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Crítica: L’hort dels cirerers

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Hasta el próximo 9 de enero el Teatre Romea mantiene en cartelera L’hort dels cirerers, la versión adaptada por David Mamet y dirigida por Julio Manrique de la última obra teatral escrita por Chéjov, protagonizada entre otros por Mireia Aixalà, Montse Guallar, Ferran Rañé y David Selvas.

L’hort dels cirerers, que se estrenó el pasado 9 de noviembre, nos permite aproximarnos a la figura de Antón Pávlovich Chéjov, uno de los grandes dramaturgos rusos, y al país en el que se ambienta la obra, la Rusia zarista de finales del XIX y principios del XX. Y en ella se materializan las fuerzas sociales, económicas y políticas que estaban en liza en la época en el país, todas ellas filtradas a través de la fina y atenta mirada de Chéjov.

El argumento se sitúa en los últimos días de esplendor de una familia aristocrática rusa, la cual se ve atenazada por una inminente fallida económica de la que solo se podría salvar vendiendo las propiedades y la casa familiar. La familia regresa a sus posesiones después de una larga estancia en Europa, despreocupada ante el camino político y económico que ha tomado el país y sin la visión de futuro que podría mantener su estatus económico. Ante esta ceguera tan solo Lopakhin, un antiguo trabajador de la hacienda que ha avanzado social y económicamente con los nuevos tiempos, es capaz de visualizar una solución al problema, un remedio que chocará de pleno con la mentalidad aristocrática de la familia y cuya actitud la llevará a la ruina.

Chejov nos plantea en L’hort dels cirerers, una obra estrenada en el año 1904, el mismo en el que el dramaturgo moría a los 44 años de edad, un duelo entre dos concepciones de la vida y de la historia. Chejov intentó analizar en su última obra escrita para el teatro la sociedad en la que vivía y que estaba sometida a grandes cambios que acababan con ciertas formas de entender el mundo (la aristocracia) y daba alas a las nuevas y florecientes personalidades económicas que lo dominarían hasta la actualidad (la burguesía capitalista).

A través del retrato de una familia aristocrática rusa venida a menos Chejov nos muestra el mundo en el que él había vivido, y como éste tocaba a su fin. La familia es consciente de sus graves problemas económicos, pero su mentalidad no le permite enfrentarse a los nuevos retos y a los nuevos tiempos, hecho que les condena a la desaparición. Es aquí donde la casa familiar y el huerto de cerezos cobran vida como dos personajes más de la obra, dos losas que servirán para enterrar una época derrotada por el tranquilo e inquebrantable fluir de la historia. La nueva concepción del mundo la encarnará Yermolay Lopakhin, un antiguo trabajador de la casa, que tiene los medios mentales y económicos para hacerse con los símbolos del pasado, las propiedades de la familia, pero que aún así quiere ayudarla, y proponerles un negocio que les permita subsistir en la Rusia de principios del siglo XX.

El texto de Chéjov, aunque una comedia en su concepción original, se transformó ya desde sus primeras representaciones en una tragedia, que versaba sobre la historia de Rusia en los momentos previos a que grandes cambios se produjeran en el país y le llevarán a convertirse en la U.R.S.S., en el gran estado comunista que dominaría la historia del siglo XX en confrontación con los EE.UU. Es pues un análisis de un autor maduro y amenazado por la muerte sobre los cambios que sufría su país, donde la nobleza dejaba paso, en la necesidad de modernización de Rusia, a una burguesía que se afanaba en ocupar su lugar, tanto en la esfera económica como política.

La versión de Julio Manrique mantiene la obra en su envoltura más trágica. El toque decadente de la representación queda muy claro no solo en las actuaciones sino también en los símbolos y en las escenas. La charlas de la familia alrededor de los cerezos, de alta catadura pero inútiles para solventar su situación económica, o la fiesta de disfraces que se celebra justo el día en el que la hipoteca de la casa está en juego, nos muestra claramente la incapacidad de la nobleza rusa para imponerse a los nuevos tiempos, dominados ya por otros grupos sociales.

L’hort dels cirerers es una obra ampliamente coral, aunque en ella destacan algunos personajes como los dos hermanos herederos del apellido familiar (Montse Guallar y Ferran Rañé) y David Selvas, que interpreta a Yermolay Lopakhin, el único personaje de la obra que puede alzar la mirada sobre el fatal muro que condenará el futuro de la casa. Unas interpretaciones y una dirección (y un brillante acompañamiento musical también) que nos permiten observar el desgaste al que se ve sometida una casta que hasta entonces había dominado el curso de la historia no tan solo de Rusia sino también de toda Europa y que los nuevos tiempos la obligarían a situarse en un espacio secundario, casi de relleno, en el que se ha mantenido hasta la actualidad.

Una historia, pues, de Rusia, de la decadencia, del futuro y del pasado y de la marcha del tiempo, y de cómo los cambios se producen en la historia, no de golpe y de una forma rápida, sino a través de una lenta progresión que abre brechas en el entramado social, político y económico y que acaba arrollando todo lo que encuentra a su paso. Unos cambios que dejan atrás y en el olvido a muchos pero que favorecen a tantos otros y que permiten que la vida continúe casi de la misma forma aunque con algunos cambios en los ropajes y en los disfraces y en los titulares de las acciones y de los billetes.

“L’hort dels cirerers” se representa en el Teatre Romea hasta el próximo 9 de enero de 2011.

Autor: Anton P. Chéjov
Adaptación: David Mamet
Traducción: Cristina Genebat
Dirección: Julio Manrique
Intérpretes: Mireia Aixalà, Gemma Brió, Cristina Genebat, Montse Guallar, Norbert Ibero, Norbert Martínez, Sandra Monclús, Ferran Rañé, Xavier Ricart, David Selvas, Enric Serra, Oriol Vila, Marc Aguilar y Eneko Rodríguez
Escenografía: Lluc Castells
Vestuario: María Armengol
Iluminación: Jaume Ventura
Espacio sonoro: Damien Bazin
Caracterización: Ignasi Ruiz
Producción: Teatre Romea

Horarios: De martes a viernes a las 21:00 horas; sábados a las 18:30 y a las 21:30 horas y los domingos a las 18:30 horas.

FUNCIONES ESPECIALES DE NAVIDAD:
5 de enero no hay función
6 de enero a las 19.00 horas

Precios: De 17 a 28 €.
Duración de la obra: 1 hora y 50 minutos.
Idioma: catalán


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