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Crítica: Sopar amb batalla

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Quien más quien menos ha asistido alguna vez a una cena con amigos que, a pesar de las buenas intenciones iniciales y sin saber muy bien cómo ni porqué, se acaba convirtiendo en un completo desastre, con momentos de alta tensión que derivan en serios reproches y agrias disputas. Pues bien, eso es exactamente lo que sucede en el último espectáculo estrenado en el Versus Teatre, Sopar amb batalla, una cena de casi una hora y media de duración que inició sus representaciones el pasado 4 de noviembre.

Gracias a un excelente y meticuloso trabajo escenográfico, el Versus Teatre ha dejado de ser el pequeño teatro que todos conocíamos para convertirse en la acogedora casa (en concreto se ha transformado en el comedor y la cocina del hogar) de Cris y Dani, una joven pareja ilusionada con su futuro en común que se dispone a pasar una agradable velada con los amigos de ella. Poco a poco van llegando los invitados, las primeras copas, conversaciones banales, todo discurre con total naturalidad, hasta la irrupción de Rafa, el último en llegar. Su entrada, lejos de ser discreta, y con una broma que no será bien recibida por todos, provocará las primeras fricciones entre los jóvenes, desavenencias que dividirán el grupo en dos y marcarán sus destinos para siempre.

Sopar amb batalla es una historia de amistad, de amor, de traición, de violencia, de engaños y desengaños, de mentiras y verdades a medias. Jordi Casanovas, autor y director de esta “tragicomedia bélica” como él mismo la define, estructura la función en dos actos, con una primera parte cercana a la comedia costumbrista donde, a pesar de lo dramático de la situación, el exceso de sinceridad de los personajes y lo rocambolescas que resultan algunas escenas arrancan las carcajadas del público, mientras que en la segunda parte, y sin abandonar el humor negro, la historia evoluciona hacia un thriller de ritmo trepidante aderezado con elementos del gore más grotesco, y culminado por unos últimos veinte minutos donde la violencia se vuelve algo excesiva y caricaturesca. Por otra parte, Casanovas presenta un texto ideado con la misma precisión que un mecanismo de relojería suiza: los dos espacios diferenciados permiten que se representen acciones de forma simultánea, algo que requiere una perfecta sincronización entre los actores, y ello impide cualquier posibilidad de improvisación; además, para solucionar el primer conflicto que se les presenta, se genera otro, y éste último lleva a otro, y así, sin respiro alguno para el espectador, van encadenándose recriminaciones cada vez más importantes, afloran diferencias irreconciliables, surgen secretos que llevaban años guardados, la sinceridad se vuelve sangrante, y toda esa tensión conduce a los protagonistas, inevitablemente, a la batalla anunciada en el título.

Dividir el escenario en dos ámbitos claramente diferenciados permite a los siete amigos encontrar un refugio para cada uno de los dos grupos; de esta manera, es posible ofrecer, al mismo tiempo y con gran acierto, acciones tan surrealistas como trágicas, como cuando Rocío interpreta su fracasada (y divertida) canción mientras en la cocina se está viviendo una escena de un dramatismo brutal. A medida que avanza la historia, el encierro en la casa provoca en los jóvenes una desesperación que los trastoca, la fatiga y el desgaste emocional al que se ven sometidos hacen que pierdan cualquier indicio de racionalidad, y los siete actores (surgidos de la Escola Superior d’Art Dramàtic Eòlia), todos ellos con el mismo grado de protagonismo y compromiso con la historia, consiguen dar credibilidad a esa transición de la cordura a la locura con sus apasionadas interpretaciones.

Así, pues, sangre, sudor, lágrimas, muchas risas y una latente tensión que dejará clavado al espectador en su butaca son los ingredientes de esta magnífica cena que se sirve en el Versus Teatre: una extraordinaria propuesta para aquéllos que busquen algo distinto de lo que suele ofrecer la cartelera teatral actual.

"Sopar amb batalla" se representará en el Versus Teatre hasta el 12 de diciembre de 2010.

Dirección y dramaturgia: Jordi Casanovas
Intérpretes: Clara Moliné Xirgu, Rocío Arbona, Cristina Serrano, Georgina Latre, Dani Ledesma, Sergio Campoy y Rafa Delacroix
Iluminación: Rubèn Taltavull
Sonido: Abel Vernet
Caracterización: Myriam Tamisier

Horario: de martes a sábado, a las 21 h, domingo a las 19 h
Precio: 16 €
Idioma: catalán y castellano
Duración de la obra: 90 minutos


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