Dice Álex de la Iglesia en el making of de 30 monedas que la serie representa la primera vez en su carrera en la que sus ideas -y las del guionista Jorge Guerricaecheverría– se han plasmado en la pantalla tal como estaban en el guión.

Y eso se nota. Porque la serie de HBO es puro goce para el fan del cine de género, del terror y del fantástico. Y lo que más se disfruta es esa libertad que han tenido estos autores para plasmar unas obsesiones patentes desde El día de la bestia (1995) que pasan por H.P. Lovecraft, John Carpenter, El exorcista (1973) y la iconografía más oscura y sangrienta de la religión católica -sobre todo la medieval-, y más referentes que seguramente se le escapan al que esto escribe.

Todos estos elementos aparecen en la serie cohesionados por el humor y el costumbrismo que son marca de estilo en la filmografía de esta pareja artística, a lo que hay que sumar el buen hacer de De la Iglesia detrás de la cámara y su capacidad para fabricar imágenes icónicas que se quedan en la memoria.

El argumento es puro pulp -en el desarrollo de la acción se nota la influencia de Perdidos– y la gran idea original es nada menos que convertir a los que tradicionalmente han sido los ‘buenos’ en aterradores enemigos. Esa iglesia católica invertida -las sotanas blancas, los alzacuellos negros- es una idea tan divertida como brillante. ¿No hay algo oscuro y tenebroso en los rituales de la iglesia, en los uniformes de curas y monjas, en el gore de las imágenes del martirio de los santos? Personalmente, uno de los mayores miedos que tuve de niño es que se me apareciera la Virgen, que para mí era tan sobrenatural y aterradora como un espectro.

Con todos estos ingredientes, 30 monedas es una de las ficciones en serie más entretenidas que he visto nunca. Y esos monstruos -mezcla de efectos especiales prácticos y digitales- son una maravilla.

30 Monedas arranca con un primer episodio que es, básicamente, un largometraje -de más de una hora de duración- que supone una nueva incursión de Álex de la Iglesia en un terreno que conoce de sobra y en el que mejor se maneja: el fantástico de la ya mencionada El día de la bestia (1995) o de Las brujas de Zugarramurdi (2013).

Y ojo porque mi sensación es que el director se toma su historia -firmada con su guionista habitual, Jorge Guerricaechevarría- con más seriedad que nunca. El humor, siempre costumbrista, es mucho más sutil, en favor de una voluntad clara de hacer terror: el inquietante parto de una vaca que da a luz a un bebé humano; la tremenda interpretación de Carmen Machi como una madre poseída; la espeluznante criatura que acaba suelta por las calles del pueblo segoviano.

El arranque del episodio es de tebeo, con una especie de zombie disparando tiros a todos el mundo para robar un extraño objeto, controlado por un misterioso cura (Francisco Reyes). De la Iglesia nos asombra con su mezcla de terror fantástico y costumbrismo autóctono -ese alcalde de pueblo, Paco (Miguel Ángel Silvestre) controlado por su ambiciosa mujer, Merche (Macarena Gómez) e introduce a un personaje que puede ser antológico, el padre Vergara, un cura boxeador -y fumador- que interpreta Eduard Fernández, cuya presencia, y mirada, llenan la pantalla.

El Mcguffin argumental, esas 30 monedas que recibió Judas como pago a su traición, es digno de Indiana Jones.

En el segundo episodio, 30 monedas se revela como ‘la película de terror de la semana’. Álex de la Iglesia, al que intuimos pasándoselo muy bien, crea una historia sobre güijas, posesiones, y sacerdotes malignos capaces de comunicarse espiritualmente.

Hay ideas maravillosas, como la capacidad de la adolescente, que ha estado ‘al otro lado’, de ver el aura de la gente y predecir sus muertes. Cine fantástico, de terror y gore, todo en uno, y en una serie de televisión.

El espejo es un estupendo capítulo que profundiza en la mitología de la serie, cada vez más clara, pero que además introduce un elemento episódico que marca el argumento central, el espejo que aparece en el título. En el cine de terror hay más de una superficie reflectante maldita y aquí Álex de la Iglesia y Guerricaechevarría demuestran conocer bien el género evitando que la historia suene a ya vista. El dichoso espejo crea situaciones inquietantes y un jump scare en toda regla. Pero además, el guión brilla por el mencionado sentido del humor soterrado, muy sutil: el accidente que sufre el farmacéutico mientras lleva una tarta de bodas; el fotógrafo del pueblo que manda a sus clientes al Mediamarkt; la iglesia vacía del padre Vergara, mientras todo el pueblo se divierte en una hortera boda por lo civil.

Recuerdos es otro buen capítulo, que se convierte en una muy interesante entrega sobre exorcismos, sobre el demonio y que desvela muchos de los misterios de 30 monedas, enganchándonos inevitablemente.

La exploración del pasado del padre Vergara, nada menos que en el Vaticano, y el descubrimiento del que es el gran villano de la función, el Cardenal Santoro, estupendamente interpretado por Manolo Solo. Atención a la reflexión sobre la naturaleza de Dios, del Diablo y sobre el determinismo ¿Tiene el ser humano libertad de elección? Esa es la clave argumental de 30 monedas.

Estupendo episodio El doble, con un inquietante Víctor Clavijo como el marido misteriosamente revivido de Elena, y María Jesús Hoyos como una fantástica bruja con poderes muy curiosos y terroríficos. Aparece además un monstruo que es un delirio ochentero entre Lovecraft y La cosa de Rob Bottin. Acción, terror, suspense y ese toque costumbrista, de España profunda, de crónica negra, que protagoniza Paco Tous.

Guerra Santa es una entrega que se ocupa de hacer progresar las tramas abiertas, lo que no significa que deje de aportar sorpresas: el padre Vergara en Alepo; la secuencia de sueño en un supermercado con las tres vecinas cotillas verdaderamente diabólicas; el cardenal Santoro cada vez más inquietante en el uso de sus extrañas habilidades; la prueba de que Álex de La Iglesia rueda los polvos como nadie; más acción con otro ‘zombie’ misterioso; la aparición de dos nuevos personajes -quizás, gratuitos- y una secuencia estupenda con Antonio -magnífico Javier Bódalo– haciendo de Renfield.

La caja de cristal es un entretenido juego que busca reunir a todos los personajes -desperdigados durante la trama- de nuevo, en el pueblo donde todo comenzó, en clara preparación para un gran final. Todo el pueblo se queda, literalmente, embotellado en Pedraza a la espera del desenlace. Y vaya desenlace.

El último episodio de 30 monedas supera los 60 minutos de duración y salta en el tiempo a una nueva situación: esa ‘contra iglesia’ que dirige el Cardenal Santoro se ha apoderado del pueblo, y el trío formado por el padre Vergara, el alcalde Paco y la veterinaria Elena, forman una especie de pequeña resistencia.

De la Iglesia y Guerricaechevarría ‘cierran’ las tramas que han abierto, aunque sin condenar del todo a sus personajes a finales monolíticos: podemos tener esperanzas de una segunda temporada. Y sobre todo creo que los autores están más interesados en ofrecer nuevas ideas -el conjuro de Vergara para controlar a una paloma: la mejor forma que he visto de justificar los siempre presentes planos aéreos desde un dron de la ficción actual-, imágenes sugestivas -Paco corriendo por los tejados el pueblo-, acción -esa pelea a lo Sam Raimi entre Paco y la anciana milenaria convertida en araña- por no hablar de las fantásticas escenas del ritual de Santoro, con esos extraños símbolos, los corderos crucificados, las cabezas de los cerdos.