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Crítica teatral: Elevador, en Porta4.

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¡Nos negamos a crecer!

Si tú y yo, que aún no lo somos, decidimos inaugurar un espacio de convivencia, lo llamaremos “nosotros”. Y si el material con que lo fabriquemos se compone del furor sexual mal canalizado por nuestra aún incómoda adolescencia, por favor no unamos esfuerzos en un reducto hermético y aislado.


La Sala Porta 4 de Barcelona (y después de su presentación en el Espacio Cincómonos) instala en su íntimo escenario un ascensor los domingos por la tarde. En él, los actores Doru Talos (vulnerable macho de acero oxidable) y Oana Mardare (aguerrida amazona de porcelana) juegan como niños a ser adultos. Le llamarán “elevador” cuando, con el desconcierto entre ellos, se sientan multitud. Suplicarán que les deje salir para volver a su inmadurez en el mundo exterior. Pero deberán considerar seriamente el desafío de la madurez al comprobar la imposibilidad de abandonarlo.

La Compañía rumana 45Tallers encierra en ese cubículo escalofriantemente cotidiano los defectos y virtudes de la edad adulta sin que ninguno de nosotros, espectadores impotentes, se atreva a pulsar el botón de emergencia. Ante nuestra expectación, y a través de un soberbio ejercicio actoral (en el que solo funcionan las reglas de la frescura interpretativa, la riqueza de registros y la contundente verdad teatral), se expanden a sus anchas el temor a la comunicación, la crueldad de la sexualidad vacua, la dificultad de la tolerancia escatológica, la inutilidad de los instrumentos tecnológicos y la cobardía a la hora de apostar por los sentimientos.

Elevador

Todo ello, con el soporte de una dramaturgia firmada por Gabriel Pintilei en la que el ritmo de la narración es de una verosimilitud inusual por su equilibrio expositivo mediante la alternancia de momentos tensos al descubrirse los protagonistas obligados prisioneros con instantes en los que la emoción discurre por canales contrarios al esquematismo y se adentran sin temor en terrenos de honda humanidad.

El cuadro de mandos de este “elevador” manejado por Cristian Ban como director funciona con inusitada eficacia combinando la exquisita dirección de actores con el tratamiento del espacio sonoro muy integrado en la clautrofobia del ambiente al apostar acertadamente por un minimalismo casi imperceptible, y de la mano de un diseño de luces magnífico que intensifica los altibajos emocionales transitados por los personajes.

¡Qué miserables podemos llegar a ser los humanos cuando aceptamos nuestra negativa a sentir! ¡Qué amargo nuestro empecinamiento en reproducir las pautas de conducta socialmente aniquiladoras! Y qué pequeño el público cuando el escenario se agiganta porque en él nace el teatro.

SALA PORTA 4
Domingos de abril a las 19 horas

Autor: Gabriel Pintilei
Director: Cristian Ban
Actores: Doru Talos y Oana Mardare
Escenografía: Doru Talos
Traducción: Valentin Carpov

Duración: 70 minutos
Idioma: castellano
Género: drama
Precio: 12 € (taquilla)

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