Memoria revelada

He leído alguna vez -no sé si será cierto- que cuando recordamos, en realidad, nuestra memoria no refleja el hecho real que vivimos, sino que su referencia es el último recuerdo que tuvimos de aquella experiencia. Una memoria de la memoria. Así, los recuerdos se van desdibujando, nos esquivan, se transfiguran, hasta que no podemos saber si lo que recordamos es realidad o ficción. En la magnífica Aftersun, la directora debutante Charlotte Wells construye un impresionante film que intentan recrear cómo recordamos las cosas. Y el resultado es emocionante y sobrecogedor. La propia directora ha dicho en entrevistas que comenzó el proyecto como un relato autobiográfico que ha acabado siendo pura ficción.

En la película, Wells se vale de una cuidadísima puesta en escena de planos que esquivan a los personajes y sus acciones, en los que el que habla queda fuera de campo, o en los que el personaje principal aparece de espaldas, desenfocado, al fondo del encuadre. Porque ese padre, Calum (Paul Mescal), que se ha llevado a su hija, Sophie (Frankie Corio), de vacaciones a Turquía es el gran misterio que el relato plantea. Sophie intenta recordar a su padre, pero los detalles de quién era, sus motivos, sus posibles razones, se le escapan.

Aftersun es una película que ocurre en el limbo temporal que es el verano, donde nada pasa, pero el camino hacia la madurez comienza. Una película hecha de temblorosos vídeos domésticos, canciones que se mezclan, imágenes refractadas bajo el agua, reflejos en la pantalla de una vieja tele de tubo en una habitación de hotel… una película que se va revelando como una antigua foto tomada con una cámara Polaroid. Y en el centro del relato, la maravillosa relación entre un padre y una hija, interpretados por dos actores capaces de transmitir humanidad y afecto. Cuando ya expira este 2022, se estrena una de las mejores, más emocionantes y devastadoras, películas del año.