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Crítica: Les tres germanes, en el Teatre Lliure.

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El próximo 3 de abril finalizan en el Teatre Lliure de Montjuïc las representaciones de la adaptación dirigida por Carlota Subiròs de la obra Les tres germanes de Chéjov, una oportunidad ineludible para explorar el alma humana y los sueños y los fracasos que nos mueven en nuestro recorrido a lo largo de la vida.

No puedo comenzar la crítica sin escribir un “Olé” para la programación del Lliure que esta temporada nos ha regalado ya con la representación de Celebració de Harold Pinter en la sala de Gracia y de L’Arquitecte en la sala de Montjuïc. Una programación que avanza y mejora con la obra que es objeto de esta crítica, Les tres germanes, una reflexión sobre lo humano hecha por Chéjov a principios del siglo XX. Una reflexión actual en aquel momento aunque actual también en la actualidad, sobre todo en un momento de crisis de valores y económica como la que vivimos.

Empezaremos, como es debido, por el principio, la trama. La historia nos conduce hacia la casa de la familia Prozorov, un año después de la muerte del patriarca, militar de carrera. Su fallecimiento ha dejado a cuatro hijos, tres hermanas y un hermano, un total de cuatro almas sin rumbo, sin una estela que seguir. Una familia sin sueños, o mejor dicho, con los sueños básicos e inalcanzables que les permiten vivir el día a día. El traslado a la capital, a la ciudad de Moscú, para iniciar una nueva vida; la voluntad de trabajar y abandonar una existencia triste y desocupada; la búsqueda de un amor apasionado fuera de un matrimonio venido a menos; dar clases en la universidad...

Acompañan a la familia otros personajes que también buscan y sueñan y que también se resignan solo a desear, a pensar en la felicidad: un oficial destrozado por un matrimonio malsano; un aristócrata que quiere abandonar el ejército y dedicarse, también a trabajar; un médico que ha olvidado todo lo que aprendió durante la carrera; un capitán enamorado, celoso y violento; una mujer que solo piensa en tener hijos y en apoderarse de lo que no le pertenece... Una suma de personajes que solo pueden desear, a los que les falta aquella pequeña parte del espíritu que nos hace seguir adelante y vivir. Que solo están capacitados para pensar y para hablar de un futuro mejor que ha de venir, pero que no cuenta con ellos.

Pues si, la obra nos habla de la vida, pero en este caso de un conjunto de vidas vacías y que no tienen la capacidad de llenarse. Saben lo que les falta, o creen saberlo, pero no saben qué hacer para conseguirlo. Chéjov nos habla del hombre, o mejor dicho, de las mujeres y los hombres, y nos plantea algo que es tan válido a principios del siglo XX como a principios del siglo XXI. Y por eso es universal y por eso es un clásico.

La trama nos obliga a tocar con nuestras manos el vacío del alma de todos y cada uno de los personajes de la obra, pero al mismo tiempo nos obliga a reflexionar sobre nuestros propios vacío. A través de la desgracia y de la incapacidad de los personajes de conseguir aquello que quieren y que nunca podrán tener, también pensamos en nuestro deseos, en todo aquello que hemos querido y queremos hacer y que solo muy pocas veces hemos alcanzado.

Chéjov nos traza un texto maravilloso que llega en algunos momentos a erizar el vello del cuerpo. Algunas de las frases que emanan de los protagonistas son maravillosas, con una cadencia y una textura que te obliga a ser consciente de ello. Pocas son las obras en las que el texto se alza sobre el escenario y se convierte en un protagonista más, que podemos ver y saborear. Les tres germanes consiguen este efecto y además, de una forma duradera.

A la perfecta conjugación de las ideas y de las palabras se suma una interpretación muy conseguida de todos los actores y de todas las actrices. Les tres germanes es una más bien obra coral, pero en la cual tienen un papel protagonista las mujeres de la familia Prozorov. Todo el drama se urde a través de ellas, de sus actos y de sus voluntades. Así, pues, para encarnarlas se necesita a grandes actrices de la talla de Roser Camí, Mia Esteve y Alba Pujol. El acertado contrapeso masculino nos lo ofrecen Pepo Blasco, Jordi Collet, Eduard Farelo, Víctor Pi, Bernat Quintana, Xavier Ruano y Ernest Villegas. Ellos son los hombres que acompañan a las protagonistas de la historia a través de una vida que cada vez se hace más difícil ser vivida. Todos ellos y ellas dirigidos con un estilo ágil, clásico y conciso de Carlota Subirós, que conduce una suma de interpretaciones acordes con el texto y con la época.

Todo ello se redondea con una escenografía brillante. Una gran habitación de la casa de la familia Prozorov, alargada, triste, monótona, que nos transmite, también, el estado de ánimo de los personajes y que solo las manifestaciones propias de las estaciones del año modificará en su grandeza también triste y alargada. Maravillosa la nieve que cae en el interior de la casa como reflejo de todo lo que pasa en ella.

Como habrán podido ver mi opinión sobre la obra es magnífica. El día que asistí a la representación de Les tres germanes disfruté como hacía tiempo que no disfrutaba en el teatro. Con un texto que reclamaba constantemente mi atención; con un acontecer espiritual de los personajes que me transportaba del escenario al patio de butacas, de la vida de los personajes a mi propia experiencia. Todo un regalo para aquellos que quieran disfrutar de una auténtica experiencia teatral y que quieran aprender un poco más sobre la vida y sobre uno mismo. Y si no me creen compruébenlo, aún disponen de algunos días, hasta el próximo domingo 3 de abril para gozar en el teatro, y lo que es más importante, para gozar CON el teatro.

“Les tres germanes” se representará en el Teatre Lliure Montjuïc del 9 de marzo al 3 de abril de 2011.

Autor: Antón Chejov
Dirección: Carlota Subirós
Intérpretes: Pepo Blasc, Roser Camí, Jordi Collet, Mia Esteve, Eduard Farelo, Víctor Pi, Alba Pujol, Bernat Quintana, Anna Sahun, Jordi Serrat y Ernest Villegas
Traducción: Miquel Cabal Guarro
Escenografía: Max Glaenzel
Vestuario: Marta R. Serra
Caracterización: Núria Llunell
Iluminación: Mingo Albir
Espacio sonoro: Oriol Roca
Sonido: Marta Folch
Producción: Teatre Lliure

Horarios: De miércoles a viernes a las 20:30 horas; sábados a las 18:00 y a las 22:00 horas y domingos a las 18:00 horas.
Precio: 25 € (miércoles día del espectador 16 €).
Idioma: catalán
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