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Crítica: Ulls de bruixa

 

El Teatre Gaudí de Barcelona estrena Ulls de bruixa, una fábula a-temporal que nos habla sobre la historia, sobre Cataluña y sobre la vida de uno de sus bandoleros más famoso, Perot Rocaginarda.



Y la obra es una suma de todos esos elementos e incluso de más. La trama es algo compleja, aunque en el buen sentido de la palabra. Asistimos a una de las últimas noches que el bandolero Perot Rocaguinarda pasará en Cataluña antes de la concesión de su indulto en el año 1611 por parte de la Corona Española y su incorporación a los tercios españoles en Nápoles. Una noche que comparte con Claudia, que es al mismo tiempo su amante y bruja. Claudia le implora a Perot que no acepte el indulto, y para convencerlo comparte con el una visión del futuro, de un momento de su vida por venir en la que su propia hija, también bruja, atentará contra la vida de su padre.

Este es el argumento que nos presenta Joan Solana como estructura de la obra. Un episodio a-histórico y ucrónico de la vida del bandolero Perot Rocaguinarda. De esta forma varias esferas temporales estarán presentes sobre un mismo escenario. A través de la visión embrujada de Perot podremos ver que es lo que le ha pasado a cada uno de los personajes que forman parte de la historia, y como la responsabilidad, el deber y el compromiso han estado o bien demasiado presentes o bien demasiado ausentes.

La pieza nos permite reflexionar sobre la vida de personajes secundarios la mayoría de las veces, de personajes marginales y periféricos en cualquiera de las historias, en una representación donde los nombres de las personas ausentes tendrán casi más importancia que las que están sobre el escenario, donde el compromiso y la política, entendida como el poder y los intereses propios, llevarán a los protagonistas, como en una tragedia griega, a luchar sin ninguna esperanza de éxito contra sus vidas y su propio porvenir. Una semblanza a lo heleno que nos recordará el coro musical, que como un espíritu más, formará parte corpórea de la trama, y de los acontecimientos que la brecha temporal creada por la bruja Claudia ha permitido crear.

Seremos así partícipes de una aventura temporal, de unos acontecimientos que nunca pasaron, de un pasado a-histórico conocido, seguramente, por todos, que nos trasladará de forma “mágica” a la época de El Quijote o del propio capitán Alatriste. Aunque este será un viaje complicado. Un escenario desnudo, despojado de todo menos de los protagonistas, nos obligará a prestar demasiada atención a los diversos personajes y a sus palabras, y a adivinar, en algunos casos, quién es quién, y sobre todo, cuándo es quién. Demasiada tensión, posiblemente para los espectadores.

Aún así, la actuación coral es buena, en donde destacan las interpretaciones de David Marcé, de Roser de Castro y de una sorprendentemente graciosa Laura Pujolàs, que acompañada de la utilización creíble del vestuario nos ayudará a introducirnos en la trama y en la época, aunque esta, en verdad, nunca haya existido del todo.

Una buena proposición escénica para esta temporada de verano, que nos acerca, de una forma un poco “adulterada”, pero no por ello sin interés, a un pequeño episodio de la historia de Cataluña.

 

“Ulls de bruixa” se representará en el Teatre Gaudí Barcelona del 9 de julio al 2 de agosto de 2009.

Texto y dirección: Joan Solana
Música: Paco Viciana
Intérpretes: Aina Calpe, Roser de Castro, Laia Sorribes, Andrea Portella, Pep Muñoz, Jordi Cumellas, David Marcè y Laura Pujolàs.

Horario: Jueves y viernes a las 20:30 horas; sábados a las 18:30 horas y domingos a las 20:30 horas.
Precio: 16 €.

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