, un EP dedicado a su ex, al que, por cierto, calificó como “la peor persona del mundo”. Así, nos encontramos con canciones como “31 de enero” o “Vorágine”, en las que repasa esa relación tóxica del pasado con una buena dosis de guitarra. Además de “Q tengo que hacer”, en la subió al escenario a navxja, con la que hizo una preciosa versión en directo. Y algún tema nuevo, como el que dio fin a su concierto, y con el que consiguió levantar unas palmas espontáneas del público. 

Algora salió acompañado de un pianista, de su inseparable Raul Querido, y de una buena dosis de plantas -el laurel para las lentejas, según el propio artista-. Un tanto nervioso, pero con un sonido perfecto, atacó “Días de nieve”, el precioso tema que abre su último disco. Fue la primera muestra de lo bien que se adapta al directo esa electrónica más intimista que encontramos en ‘Pódium’. Pero no la única, porque también nos dejaron muy buenas sensaciones temas como “Luna de cazador”, “Kreuzberg Blues”, o la inmensa “Marina”. Además de el tema que da título al álbum, en el que invitó al escenario a Valdivia, una de las mejores voces que podemos encontrar ahora mismo en este país.

Como ya he dicho, Algora apenas tuvo tiempo de presentar las canciones de su anterior trabajo, y no iba a desperdiciar una oportunidad como esta para hacerlo. Así que, tras anunciar que ya tocaba bailar, llegó el momento de “Disco mágico”, una canción que en un mundo perfecto hubiera sido un gran hit. Algo que también podríamos decir de “Dondiego”, todo un torbellino dance con el que hizo bailar y cantar al público que casi llenaba la sala El Sol. Aunque la que sí se ha convertido en un pequeño clásico de su repertorio es “Drogas nuevas”. Quizá porque fue el primer single de ese disco, pero la verdad es que fue recibido como el gran hit que es. Y ojo, porque su último disco también tiene momentos para el baile. Algo que demostró con la ayuda de Megane Mercury en “Liebre” y “Medalla de oro”, que sonaron brutales. 

Lo que sí no hubo fueron muchas concesiones a sus anteriores trabajos. De hecho, solo cayeron tres. La primera fue aquella “Muerdealmohadas” de 2013, que en esta nueva versión bastante más electrónica cobra una nueva vida. Un poco más tarde, nos dejó “Ninguna canción habla de mí”, esa canción que editó entre sus dos últimos trabajos, y que es toda una especie de anti-himno pop de lo más bailable. Y para terminar el concierto, toda una sorpresa. Sin Raul Querido, y tan solo acompañado del pianista, atacó una versión de lo más íntima de “Baloncesto”, aquel tema que escribió para La Prohibida, y que se convirtió en todo un hit. Y claro, no pudimos contenernos y cantar a todo pulmón eso de “yo tengo el corazón helado, el tuyo late como si estuvieran jugando al baloncesto”.