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Crítica: Espai vital (Lebensraum), en el Teatre Lliure

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Para emocionarnos, no hacen falta las palabras. A menudo distraen y nos llevan caprichosamente por los vericuetos de la reflexión y hasta el examen de conciencia. Tampoco necesitamos conocer nuevas historias que nos alejen de nuestra predisposición a recorrer lugares comunes aparentemente ajenos.

Jakop Ahlbom lo sabe. Y pone todo su empeño de artista multidisciplinar en relajarnos a costa de construir y destruir una y otra vez un espacio mágico y vivo que aparece cada vez que se apagan las luces de sala y se desintegra suavemente al final del espectáculo.

El hábitat escénico de la tropa de Ahlbom desecha la lógica convencional. No se ofrece como lugar “para entrar a vivir”. Pero el surrealismo con el que está amueblado nos hace titubear. ¿Nos mudaríamos con ellos a protagonizar este cuento de amor a tres bandas entre dos inventores inseparables y una muñeca muy voluntariosa?

Lo vamos a pensar seriamente mientras asistimos admirados al despliegue de accidentes domésticos propiciados por dos mimos en combate continuo (payaso triste: el propio Ahlbom, impecable en su melancolía e implacable en su acrobacia; payaso alegre: Reinier Schimmel, estilizado moviéndose y estilista de la ingenuidad), desapareciendo con ímpetu por puertas y volviendo acto seguido (casi sin solución de continuidad) desde ventanas deliciosamente acogedoras.

La cosa no se detiene aquí: un baúl que les engulle después les escupe sin piedad al escenario. Las paredes giran, los muebles parecen no tener fin y sus moradores les hacen los honores enarbolando un ritmo trepidante, una agilidad elegante y la compenetración más inquietante. Cuando aparece en escena la tercera en discordia, llega el momento inexorable de creer en milagros: la muñeca (prodigiosa Silke Hundertmark) cobrará vida y al tomar conciencia de su nueva dimensión se integra maravillosamente en esa pareja de artistas silentes recalcitrantes. La coreografía entonces se torna en maravilla enloquecida. E impulsada por los dos narradores musicales que también poblaban la estancia (Leonard Lucieer y Ralph Mulder, casi fusionados con las paredes), el espectáculo es imparable. El venerable Buster Keaton, que bendecía a las criaturas desde el marco de un cuadro impávido, es finalmente sacrificado por el ritmo enfervorizado de las sorprendentes piruetas.

La ambigüedad de la historia (que mezcla sugestivamente episodios macabros con la luminosidad de la candidez de los tres protagonistas), aderazada con la música de Alamo Race Track, alternando acordes crepusculares con apuntes de pop “naïf” y promovida por un escenario repleto de recovecos para sobredimensionarlo constantemente, resulta alarmante:

Triunfó la capacidad expresiva visual. Y como quedamos boquiabiertos y sin poder articular palabra a duras penas nos escabullimos del patio de butacas al final del “show”. Por poco nos quedamos a vivir allí, en medio de ese extraordinario caos de talento exquisitamente canalizado.

Espai vital (Lebensraum)” se representa en el Teatre Lliure del 26 al 28 de julio de 2013.

Dirección y movimiento: Jakop Ahlbom
Dramaturgia: Judith Wendel
Intérpretes: Jakop Ahlbom, Reinier Schimmel, Silke Hundertmark, Leonard Lucieer, Ralph Mulder
Música: Alamo Race Track
Escenografía: Douwe Hibma y J. Ahlbom
Iluminación: Yuri Schreuders

Duración: 70 minutos
Idioma: espectáculo mudo

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