En la presentación de su película en el D’A Film Festival Barcelona, A Stormy NightDavid Moragas explica a través de la plataforma Filmin su predilección por el género de la comedia romántica, citando títulos como Notting Hill (1999) o La boda de mi mejor amigo (1997). Esta educación cinéfila seguramente obligaba a un adolescente Moragas a identificarse con las peripecias amorosas de Julia Roberts, o con el galán heterosexual de turno. Obviamente, ninguna de estas cintas refleja los sentimientos específicos que podría experimentar una persona del colectivo LGTBI. La ópera prima de Moragas, por tanto, es una respuesta directa a esta ausencia histórica de referentes para los gays, que rara vez se ven reflejados en la gran pantalla. Este es el gran valor de la cinta que nos presenta Moragas, que con honestidad y frescura nos habla de las dudas y de los conflictos de dos jóvenes -el propio Moragas y Jacob Perkins- atrapados en una casa en Nueva York, en una noche de tormenta. Rodada en blanco y negro, con una única localización y apenas tres personajes, los protagonistas se dedican a hablar y a hablar: a expresar sentimientos al estilo mumblecore. Hay tensión sexual, algunos momentos divertidos, pero, sobre todo, sinceridad, humanidad y otra visión de las relaciones de pareja, del amor y de la vida, que siguen siendo un vacío a llenar en la ficción actual. Necesitamos diversidad en la pantalla para poder entendernos mejor los unos a los otros.