En el año 2006, una comedia adolescente como Ella es el chico -dirigida por Andy Fickman– nos mostraba como una chica (Amanda Bynes) se hacía pasar por chico para jugar al fútbol, en una historia que pasaba de puntillas sobre cualquier elemento incómodo de la identidad de género o de una posible atracción homosexual: porque la protagonista, evidentemente, acababa ligándose al guapo de turno (Channing Tatum). En 2019, Adam es una comedia indie que sitúa su acción precisamente en el año 2006. Su premisa, como uno de los personajes de la película llega a reconocer, es retorcida: Adam (Nicholas Alexander) es un adolescente, tímido, virgen y salido, que se hace pasar por un chico trans para ligarse a la pelirroja -y lesbiana- Gillian (Bobbi Salvör Menuez). Esto ocurre cuando Adam entra en contacto con el entorno LGTBI de su hermana, también lesbiana, Casey (Margaret Qualley).

Ópera prima de Rhys Ernst, la película es una comedia de enredo costumbrista entrañable, un coming of age imposible en el que el protagonista no solo se inicia en el sexo y la vida, sino en la problemática de todo el espectro LGTBI: desde los gays y lesbianas hasta la transexualidad, pasando por todas las opciones posibles de follar con quien nos dé la gana. Un auténtico baño de consciencia, de tolerancia y de diversidad para Adam (y para el espectador). Lo más interesante de esta pequeña y disfrutable película, es la sana mirada irónica del director sobre el activismo LGTBI, y cómo esta comunidad puede ser también una cerrada y desconfiada con el ‘otro’, en este caso, el individuo cisgénero.