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Crítica: La dona justa

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Amor, desamor, amistad, mentiras, traición, soledad. Éstos son algunos de los elementos presentes en La dona justa, la obra estrenada en el Teatre Borràs el pasado 21 de abril, una intensa historia de desencuentros que toma como referencia la novela escrita por Sándor Márai a mediados del siglo XX, y cuya adaptación para el teatro viene avalada por uno de los mejores escritores de la narrativa contemporánea, Eduardo Mendoza.

En un escenario prácticamente vacío, con apenas unas sillas y una butaca (donde cada actor espera paciente su oportunidad para hablar), tres personajes nos hacen partícipes de su drama, el drama que un día unió sus caminos para siempre: Marika, Péter y Judith monologan, cada uno a su debido momento, en forma de falso diálogo con unos supuestos interlocutores, para dar su versión acerca de la historia de amor y desamor que protagonizaron tiempo atrás, y de cuyas heridas aún no se han recuperado.

Dividida en 2 partes, con una primera algo más lenta que la segunda, justo cuando se desentrañan los secretos de todos los personajes, La dona justa se enmarca en un tiempo convulso, la sociedad de entre guerras, un momento clave para la población, pero en particular en esta obra veremos cómo afecta a la clase burguesa centroeuropea, representada tanto por el matrimonio protagonista como por el escritor amigo de la pareja. Con todo, el tema por excelencia sobre el que gira la representación son los sentimientos, y cuán complejos son: el error de buscar la felicidad a través del otro, cómo uno puede sentirse ahogado por el amor que le profesa la otra persona, los intentos desesperados por recuperar un amor perdido, lo desconocida que puede llegar a ser la persona con la que compartimos la vida, la importancia de la soledad…

La dona justa cuenta en sus filas con un reparto excepcional, sobrado de experiencia en los escenarios: Àlex Casanovas es el vértice de unión de este triángulo amoroso, con un matrimonio a simple vista perfecto, pero que tiene más fisuras de las que los protagonistas imaginan; Cristina Plazas seduce en el papel de la aparentemente frágil criada, una bella mujer con un halo de misterio que posee la llave del drama; Víctor Pi es el escritor burgués (¿acaso álter ego del mismo Márai?) amigo de Péter que ayuda a los protagonistas a abrir los ojos a la realidad que no quieren ver; y, por último, Rosa Novell, una de las grandes damas del teatro catalán, que aquí interpreta a la mujer engañada, en todo momento elegante aun cuando se derrumba su matrimonio, y cuyo sereno sufrimiento conquista al público desde el primer instante. El contrapunto musical al drama lo ofrece Oriol Algueró, presente en el escenario, encargado de ofrecer pinceladas de magistral virtuosismo con su excelente violín.

La escenografía ideada por Fernando Bernués y Edi Naudo es todo un acierto, la falta de mobiliario y la particular iluminación consiguen crear una atmósfera fría, desangelada, que nos traslada al gélido Budapest de la década de los 40 del siglo pasado. Además, Bernués sitúa tres grandes espejos presidiendo el escenario, espejos que son utilizados para proyectar imágenes, a modo de curiosos flashbacks, de los sufridos protagonistas.

Con esta adaptación, Eduardo Mendoza cumple el sueño de llevar a los escenarios la novela escrita por Márai, y su labor resulta más que convincente, consiguiendo mantener la estructura de la novela, algo que a priori podía resultar algo difícil a causa de la extensión de la misma, convirtiéndose en todo un lujo para el teatro catalán que su nombre se encuentre asociado a esta obra.

En definitiva, La dona justa nos ofrece una preciosa historia de soledad y sentimientos entrelazados, que resulta totalmente recomendable tanto por su delicadeza a la hora de abordar su difícil temática como por sus notables interpretaciones.

"La dona justa" se representa en el Teatre Borràs hasta el 27 de junio del 2010.

Autor: Sándor Márai
Adaptación: Eduardo Mendoza
Dirección: Fernando Bernués
Traducción: Eloi Castelló y Anna Soler
Intérpretes: Rosa Novell, Cristina Plazas, Àlex Casanovas, Víctor Pi y Oriol Algueró
Escenografía: Fernando Bernués y Edi Naudo
Iluminación: Xabier Lozano
Vestuario: César Olivar y Ángel Vilda

Horario: de miércoles a viernes, a las 21 h; sábados, a las 19 h y a las 22 h; domingos a las 19 h
Precio: de 22 € a 28 €


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