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Crítica: Nunca estuviste tan adorable



El prolífico Javier Daulte, tanto en nuestro país como en Argentina, ha presentado dentro de la programación del Grec “Nunca estuviste tan adorable”.


Estrenada en Madrid el 15 de mayo pasado en el Teatro Valle-Inclán, es la versión española de la obra del mismo nombre estrenada en Argentina. Los personajes que aparecen en ella son muy conocidos por el mismo Daulte, ya que son la misma estampa que su familia por parte de madre. Son ellos a los que ha tomado como ejemplo recordando detalles de su juventud para rememorarlos sobre el escenario y compartir sus recuerdos con todos nosotros. Y esos recuerdos que nos hace llegar son tan divertidos como dramáticos en ocasiones, como no puede ser de otra manera en todas las familias. El grupo familiar está compuesto por su madre, su padre, su hermana, él mismo, una amiga de la hermana, una vecina y por último un personaje que se acopla a mitad de la representación, el futuro marido de su hermana. Este homenaje a su familia nos hace recordar pasajes de obras del teatro o del cine italiano, como pueden ser ese “Sábado, Domingo y Lunes” de Eduardo de Filippo, o películas de Ettore Scola como “La Familia”. La obra en conjunto se compone de dos horas de excelente teatro que con grandes notas de humor negro, y con unas ganas de locas de enredar a los espectadores,  convence desde el primer al último minuto. Daulte no ha querido transportar el universo de Buenos Aires al de nuestro país, más concretamente al de Madrid, ni siquiera cambiando a los personajes el léxico. Aún así el director ha colocado la historia de la acción en Argentina, dando detalles sobre lugares y cosas referentes a su infancia en aquel país. El director ha vuelto ha cosechar otro éxito en su carrera, al que ya se le van encadenando unos cuantos, desde “Ets aquí?” hasta “Cómo es posible que te quiera tanto”. Pero este éxito no es solo del director, también lo comparte esa excelente plana de actores que componen el reparto, empezando por la conocidísima Anabel Alonso, que creo debuta en los escenarios catalanes, haciendo de la madre que quiere controlar a todo el mundo, o acabando con ese Ruben Ametllé que se incorpora en último lugar y que hace el papel de Roly, el futuro marido de la hija. Cabe destacar sobre todo la presencia de Lourdes Barba haciendo de Marta, una vecina, que aunque al principio nos parece un personaje muy alocado, durante el transcurso de la historia toma forma y se convierte en el efecto más dramático de la representación. También cabe destacar los números musicales que protagonizan los personajes, como ese “My babe just care for me” de Nina Simone, que los dos hijos y la amiga de ellos dedican a Blanca (Anabel Alonso). Y ante un final trágico nada como sacarse de la manga uno mucho más feliz, y de la cabeza de Daulte la historia se reconvierte en otra, tipo “Sombrero de Copa” de Ginger Rogers y Fred Astaire. Todo el escenario se convierte en un increíble salón de baile donde todos los personajes se disfrazan y entran en un mundo idílico al que todas las familias quisieran pertenecer. Y es que todos, o casi todos, podemos sentirnos representados por alguno de los personajes, o en otros casos por algunas de las situaciones de la obra, pero lo que seguro todos querríamos es acabar como acaba “Nunca Estuviste tan Adorable”, un final de película.

Foto: Alberto Nevado



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