Todos quieren a Daisy Jones, Taylor Jenkins Reid (Blackie Books, 2020)

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¿Sigue emitiéndose el programa Behind the music? Aquella longeva serie de documentales musicales del canal VH1 que diseccionaba —de forma estandarizada y comprimida— la carrera de bandas y artistas del rock y pop, con especial incidencia en sus momentos cumbre y más bajos, a base de entrevistas fragmentadas con sus miembros y entornos. Pues ahora imaginad que ese programa se convirtiese en novela, espídica, oral e hiperadictiva, sobre una banda ficticia de rock, corrijo, la que pudo ser «LA BANDA» ficticia de rock de los 70. Eso es Todos quieren a Daisy Jones de la norteamericana Taylor Jenkins Reid, un fenómeno editorial que desembarca en nuestro país gracias a Blackie Books

Un millón de lectores. Bestseller del New York Times y el Sunday Times. Seleccionado por el Washington Post, Esquire y Glamour entre los mejores libros de 2019. Traducido a 16 idiomas —aquí en manos de Lucía Barahona, garantía absoluta—. Y serie in the works para Amazon —no todo podía ser bueno—, dirigida por Reese Witherspoon y con «la nietísima» de Elvis y Priscilla Presley, Riley Keough, en el papel de Daisy Jones. Esa es la dimensión del incontestable hit literario de Jenkins Reid, autora comercial con siete novelas publicadas desde 2013 y creciente éxito —The seven husbands of Evelyn Hugo, aparecida en 2017, ya le valió reconocimientos y una próxima adaptación audiovisual—, que antes de dedicarse a la escritura desarrolló su carrera en la producción cinematográfica, así como en la enseñanza secundaria. 

En la estela de ese Behind the music en prosa, Todos quieren a Daisy Jones narra el meteórico ascenso y abrupto desenlace de Daisy Jones & The Six —título original del libro—, efímera formación que unió los talentos de la banda liderada por los hermanos Billy y Graham Dunne, junto a la prometedora joven Daisy Jones. Ciñéndose con gracia a la estructura oral de ese supuesto documental biográfico, haciendo de las múltiples voces —miembros de la banda y sus entornos— el vertiginoso motor de la obra, Jenkins arranca su obra narrando los inicios de ambas singladuras. La sólida pero limitada carrera de los Six, combo de rock clásico cuya cabeza visible Billy lidia con la tortuosa rehabilitación de sus adicciones, que amenazan seriamente su matrimonio. Y la más que titubeante, aunque magnética trayectoria en solitario de Daisy, una groupie peligrosamente kamikaze —más yonqui que Keith Richards y Keith Moon juntos— y rebelde con mucho que decir. 

Una gira conjunta y una primera colaboración en forma de exitoso single precipitará su destino común. Serán apenas tres años de Daisy Jones & The Six, de 1976 al 12 de julio de 1979 en Chicago, cuando el grupo se separó en plena gira, en los que habrá de todo: megaestrellato, un disco esencial, Aurora, una conflictiva relación amor-odio de su dúo protagonista, gravísimos problemas de adicción, varias historias paralelas entre el resto de miembros de la banda —amoríos, envidias, miedos, frustraciones—, escenas de desmadre en la mejor tradición hedonista del rock ’n’ roll, magia creativa en la composición de un cancionero destinado a la eternidad y conciertos inolvidables. No hay tiempo para aburrirse en Todos quieren a Daisy Jones.

Además de haber pergeñado una novela que es un prodigio de ritmo, el mérito de Jenkins Reid con Todos quieren a Daisy Jones es el de apegarse fielmente a un formato harto singular que, en principio, no le permite demasiadas florituras literarias. Pero, a cambio, proporciona un dinamismo sin parangón —esas contradicciones acerca del mismo acontecimiento dependiendo del entrevistado dotan al relato de una viveza extraordinaria— y focos de interés constantes a su historia, que atrapa al lector irremisiblemente. ¿El resultado? Es sencillamente imposible abandonar este libro una vez comenzado.

Eso sí, hay que advertir que Jenkins Reid ha creado un artefacto literario apto para todos los públicos —no es un reproche, sino una forma de situar sus «coordenadas»—, incluso blando atendiendo a la visión respecto al matrimonio o la posibilidad de redención. Y es que, por mucho que haya drogas, alcohol, sexo furtivo y ese contagioso espíritu rocanrolero, Todos quieren a Daisy Jones no tiene nada que ver con la orgiástica vida en la carretera de Led Zeppelin. Tampoco indaga en la resaca posthippie de la escena angelina, ni se sumerge en la confusa y drogota escena contracultural, con Jenkins colocando a sus personajes en una retahíla de lugares comunes —Chateau Marmont, el Whisky a Go Go, Laurel Canyon— tan solo para favorecer su reconocimiento. Jenkins no está interesada en explorar el «lado oscuro» …

En ese sentido, Todos quieren a Daisy Jones está más próxima a la línea amable de Casi famosos, lo que no es para nada mala referencia: entrañable, icónica —«Tiny Dancer» en el bus—, enteramente disfrutable. Al igual que la película de Cameron Crowe, Taylor Jenkins Reid ha logrado hilvanar una suerte de imaginaria biografía musical donde la sombra de Fleetwood Mac es alargada —Daisy Jones es un claro trasunto de Steve Nicks, y Aurora un nada disimulado remedo del convulso y mítico Rumours— tan entretenida y bien armada que uno no puede dejar de recomendarla. Deseando ponerle banda sonora…