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Crítica: Vamos a por Guti, en el Versus Teatre.

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A veces la desesperación, la frustración y el desencanto por la rutina que nos acucia hacen que tengamos ideas descabelladas para, así, convertir nuestros sueños en realidad. Pues bien, realizar sus fantasías es precisamente el objetivo de los protagonistas de Vamos a por Guti, el nuevo espectáculo del Versus Teatre que cuenta la historia de cuatro jóvenes perseguidos por el infortunio que deciden secuestrar a José María Gutiérrez, Guti (entonces jugador del Real Madrid), con la intención de ganar una apuesta millonaria en internet.


En el pequeño escenario del Versus Teatre se dan cita tres personajes. Están nerviosos, muy nerviosos, porque se enfrentan a una noche decisiva en sus vidas: pretenden secuestrar a Guti antes de que empiece el partido decisivo entre el Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona. Pero para lograrlo falta un cuarto socio que se retrasa. Inevitablemente el nerviosismo se apodera de ellos hasta que, por fin, llega el muchacho; a partir de ese instante el grupo deberá discutir cómo encarar la situación para lograr su objetivo y salir airosos de ella, aunque nada será tan fácil como habían previsto.

Tras el llamativo título de Vamos a por Guti se esconde la historia de unos personajes desencantados con el rumbo que, sin remedio, han tomado sus vidas: los cuatro son trabajadores de una inmobiliaria que, hartos de sus miserias y de soportar a un jefe prepotente, deciden invertir todos sus ahorros para ganar una apuesta de internet que da como triunfador del encuentro al equipo madridista; con todo, y para favorecer su suerte, deciden retener a (¿la estrella?) Guti durante una noche. El resultado de este disparate es una obra tragicómica en la que el público reirá, sí, pero también reflexionará sobre la dramática realidad que lleva a cada uno de los muchachos a buscar una solución desesperada.

La obra, firmada por la joven compañía Projecte NISU, muestra la incapacidad de la sociedad actual para conseguir ser feliz, una historia que se presenta sin apenas escenografía (cuatro sillas y una mesa), una austeridad que hace que los personajes parezcan más desvalidos todavía. El punto de partida es sencillo, pero el texto, con unos relatos con los que fácilmente se identificará el espectador, se explica de forma inteligente gracias a un curioso flashback que nos hará entender, ya al final de la representación, los primeros instantes de la obra, cuando uno de los protagonistas se dirige al público, moviendo los labios sin decir nada, mientras sus compañeros discuten tras él en un discreto segundo plano; en los últimos minutos la escena vuelve a producirse, pero ahora quienes repiten sus movimientos en silencio son sus compañeros, y será entonces cuando comprenderemos qué quiere compartir con nosotros.

En cuanto al título, no parece casual que se elija a Guti como víctima de esos cuatro fracasados: en los últimos años ha pasado a ser un personaje que ha ensombrecido al futbolista, fue una promesa que nunca completó una temporada excelente y cuya vida personal restó protagonismo a su calidad como jugador. Por todo ello Guti también podría formar parte de ese grupo de muchachos con unas expectativas difíciles de cumplir. Sin embargo el público no podrá evitar cuestionarse si secuestrarle será la solución para que pierda su equipo.

En Vamos a por Guti los protagonistas visten pantalón corto y lucen zapatillas deportivas, pero llevan la camisa blanca y la corbata corporativa de la inmobiliaria para la que trabajan, un complemento que los encadena a su empleo e incluso se ajusta a los cuellos de cada uno de ellos con tal fuerza que los asfixia sin remedio, unas corbatas de las que los jóvenes intentarán liberarse como paso previo para dejar atrás sus grises existencias.

Un punto de partida provocador, un texto inteligente, una puesta en escena imaginativa y el descaro de sus protagonistas avalan Vamos a por Guti, una notable función que pondrá en entredicho la célebre sentencia del poeta: “Y los sueños, sueños son”.

"Vamos a por Guti" se representa en el Versus Teatre del 11 de noviembre al 11 de diciembre de 2011.

Dirección escénica: Nicolas Chevallier
Dramaturgia y codirección: Albert Boronat
Intérpretes: Albert Pérez Hidalgo, Sergi Torrecilla, Xavier Torra y Nicolás Carbajal
Escenografía y vestuario: Margherita Mantovani
Coaching: David Menéndez
Diseño gráfico: Montse Arranz
Gestión técnica y fotografía: Vanessa Tedejo Farré
Producción, diseño de luces y sonido: Projecte NISU

Horarios: de jueves a sábado a las 21:00 horas y domingo a las 20:00 horas
Precio: 16 €
Idioma: castellano
Duración: 1 hora

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