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Crítica: Los hombres no mienten, en el Teatro Apolo.

Autor:

Los.hombres.no.mienten

Arturo Fernández
regresa al Teatro Apolo con Los hombres no mienten, una comedia de diseño clásico que aborda el espinoso tema de las confidencias y los secretos de pareja. ¿Es la sinceridad la base de la armonía conyugal?


No es casual que Arturo Fernández, responsable y director de Los hombres no mienten, nos presente una comedia donde predominan temas como la vida de pareja, los engaños amorosos y el peligro que comporta una excesiva sinceridad conyugal, manteniéndose fiel a una carrera profesional en el cine y en el teatro que lo asocian, de forma pronunciada, con la figura de amante donjuán con "pies de barro".

Los hombres no mienten persiste en este tipo de personaje y comedia a "lo Arturo Fernández" que ya pudimos disfrutar con La montaña rusa, obra que se representó en los teatros Condal (2009) y Apolo (2010) de Barcelona, y en la que Fernández lidió teatralmente con el decidido y enigmático personaje interpretado por Lidia del Valle. Su nueva propuesta sigue el esquema de la anterior, ya sea tanto en la estructuración de la trama como en la temática que analiza.

Pablo (Arturo Fernández), un maduro y afortunado hombre de negocios, y Silvia (Sonia Castelo), su mujer, regresan de una aburrida fiesta de trabajo. El cansancio de ambos y una mala elección de tema de conversación les lleva a enzarzarse en una discusión acerca de la fidelidad conyugal y la sinceridad. ¿Han sido ambos fieles a lo largo de sus 25 años de matrimonio? ¿Han tenido alguna vez alguna aventura? Una discusión que no puede llevar a nada bueno, aunque ya de antemano Pablo y Silvia han acordado que en nada afectará a su relación aquello de lo que hablen esta noche.

Sin embargo, el descubrimiento por parte de Pablo de que su esposa le ha sido infiel en una ocasión (él lo ha sido con ella hasta siete veces!!), seguramente con Luis (Carlos Manuel Diaz), un amigo de la pareja, le lleva a concebir un plan para confirmar sus sospechas: invitar a comer al sospechoso para así descubrir la verdad de todo el asunto.

Los hombres no mienten nos propone una reflexión en clave de humor sobre la pareja, la infidelidad y el amor. La representación nos es presentada como un menú de tres platos o escenas que siguen la clásica estructuración de un texto teatral. En la primera escena se nos presenta el problema. La discusión nocturna entre Pablo y Silvia que dará inicio a la trama. Un duelo dialéctico entre ambos que nos permitirá descubrir los secretos extraconyugales de los dos miembros de la pareja. La segunda escena, el nudo de la trama y en la que explota la comicidad de todo el asunto, se estructura como un vodevil en el que la hilaridad se apodera del escenario a lo largo del interrogatorio que Pablo realizará a Luis sobre la presunta relación que este ha mantenido con otra mujer. La tercera escena, el desenlace de la historia, nos lleva directamente a la moraleja, y a descubrir el por qué de todo lo que ha pasado, un motivo más para una reflexión humorística entorno a los dos temas principales desarrollados a lo largo de la representación: la fidelidad y la sinceridad.

La obra es un producto capitaneado y controlado por el propio Arturo Fernández: la compañía, que lleva su nombre, nos presenta una obra dirigida e interpretada, en su papel principal, por él mismo, por lo que está claro que está hecha, o mejor dicho, adaptada de un original escrito por Eric Assous, a su medida. Y está claro que en el género de la comedia conyugal de alto copete, donde la fidelidad, los secretos y los affaires sentimentales dominan, Fernández sabe lo que se hace. Conoce el producto, conoce al público (un público fiel de carácter generacional) y sabe como hacerle reír. Y en su comedia se ríe mucho, un claro ejemplo de ello es la escena del chiste que Luis es obligado a contar con las continuas interrupciones de Pablo. Seguramente el momento más hilarante de toda la obra.

Las interpretaciones son las idóneas para una obra como Los hombres no mienten. Poco más se puede decir de Arturo Fernández, que sigue estando genial interpretando a hombres maduros de buen ver con éxito con las mujeres y ampliamente capacitados para meterse en líos, ya sea mujeriles o de cualquier otro tipo. Sonia Castelo acarrea bien el peso humorístico y combativo de Silvia, la sufrida esposa de Pablo, dispuesta a hacerse valer. Y Carlos Manuel Diaz, que interpreta primero con desconcierto y más tarde con decisión el papel del supuesto tercero, nos demuestra, también, su validez en papeles de comedia. Un triplete de interpretaciones que se potencian unas a otras, y que conectan rápidamente con el público una vez que los dos actores y la actriz comparten escenario.

Los hombres no mienten, un título que en sí mismo encierra una mentira, nos vuelve a dirigir al mundo de la pareja y de sus problemas más espinosos, como son la infidelidad y la traición sentimental. Pero lo hace al estilo Fernández, con un humor y candidez propios del alma mater de la obra. Una comedia que solo pretende hacer reír, tanto de los sinsabores de los demás como de los nuestros, aquellos que llevamos en la cabeza a la hora de entrar en el teatro, y entre los que se mezclan la crisis, la familia, la amistad y puede que también la pareja. Aún así les aseguro que la temática tratada en la obra y las actuaciones de sus tres protagonistas les harán pasar un muy buen rato, siempre, claro está, que les apetezca el humor Arturo Fernández.

Para gozar de una "canita al aire" teatral...

"Los hombres no mientes" se representa enel teatro Apolo de Barcelona des del 18 de septiembre de 2012.

Autor: Eric Assous 
Adaptación: Juan José de Arteche
Dirección: Arturo Fernández
Reparto: Arturo Fernández, Sonia Castelo y Carlos Manuel Diaz
Producción: Jandro Producciones S.A.
Compañía: Arturo Fernández
Selección musical: José Luis Salas

Horarios: miércoles a las 21:00 horas; jueves a las 18:00 horas; viernes a las 21:00 horas; sábado a las 18:00 y a las 21:00 horas y domingo a las 18:00 horas.
Precio: de 14 a 25 €

Género de espectáculo: Comedia
Idioma: Castellano
Duración de la obra: 2 horas sin descanso
 

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