Adiós

Paco Cabezas firma en Adiós una película redonda que sobre todo da fe de su experiencia y oficio. Un saber hacer cinematográfico obtenido realizando cine -y televisión- en Estados Unidos con títulos como Tokarev(2014) -con Nicolas Cage-, Mr. Rigth (2015) -con guión de Max Landis– y series como Penny Dreadful y El alienista, entre otras. Con esta experiencia en su currículo, Cabezas trae al cine español una forma de entender lo que debe ser una película, que representa al mejor Hollywood: historias con un trasfondo emocional humano para involucrar -de forma efectiva- al espectador; hechos anclados en la realidad para que el relato sea reconocible y verosímil -que no realista- y, sobre todo, la voluntad de entretener, con acción, sí, pero también con un conflicto interesante y un ritmo dinámico.

Cabezas tiene oficio detrás de la cámara -hay persecuciones y tiroteos bien rodados- y sabe narrar: los momentos más importantes de la historia conjugan tres o más acciones simultáneas haciendo un uso eficaz del montaje. Cabezas sabe incluso valerse del cliché: Juan (Mario Casas) es un delincuente de buen corazón con problemas para reinsertarse en la sociedad; la comunión flamenca; los enfrentamientos entre clanes por la ley gitana. Para ser verosímil, rueda en las ‘Tres mil viviendas’, escenario que imprime un trasfondo social a la trama. Y, además, se esfuerza en conseguir interpretaciones sólidas de sus actores, Mario Casas está estupendo, aplicado, como siempre; pero también convencen Natalia De MolinaCarlos Bardem o Vicente Romero Sánchez; mencionemos también la matriarca que interpreta Mona Martínez, y hasta la niña, Paulina Fenoy, auténtico corazón de la película, que permite las ideas visuales más interesantes del film.

Hemos visto cientos de thrillers como Adiós que vienen de Hollywood, pero precisamente por ello, por ser un género tan codificado, es tremendamente difícil convencer al público. Paco Cabezas lo consigue.