Wallis Bird, “Woman” (Caroline, 2019)

La artista islandesa publicaba el año pasado su disco más político.

Se llamaba Alan Kurdi, era un refugiado sirio y tenía tres años. Aquella foto de su cuerpecito inerte en la costa turca se convirtió en la imagen que terminó por sacudir conciencias y por despertar una mezcla de indignación y frustración global ante una crisis migratoria aún no resuelta. Ese tipo de indignación ante ese y otros muchos problemas activos son los que han movido a Wallis Bird para crear su sexto disco. A Kurdi le dedica esta irlandesa afincada en Berlín ‘As The River Flows’, el tema de apertura, pidiendo a otros millones de niños y adultos como él que corran «a la tierra, al mar, a la seguridad, a la seguridad», pare seguidamente girar su mirada hacia el resto de nosotros: «¿A qué le tienes miedo? ¿No eres lo suficientemente valiente? Un niño ha perdido a su familia, ha perdido su vida. ¡No mires hacia otro lado!».

Eso es justamente este disco, un mirar a los ojos al lado más terrible de lo que nos rodea, sin miedo a que esa claridad pueda ser vista como un signo de debilidad creativa, a que le critiquen de buenismo, y que pueda ser carne de parodias como las que le dedican a su compatriota Bono. No hay peligro de eso, al menos para quien les escribe estas líneas, porque Bird lo acomete desde la honestidad, y porque lo cierto es que el panorama anda tan feo que no nos sobran artistas que decidan dedicar sus esfuerzos a convertir la repulsa moral en poderosas canciones protesta.

Así, Trump tiene el honor de ser el protagonista de ‘Grace’, una de las mejores piezas de este trabajo («El hombre no puede construir un muro solo con agujeros de bala»), mientras que el delicado cierre en forma de plegaria coral en ‘Repeal’ esconde una potente mirada sobre el aborto, basada en los sentimientos encendidos durante el referéndum al respecto convocado en Irlanda en 2018.  El último minuto de la canción es una explosión de júbilo que incluye los sonidos de la celebración de quienes apoyaban el derecho de elegir tras conocer el resultado favorable de la consulta. Es la mejor manera que tiene Bird de darnos su mirada más luminosa y decirnos que, por muy mal que pintan las cosas, siempre hay razones para la esperanza, sobre todo si se lucha. 

Y para luminoso, el groove de ‘Salve’, una infecciosa composición funk en la onda del ya añorado Prince, con crítica incluida a nuestra relación con las tecnologías («Atrapada en una red, adicta a estar conectada»), o el espíritu de ‘Woman Oh Woman’, esa sentida tonada entre el soul y el gospel que inspira el título del disco a modo de apología de todo tipo de feminidad.

Aunque las letras son las protagonistas, Bird reafirma aquí su seguridad como artista y como creadora de ambientes (ella se encarga de componer y coproducir las diez canciones, además de interpretar muchos de los instrumentos). En un territorio musical en el que es difícil destacar, porque la competición es fuerte, Bird ofrece sus mejores cartas para consolidar una personalidad propia y muy atractiva.

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