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Crítica: Molière’s 17,21


El pasado 20 de octubre se iniciaron, en el Teatreneu, las representaciones semanales de la obra Molière’s 17, 21, el montaje, de 1 hora y 20 minutos de duración, que reúne algunas de las escenas más divertidas de cuantas creó el célebre dramaturgo francés del siglo XVII.



Una silla. Una vieja silla es todo cuanto vemos en el escenario en el momento en que se ilumina, al inicio de la obra. Parece una simple silla vacía, pero nada más lejos de la realidad: en ella se encuentra el espíritu de Jean-Baptiste Poquelin, más conocido como Molière, uno de los grandes dramaturgos y actores del teatro universal, quien presidirá la representación, que no es otra cosa que un pretexto preparado por los espíritus de los actores que protagonizaron sus obras para rendirle un merecido homenaje, el cual se alargará 4 días, desde el 17 de febrero, fecha de su muerte, hasta el 21, día en que es enterrado (de ahí el título Molière’s 17, 21). Esta silla será, además, el nexo que unirá los fragmentos de las 4 obras.

Así, pues, este puzzle se divide en cuatro partes, fragmentos de las cuatro obras que se representan, y donde encontraremos a burgueses, pícaros, médicos (quizás una de las profesiones más vilipendiadas por el autor francés), enfermos, nobles, etc., todos ellos personajes que Molière empleaba para criticar a la sociedad pretenciosa, materialista e hipócrita de la Francia del siglo XVII (aunque bien podría tratarse de cualquier otro país y de cualquier otra época).

La primera parte es un fragmento de Las preciosas ridículas, donde dos mujeres de la burguesía francesa son pretendidas por dos supuestos nobles. Acto seguido nos encontramos con un fragmento de El médico a palos, obra que el maestro francés escribió estando enfermo, y que utilizó para cargar contra los médicos ignorantes; en ella encontramos la original manera que una mujer encuentra para vengar las humillaciones que recibe de su siempre borracho esposo. En la tercera parte se representa Las mujeres sabihondas, obra en la que el autor se ensaña con los falsos intelectuales ávidos de prestigio. En último lugar se representa El enfermo imaginario, obra que pasó a la historia porque en ella, interpretando el papel del enfermo protagonista, Molière sufrió el ataque que, unos días después, lo llevó a la muerte.

Esta obra es una magnífica oportunidad para encarar a un autor clásico, algo que, a menudo, puede producir algún que otro reparo en el espectador. Ni qué decir tiene que, siendo Molière el autor de las piezas representadas, las risas, o mejor dicho, carcajadas, están aseguradas, aunque no todo sea exclusivamente mérito del maestro: el oficio que los actores, algunos de ellos aficionados, demuestran en cada uno de los papeles que interpretan es vital para lograr que éste sea un divertido espectáculo. Y el mérito es mayor aún si se destaca que lo consiguen sin apenas escenografía ni vestuario acorde a la época (tan sólo vestidos de blanco riguroso y con el rostro pálido por el maquillaje).

"Molière’s 17, 21" se representó en el Teatreneu hasta el pasado 1 de diciembre, a la espera de encontrar nuevas fechas que, a tenor de la buena aceptación que tuvo entre el público asistente, seguro encontrarán.


Autor: Molière
Dramaturgia y dirección: Alain Chipot
Intérpretes: Ferran Font Benito, Diana Hermoso, Lluisa Aguilar, José Ignacio Ricarte, Alba Rubio, Miquel Prat, Carme Pidevall, Susana Calvera, Darío Marcos, Alain Chipot

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