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Crítica: Solfatara, en la Sala Beckett.

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Aviso para espectadores: La personas somos como volcanes. Algunas entran en erupción. Otras permanecen inactivas por los siglos de los siglos. A la sazón, vamos a ponernos cerquita y así nos impregnaremos con sumo gusto de la lava escénica de la compañía “Atresbandes”. Porque su espectáculo (fraguado en Can Felipa de Barcelona, exquisitamente abrillantado en Birmingham y Kosovo y ahora de enhorabuena en la Sala Beckett) es vibrante, ocurrente y elegante.

Saben jugar en el espacio. Su entusiasmo es contagioso y, además, como tienen ese carisma difícil de encontrar, al instante de presentarse ya queremos irnos a su casa. Aunque poco después vayan a darnos con la puerta en las narices. A pesar de que la trama se agote a los pocos minutos. Tampoco es impedimento que alarguen algunos gags hasta la saciedad (de tanto oír hablar del milhojas, no solo lo olimos sino que se ha convertido en uno de nuestros platos favoritos; y la escena de la cena en la que los anfitriones no tienen nada que ofrecer a sus invitados nos proporciona una digestión ligera y deliciosa).

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Te estoy amando locamente pero nunca lo admitiré.

La historia es más o menos la de siempre: Si tienes pareja, no hace falta que te la cuente. Si no la tienes, tomarás apuntes. En cualquier caso, cuando entre tú (un Miquel Segovia dinámico, ágil, encantador) y el otro (Mònica Almirall versátil, sacando las uñas para sufrir después indefensa) se interpone tu subconciente (chispeante Albert Pérez Hidalgo, bajo un pasamontañas que no solo no reprime su talento cómico sino que la realza), emerge triunfal el triángulo amoroso más puntiagudo. Y en esta ocasión, además, las ganas de que nos lo claven.

Porque los tres actores se sitúan en estado de gracia casi permanente. Y se deslizan del desenfado a la tragedia, del humor absurdo a la violencia doméstica con una frescura muy inquietante. Sus manos se cruzan; sus labios se golpean; sus genitales se penetran; sus cuerpos son plural ejemplar cuando entran en contacto. Y nos inyectan una vitalidad poco habitual. Su expresividad gestual es casi milimétrica. Su discurso, preciso. Y la belleza que construyen (el momento en que uno de ellos toca un piano aparecido tras una cortina de humo es conmovedor), hermoso cráter al que nos asomamos generosamente.

Solfatara” se representa en la Sala Beckett del 8 al 26 de mayo de 2013.

Dirección, dramaturgia e interpretación: Mònica Almirall, Albert Pérez Hidalgo y Miquel Segovia
D
iseño de luces: Aitor Larrea

Horario: de miércoles a sábado a las 21.30 h; domingos a las 18.30 h
P
recio: 20 €; miércoles y jueves, 15 €
Duración: 1 hora

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