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Crítica: Un mes al camp, en el TNC.

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Hasta el próximo 10 de abril la Sala Gran del TNC programa Un mes al camp, de Iván Turguénev, otra oportunidad de disfrutar de un clásico ruso que navega entre los conflictos y desventuras provocados por el amor aristocrático y la esencia de una clase social rusa condenada al fracaso y a la propia extinción.


Últimamente parece que los grandes autores rusos se están haciendo con un espacio destacado dentro de la cartelera barcelonesa. A otros títulos ya representados esta temporada se suman tres obras de cuño ruso que coinciden este mes de marzo en los escenarios de la ciudad condal como son Gusev, Un conte de Txèkhov en el Espai Brossa y Tres germanes en el Teatre Lliure, ambas de Chéjov y la obra sobre la que versa esta crítica, Un mes al camp, de Iván Turguénev. Parece, pues, que los textos rusos mantienen toda su fuerza interior en un siglo tan moderno (incluso tan post-moderno) como el nuestro.

De la versión de Un mes al camp dirigida por Josep Maria Mestres y adaptada por Joan Sellent he de decir que es un ejercicio de preciosismo teatral que nos muestra la vida cotidiana de los miembros de una familia aristocrática que se regodea, por que puede, en su clase y en su situación histórica. La obra nos muestra un retazo del día a día de la nobleza rusa del siglo XIX que vive rodeada de la tranquilidad hogareña de su hacienda en un enclave rural paradisíaco. Tan solo un elemento externo a ella, el instructor del joven Kólia, podrá aportar una novedad significativa al día a día de la familia, dominado por la estancia en la casa y los juegos y diversiones propios de ella. Al ser una historia de la casa, doméstica, las protagonistas de la misma son las mujeres (hemos de pensar en que época está escrita la obra). Y por ello los hombres están ausentes de ella, o al menos aquellos que no forman parte del mundo de las mujeres de la casa.

El preciosismo de Un mes al camp es magnífico, y comienza con la construcción del escenario, como no podía ser de otra forma en una obra representada en el TNC. A ello se suma el vestuario y el trabajo de los actores y actrices. Un mes al camp es una obra hecha a medida para un personaje femenino principal, Natàlia Petrovna, la matrona de la familia, al que da vida Silvia Bel, personalizando el drama que representa para una mujer de la alta sociedad rusa del momento enamorarse de un jovencito que pertenece a una clase inferior. En la obra también destaca la actuación de la joven Vérotxka, que descubre la realidad del mundo en el que vive de la mano de su enemiga (en temas de amores) y su protectora. Magnífica, también, la interpretación de Carles Martínez en el papel del realista médico que está de vuelta de la vida y que desprecia a los miembros de la aristocracia que sin duda, piensa, también lo desprecian a él, como lo desprecian todo. Un auténtico portento interpretativo que le da a la obra un elevado toque de comedia.

Una trama de amores y desamores; una trama de cortapisas sociales que afectan a todos o a la mayoría de personajes. Una trama que nos habla de cómo se enfrentan al amor los diversos protagonistas de la obra, ya sea una mujer casada por conveniencia; un marido dedicado plenamente a la producción de sus propiedades agrícolas; un amigo de la familia con una profunda amistad y complicidad con la “ama” de la casa; un doctor práctico incluso en las artes del amor; una joven acogida en la casa... en resumen el amor romático.

Josep Maria Mestres ha querido mantener todo el clasicismo y romanticismo del texto de Turguénev, dándole a la obra y a las interpretaciones una fuerte carga de historicidad, hecho que no le permite trascender de su época y de su momento. En la actualidad, en un mundo donde el romanticismo y el amor caballeresco están extintos (si es que éste alguna vez existieron), si no es en el cine y en las novelas, el mundo que esbozó y pintó teatralmente Turguénev ya no existe. Por lo tanto Un mes al camp se convierte en una preciosa obra de contemplación, como un cuadro en un museo, del cual sentimos placer al mirarlo pero del que su realidad finaliza donde comienza el marco que da forma al cuadro.

Aunque no trascienda, aun así, Un mes al camp es en muchos aspectos un prodigio, una muestra más, y el TNC nos presenta varias cada temporada, de como se puede hacer gran teatro si se dispone de los recursos necesarios. Una gozada, pues, para aquellos que quieran vibrar con las finas cuerdas del amor romántico. Todo un obsequio para aquellos que gozan con lo que fue y que ya no es.

“Un mes al camp” se representa en la Sala Gran del TNC del 24 de febrero al 10 de abril del 2011.

Autor: Iván Turguénev
Dirección: Josep Maria Mestres
Traducción: Miquel Cabal Guarro
Intérpretes: Míriam Alamany, Sílvia Bel, Xavier Boada, Tilda Espluga, Robert González, Carles Martínez, Joan Raja, Hans Richter, Carme Sansa, David Segú y Diana Torné.
Escenografía: Pep Duran
Vestuario: Nina Pawlowsky
Iluminación: Ignasi Camprodon
Música original: Lluís Llach
Sonido: Jordi Bonet
Ayudante de dirección: Antonio Calvo
Producción: Teatre Nacional de Catalunya

Horarios:
miércoles y viernes a las 20:00 horas; jueves a las 17:00 horas; sábado a las 17:00 y a las 21:30 horas y domingos a las 18:00 horas.
Precio: de 14 a 33 €.
Idioma: catalán
Duración de la obra: 1a parte 1 hora y 35 minutos; entreacto y 2a parte 50 minutos.
Espectáculo recomendado a partir de 14 años


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