Publicidad

Crítica: Rigor mortis

Autor:

rigor_mortis

Día tras día la clase política del país se va distanciando del ciudadano de a pie; eso es algo que podemos comprobar echando una ojeada a cualquier periódico o noticiario, donde no dejan de aparecer informaciones que relacionan a los políticos, aquéllos que deberían estar al servicio del pueblo, con casos de corrupción cada vez más suntuosos. Por ello, era cuestión de tiempo que los sinsabores políticos protagonizaran una obra teatral, y el Teatre Condal la estrenó el pasado 15 de septiembre bajo el título de Rigor mortis, una comedia, de una hora y media de duración, sobre el egocentrismo de la clase política y lo alejada que se encuentra de las necesidades del resto de la sociedad.

Así, pues, el Teatre Condal ha dejado de ser teatro para convertirse, gracias a una acertada escenografía, en el tanatorio de Les Corts, el lugar donde coinciden, una vez muertos a causa de un desafortunado accidente, un prejubilado sindicalista, deslenguado, sin tapujos y con una exagerada afición al Betis, con un miembro de la clase política catalana, tan elegante como falto de escrúpulos, y cuyas ideas entroncan con la derecha más rancia. Con esta dualidad de caracteres, es fácil imaginar que el conflicto entre ambos está servido. Aunque todo empeorará cuando comprueben que no son los únicos finados en el tanatorio…

Rigor mortis
está estructurada en dos partes: en la primera, algo lenta y faltada de ritmo, nuestros dos principales protagonistas dan muestras de lo alejadas que han sido sus posturas a lo largo de su vida (y, como no podía ser de otra manera, también en la muerte seguirán defendiendo esas ideas enfrentadas). En esta parte de la obra se suceden los gags, fáciles pero efectivos, sobre la contraposición sindicatos-políticos, modelos que ambos simbolizan, y que les lleva a hablar de temas tan dispares como el fútbol, la religión, la corrupción, el dinero o la falta de él, o incluso el vestuario en su lecho de muerte, tan cómodo uno (con chándal de su equipo favorito para pasar la eternidad) como elegante el otro (con uno de sus mejores trajes para entrar en el cielo). En la segunda parte, con la aparición del resto de actores, la función abandona los aspectos más críticos para centrarse en el accidente que los ha llevado al tanatorio, tomando más la forma de una típica comedia de enredo e infidelidades, mucho más divertida, donde aflora la doble moral y nada es lo que parece, ni siquiera los funcionarios del más allá.

José Luis Martín es el autor y director de la obra, y su firma (no olvidemos que es uno de los fundadores de la revista El Jueves, publicación que se ha caracterizado a lo largo de su historia por disparar en todas direcciones, incomodando al poder en numerosas ocasiones) hacía suponer una mayor mordiente en Rigor mortis; lo cierto es que la obra es un mero reflejo caricaturizado de la realidad, ridiculiza sin ser sangrante a los políticos del “oasis catalán”, y, como en la vida misma, su moraleja es que, gobiernen unos u otros, izquierda o derecha, siempre acaba pagando la fiesta el mismo: el contribuyente.

Rigor mortis cuenta con un reparto lleno de caras conocidas y cuyas trayectorias profesionales están repletas de éxitos, encabezado por Miquel Gelabert y Pep Ferrer, quienes encarnan de forma acertada al jubilado bético y al político adinerado respectivamente, una extraña pareja que arranca carcajadas entre el público con ese enfrentamiento de ideas llevado al extremo; ambos son esenciales en el buen funcionamiento de la obra, ya que sus personajes son los únicos presentes en el escenario desde el primer instante al último, sin abandonarlo en ningún momento. Los acompañan Pere Ventura, en la piel del rival político de Ferrer, Maria Lanau, la elegante esposa de Ventura y cuyo papel en la obra es clave en el desarrollo de la historia, y Pep Miràs, el funcionario celestial con ganas de terminar el enredo para ir a comer.

En definitiva, Rigor mortis es una muestra más de lo fácil que resulta reírse de esa clase política que cada vez se encuentra más alejada de la realidad del ciudadano, una agradable comedia que es especialmente recomendable en estos tiempos tan amargos que vivimos.

“Rigor mortis” se representará en el Teatre Condal hasta el 21 de noviembre de 2010.

Intérpretes: Miquel Gelabert, Pep Ferrer, Maria Lanau, Pere Ventura y Pep Miràs
Autor: José Luis Martín
Dirección: José Luis Martín
Escenografía: Joan Jorba
Vestuario: Olalla Calvo
Diseño de iluminación: Kiko Planas
Producción: Vania Produccions

Horario: miércoles a las 21:00 horas; jueves a las 18:00 y a las 21:00 horas; viernes a las 21:00 horas; sábado a las 18:30 y a las 21:30 horas y domingo a las 18:30 horas
Precio: miércoles y jueves, 23 €; viernes , sábado y domingo, 29 €


To Top