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Crítica: Truca un inspector, en el Teatre Goya

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Misterio a la vieja usanza. Eso es lo que desde el pasado 10 de febrero propone el Teatre Goya con Truca un inspector, de J. B. Priestley, una historia de suspense como las de antes, con una muerte, un inspector a cargo del caso y cinco sospechosos, todos ellos relacionados de un modo u otro con la fallecida, una pieza que llega a Barcelona de la mano de Josep Maria Pou, director y máximo protagonista de este inquietante relato, de una hora y media de duración, no exento de crítica social.
Inglaterra, 1912. En un majestuoso comedor victoriano una familia está de celebración: los Birling, una familia burguesa enriquecida gracias a sus negocios en industrias, festejan el compromiso de su hija Sheila con Gerald Croft, un enlace deseado por todos, y en especial por el cabeza de familia, un adinerado burgués que ambiciona emparentarse con la nobleza, toda una proeza en la clasista sociedad de principios del siglo XX. La velada transcurre con total naturalidad hasta la llegada del señor Goole, un inspector de policía que les someterá a interrogatorio por la muerte de una joven obrera que aquella misma tarde se ha quitado la vida, una atractiva muchacha que, en apariencia, nada tiene que ver con ellos. ¿O quizás sí? A pesar de utilizar la estructura de una novela de misterio convencional, lo cierto es que definir Truca un inspector como un texto exclusivamente policiaco no es del todo acertado: para comprender cuanto significa su argumento, un mecanismo tan sorprendente como perfectamente engrasado, debemos fijarnos en la época en la que se encuentra situada la obra, ya que J. B. Priestley, un socialista convencido, nos transporta hasta 1912, en concreto unos días antes de que zarpara el Titanic, en un momento de gloria para aquella sociedad económicamente bien posicionada que hasta entonces se creía infalible (el mismo Arthur Birling dedica encendidos elogios a la embarcación, a su parecer imposible de hundir); además, es preciso recordar que estamos unos años antes de la 1ª Guerra Mundial, una contienda que marcó el destino de la Europa contemporánea hasta la actualidad, que ya en esos momentos empezaba a mostrar síntomas de revolución, con huelgas en todo el continente. Priestley recrea en la familia Birling los defectos que, en su opinión, caracterizaban a las clases ricas, gente de doble moral, hipócritas preocupados por el qué dirán, temerosos de que un escándalo enturbie su inmaculada reputación, sin mostrar remordimientos ni arrepentirse de que, con sus actos, los menos favorecidos puedan salir perjudicados (como sucede a la fallecida, a quien un pequeño acto, en este caso protagonizar la huelga para pedir un aumento de sueldo, desencadena un desolador final), toda una crítica a la lucha de clases que al mismo Pou entusiasmó por su actualidad (hoy día siguen existiendo estas actitudes prepotentes a pesar de haber transcurrido un siglo), algo que le animó a representar la pieza sin actualizar su marco temporal. Sin lugar a dudas, el alma mater de este proyecto es Josep Maria Pou, quien no sólo encabeza el excelente reparto encarnando a ese fascinante inspector que irrumpe en la fiesta, sino que además se ha encargado de dirigir con firmeza la representación. Su mérito como director radica en que consigue controlar todo cuanto aparece en escena, desde la espectacular y lujosa escenografía (resulta admirable comprobar cómo el escenario del teatro se ha transformado en una mansión victoriana, cuidando incluso los más pequeños detalles) hasta la buscada sensación de irrealidad de su personaje, ayudado, eso sí, por unos extraordinarios efectos visuales (la lluvia cesa a su entrada y se reanuda a su salida, además de usar un inteligente juego de luces que se intensifica o se apaga según si él está en escena o no). Para esta ocasión Pou ha contado con un magnífico reparto en el que destacan por ser conocidos Victòria Pagès y Carles Canut (con este último mantendrá los enfrentamientos más interesantes, Canut con sus reacciones iradas e indignadas, Pou con su temple y sus pausas), pero en el que también encontramos a tres actores de poca experiencia en los teatros, tal y como es habitual en las funciones de este director, caracterizado por su habilidad a la hora de descubrir talentos jóvenes, y en esta ocasión cuenta con Ruben Ametllé como el rico Gerald Croft, Paula Blanco como la delicada y caprichosa Sheila Birling, y un debutante David Marcé como el alcoholizado y contestatario hijo de los Birling. Unas excelentes interpretaciones y un brillante argumento que combina misterio y crítica a la burguesía del momento avalan, así, la recuperación de un clásico que, incomprensiblemente, apenas se había representado con anterioridad en esta ciudad, y al que, a tenor del entusiasmo del estreno, se augura una larga y exitosa temporada en el Teatre Goya, lugar en el que seguirá en cartel mientras el público continúe asistiendo a sus representaciones. “Truca un inspector” se representa en el Teatre Goya del 4 de febrero al 27 de marzo de 2011. Dirección: Josep Maria Pou Autor: J. B. Priestley Intérpretes: Josep Maria Pou, Carles Canut, Victòria Pagès, Ruben Ametllé, Paula Blanco y David Marcé Escenografía: Pep Duran Iluminación: Albert Faura Sonido: Jordi Ballbé Vestuario: Nina Pawlowsky Caracterización: Toni Santos Horario: de martes a viernes a las 21 horas; sábados a las 18.30 y a las 22 horas y domingos a las 18.30 horas. FUNCIONES ESPECIALES 5 MAR a las 18:30 y a las 21:30 horas 7 MAR a las 18:30 horas 8 MAR no hay función 12 MAR a las 18:30 y a las 21:30 horas 19 MAR a las 18:30 y a las 21:30 horas 26 MAR a las 18:30 y a las 21:30 horas Precio: de martes a jueves 23 € y de viernes a domingo 29 €. Idioma: catalán. Duración de la obra: 1 hora y 30 minutos.
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