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Crítica: El retrat de Dorian Gray en el Teatre del Raval

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Hace poco más de dos semanas que el Teatre del Raval estrenó una nueva versión de la obra de Oscar Wilde El retrat de Dorian Gray llevada a cabo por La Companyia de l’Art, residente en la sala desde el año 2007.

Con el estreno de esta obra la compañía mantiene la línea de trabajo de adaptación de clásicos en lengua inglesa iniciada el año pasado con el éxito en la representación de Dotze homes sense pietat, de Reginald Rose. Ahora le ha tocado el turno a otro gran clásico de las letras inglesas como es Oscar Wilde, del que no se ha adaptado una de sus obras teatrales sino su novela más conocida, El retrato de Dorian Gray, escrita en el año 1891.

La trama de la novela/obra es de todos conocida: El joven y apuesto Dorian Gray queda maravillado por el cuadro que le ha pintado un amigo, Basil Hallward, y por la visión hedonista y clasista de la vida que defiende Lord Henry, amigo también del pintor, que influenciará la vida y el espíritu del joven Gray, que iniciará a partir de entonces una carrera hacia la degustación del placer individual y personal en la que todo lo demás se verá supeditado. Su vida, además, se verá afectada por un pacto con el diablo, una maldición que le asegura la vida (juventud) eterna mientras el cuadro pintado por su amigo Basil envejece y suma a su rostro las muestras de sus continuos vicios y pecados. Una maldición que ira minando su alma humana y su forma de entender y vivir la vida.

El retrato de Dorian Gray se convierte así en un análisis del comportamiento y de las ansias que mueven a las personas en la vida. Una obra que habla sobre el hedonismo y la búsqueda de los placeres que mueven a tantos, ya sea a finales del siglo XIX, cuando se escribió la obra, o en la actualidad, en la que el epicureísmo y el hedonismo, transformados las más de las veces en el consumismo, mueven los corazones de muchos. Y no solo este tema le proporciona actualidad a la obra. El culto al físico y a la belleza, a la eterna juventud, es otra de las materias principales del texto que Wilde modeló a la perfección dando forma a un lienzo que permitía al joven Dorian Gray mantener su belleza y juventud mientras la imagen del cuadro degeneraba y mostraba la realidad pérfida de sus actos.

El retrato de Dorian Gray es, sin embargo, una novela de difícil adaptación teatral. La Companyia de l’Art ha hecho un merecido y digno esfuerzo aunque no ha podido encajar toda la grandeza del escrito de Wilde. La acción de la obra se concentra en el salón del joven Gray, por lo que toda la trama que se desarrolla en la novela fuera de esta se hace invisible, y solo la conocemos por las conversaciones desarrolladas en el salón. Un espacio, por cierto, excelentemente reproducido con una escenografía y un vestuario que muestran un trabajo relevante.

A la representación le falta, si un caso, un poco más de energía y agilidad ya que parece más interesada en la trama que en el análisis del alma de Dorian Gray, por lo que el estudio de la belleza, del hedonismo, del egoísmo y del clasismo de la obra original no está todo lo presente que tendría que estar. En este aspecto el personaje de Lord Henry y la interpretación de Òscar Bosch son las que presentan más fidelidad a la obra de Wilde y le proporcionan a la obra, y al mismo Dorian, la batería de cuestiones y de debates socio-morales-espirituales que le guiarán desde la inocencia juvenil a la perversión adulta, una clara alusión a la malignidad a la que llevan los deseos y las pasiones humanas, al menos en un escritor y en una época como la británica de finales del siglo XIX.

La adaptación de La Companyia de l’Art también transita por el carácter sexual de la obra original y del autor. La homosexualidad de Wilde, conocida en la época y por la cual tuvo incluso que sufrir una reclusión penitenciaria, está presente en la adaptación teatral, en la que todos los personajes principales, y alguno de los secundarios, muestran sucintamente su opción sexual a través de sus palabras, de sus miradas y de sus gestos, un elemento clave para manifestar el deseo de romper con unas normas sociales cerradas e impuestas por una sociedad, la inglesa de finales del siglo XIX, opuestas en muchos aspectos, que no todos, con la situación que vivimos en la actualidad.

Las interpretaciones son mucho más que correctas, aunque dos destacan, a mi parecer, del resto. Una, como ya decía, la de Òscar Bosch, que hace de un esplendido Lord Henry, un noble cansado de su vida familiar y social fría e impuesta y deseoso de experimentar con sus placeres; la otra es la de Francesc Oller, que encarna al pintor amigo de Dorian con gran naturalidad y presteza.

Todo un gran reto para una pequeña compañía que nos deja claro su desenvolvimiento y su atrevimiento a la hora de adaptar grandes piezas clásicas del teatro, y nos confirma la voluntad de su directora, Empar López, de hacer cada vez más grande el Teatre del Raval, proponiéndonos una programación acertada, diversa y actual. El retrat de Dorian Gray es una buena oportunidad, pues, para comprobar que nuestras dudas, nuestros debates y nuestros valores no son tan modernos como creemos, y para reflexionar sobre dónde nos lleva nuestra locura actual de consumir todo lo que podemos, incluso a las personas, y de dedicarnos con cuerpo y alma a cuidar de nuestro físico, de nuestra belleza y de nuestra juventud, dejando en banda otros valores menos hedonistas y que son la clave, sin duda, para, al menos, superar la actual crisis económica mundial generada, no en pequeña medida, por todos esas ansias y apetitos que nos hacen, a veces, pactar con el “diablo” para conseguirlos y devorarlos.

“El Retrato de Dorian Gray” se representa en el Teatre del Raval desde el 13 de enero de 2011.
ESPECTÁCULO PRORROGADO HASTA EL PRÓXIMO 20 DE MARZO DE 2011.

Autor: Oscar Wilde
Dirección: Empar López
Adaptación teatral: Empar López
Traducción: Tamar Aguilar
Intérpretes: Sergio M. Alonso, Òscar Bosch, Francesc Oller, Joan Codina y Enric Cervera
Diseño escenografía: Marina Vives y Xavier García
Diseño de luces: Aurélie Raoût
Diseño de sonido: Cristina Rodríguez
Diseño de vestuario: Luna
Producción: Natàlia Olcina

Horarios: De jueves a sábado a las 21:00 horas y los domingos a las 19:30 horas.
Precio: Jueves 16 €; viernes, sábados y domingos 18:00 €.
Duración de la obra: 80 minutos.
Idioma: catalán.


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