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Crítica: La casa de Bernarda Alba

 

El pasado 29 de abril la Sala Pequeña del Teatre Nacional de Catalunya (TNC) estrenó La casa de Bernarda Alba, una de las grandes obras de teatro de Federico García Lorca.


El estreno del TNC traslada a Barcelona el clásico del teatro español del siglo XX de forma magistral, en el que retrata la vida, la sociedad y las costumbres de la España anterior a la Guerra Civil.

La historia, conocida por todos, nos acerca a un pueblo español cualquiera, en el que la muerte y el luto se apoderan de la casa de Bernarda Alba después de la muerte de su segundo marido. De esta forma la tiranía, el autoritarismo de Bernarda y las costumbres más cerradas y sombrías de la época se apoderan de todos sus habitantes, incluyendo a sus cinco hijas, que resignadas, tendrán que hacer frente, cada una en su forma, a la vida y al estricto luto impuesto por su madre. La situación se complicará con la aparición de un pretendiente para la hija mayor, Pepe el Romano, cuyas visitas provocaran fuertes tensiones y enfrentamientos entre las hermanas y la dueña de la casa y el desafío de la moral establecida, encarnado en el trágico final de Adela, la hija menor.

Lorca legó en esta obra una visión clara de la España rural de su tiempo, en el que la rigidez de las costumbres, el clasismo, el miedo a lo que dirán los demás y el autoritarismo familiar quedan retratados como en una fotografía (no es por menos que los dos colores que predominan en la representación sean precisamente el blanco y el negro). La adaptación presentada en el TNC ha respetado mucho el clasicismo del texto y de la ambientación, haciéndonos presenciar el drama familiar y social de la familia envuelta en un mismo luto.
En la obra no aparece ningún hombre, aunque la presencia del sexo masculino es omnipresente. Serán las mujeres las que lleven el peso de toda la representación. Entre ellas, como no, sobresalen las interpretaciones de la veterana Núria Espert (Bernarda Alba), cuyo trabajo hace aflorar el sentido más animal y salvaje de la tiranía familiar; y de Rosa Maria Sardà que interpreta a una soberbia Poncia. Pero es a través de los sentimientos de las cinco hijas a través de las cuales Lorca encarna el drama y las contradicciones de una sociedad costumbrista y atrasada, que no son más que una imagen nuclear de la situación de España en su época, retrasada política, social y educativamente.

El TNC nos ofrece un ejercicio de erudición teatral e histórica, en el que veremos, como a través de un microscopio, el pequeño universo de la casa de Bernarda Alba. En esta observación se ha de subrayar, sin duda alguna, el impecable trabajo escenográfico, que ayuda tanto a situar al espectador en el interior de la casa como a proporcionar esa especie de fotografía en blanco y negro, y la presencia del luto abrumador e omnipotente, que se muestra a través de las vecinas ataviadas de ropajes negros, cuyo entrar y salir, oscurecen la vida de la casa y anticipan el trágico devenir de la obra.

En resumen, un clásico presentado de forma estremecedora y con un reparto magnífico, todo un homenaje a uno de los autores más importantes de la dramaturgia española del siglo XX.

"La casa de Bernarda Alba"
es una coproducción del TNC con el Teatro Español de Madrid, dirigido por Mario Gas y estará en cartelera hasta el 28 de junio de 2009 en la Sala Pequeña del TNC.

Dirección: Lluís Pascual
Escenografía: Paco Azorín
Música: Josep M. Arrizabalaga
Intérpretes: Núria Espert, Tilda Espulga, Almudena Lomba, Teresa Lozano, Marta,
Marco, Marta Martorell, Bárbara Mestanza, Montse Morillo, Nora Navas, Rosa,
Maria Sardà, Rebeca Valls, Rosa Vila.


Horario: Miércoles a las 20:00 horas; jueves a las 17:00 horas, viernes a las 20:00 horas, sábados a las 17:00 y a las 21:30 horas y el domingo a las 18:00 horas.
Precio: de 13 a 32 €.

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