8.0
Score

Final Verdict

Con una carrera longeva, asombrosa y diversa, el batería muestra cuánto ama el sonido que lo inspiró a tocar. Así, también, se percibe en “Reflections”.

En el negocio de la música no todo consiste, ni se basa en los grandes nombres. Esa industria rueda todos los días gracias a la multiplicidad de talento que hay detrás de los focos y entre bambalinas. Hay quien se sabe que funciona mejor en un segundo plano, que no capitalizando el escrutinio general. Asimismo, hay aquellos, que, de vez en cuando, les apetece dejar la tranquilidad de las sombras y salir a la luz. En esa situación encontramos al hombre que sostuvo a Miles Davis cuando decidió retirarse en los años setenta y volver en la década siguiente.

Con ustedes, Al Foster, un baterista de lujo, que, a pocas semanas de cumplir 80 años, es bastante más que el amigo y batería del trompetista. Se le puede disfrutar en el reciente triple álbum “That’s What Happened 1982-1985 (The Bootleg Series, Vol. 7)”, que recoge tomas alternativas y outtakes de los tres últimos discos de estudio de la etapa de jazz fusión – “Star People”, “Decoy” y “You’re Under Arrest”–, de Davis. Fue el colofón a décadas de trabajo en Columbia Records. La sesión del 7 de julio de 1983 se editó en su día, en formato de vinilo.    

Foster representa la doble cara de los jazzmen: la del sideman, es decir, formar parte estable de un proyecto ajeno; y, la otra, ser el líder, como pasa en este “Reflections”, dirigiendo y gestionando con quién tocas y qué grabas. Desde mediados de los años 80, el músico va a su aire. Su hoja de servicios así lo indica. En este caso, lo importante no es saber con quién ha tocado el batería. Lo realmente trascendente es enumerar qué grandes nombres del género no han requerido sus servicios.

Con este álbum, el jazzman ha tenido la idea de celebrar la música de algunos grandes nombres con quienes ha tocado. Foster posee un patrón rítmico definido y reconocido que atrae a lo mejor de cada casa,  y esta sesión, que supera la hora de duración, lo confirma. Rodeado de un magnífico cuarteto – Kevin Hays, piano y Fender Rhodes; Vicente Archer, contrabajo; Chris Potter, saxo tenor y soprano; y Nicholas Payton, trompeta– que, también, aportan temas originales.

El resultado es un generoso paseo por el jazz, sin rémoras ni nostalgias. Suena fresco, potente y contemporáneo, y más si Payton y Potter están en la pomada. Para englobar tanta buena música, el batería rememora a cinco grandes, a partir de piezas propias, que los definen. Eso significa traer a colación a un coloso, como el saxofonista Sonny Rollins, 1930, (“Pent-up House”); acudir a un clásico con un sonido y fraseo propios, como el saxofonista Joe Henderson, 1937-2001, (“Punjab”); releer al multiinstrumentista Herbie Hancock, 1940, (“Alone and I”) o saludar los armónicos del pianista McCoy Tyner, 1938-2020, (“Blues on the Corner”). El resultado es un estimulante pálpito rítmico de un quinteto que confraterniza con la historia y se divierte a partir de su propia visión de unas tunes, que los acompañan desde siempre.   

Se cierran los homenajes con dos temas del líder, dedicados a otro maestro como Thelonious Monk, 1917-1982, presentes en la obertura del álbum, “T.S. Monk” y “Monk’s Bossa”, en la clausura, respectivamente. El jazzman admira profundamente el sentido melódico del pianista. Ni rastro de naftalina en esta selección, que se equilibra de manera natural con los originales que aporta el cuarteto que lo rodea, destacando “Six” de Payton, “Beat” de Hays y “Open Plans”, de Potter.

En 2019, “Inspirations & Dedications” supuso su debut en el sello neoyorquino Smoke Sessions Records, bien recibido por la escena jazzística. Con una carrera longeva, asombrosa y diversa, el batería muestra cuánto ama el sonido que lo inspiró a tocar. Así, también, se percibe en “Reflections”. El músico, que es sinónimo de pulsión rítmica, y honestidad y creatividad musicales intactas, aún espera que su próximo disco sea mejor que el anterior. Al Foster es historia viva del mejor jazz.