El despertar a la vida adulta y la pérdida de la inocencia son la materia prima de una buena parte de la ficción, en cualquier formato. Una temática que ha dado varias obras importantes y que sigue aportando variaciones de interés. Hay incluso un término anglosajón para denominar un subgénero dedicado al tema, el coming of age. En la película que nos ocupa, el director belga Fabrice du Welz firma en Adoration un drama sobre el descubrimiento del mundo adulto, pero lo hace desde una perspectiva original que acerca su film, de estética naturalista, al cine de textura Fantástica e incluso de terror. 

Paul es un adolescente -interpretado por un magnífico Thomas Gioria –Custodia compartida (2017)- cuya vida cambia cuando conoce a Gloria -también fantástica Fantine Hardin– una chica ingresada en la clínica psiquiátrica en la que vive Paul con su madre. Gloria, que sufre un delirio paranoico de puro terror psicológico, hará partícipe a Paul de su fantasia alucinada y lo embarcará en una fuga hacia ninguna parte. Du Welz fabrica con una cámara de 16 mm hermosas imágenes de cómo los dos niños se enfrentan a la supervivencia, a la naturaleza, a la muerte, al sexo. El director representa el mundo adulto como una serie de coordenadas inamovibles, que entendemos desde nuestra perspectiva, pero que también comprendemos desde la inocencia de los adolescentes, que sienten auténtico terror, como Hansel y Gretel, ante las realidades de la madurez. Utilizando el agua como elemento simbólico -ríos, lagos, la lluvia- Du Welz habla de libertad y del amor incondicional. 

Tan emocionante y profunda como triste y terrorífica, Adoration es una excelente aportación a un subgénero transitado ya por muchos y grandes autores.