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Crítica: El nom, en el Teatro Goya

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El nacimiento de una criatura siempre es motivo de alegría y felicidad, no solo para los futuros padres, sino también para el resto de la familia y los amigos más cercanos. Esta inminente llegada trastocará sus vidas desde el mismo instante en el que se haga público el embarazo: será el momento de escoger un nombre que sea adecuado porque marcará la vida del hijo, ya que, si la elección no está suficientemente meditada, el niño podría sufrir las bromas e, incluso, el desprecio de la sociedad. Pero, ¿qué parámetros marcan si un nombre es o no válido? Este es, precisamente, el punto de partida de El nom, la nueva comedia estrenada en el Teatre Goya Codorníu, un montaje dirigido por Joel Joan que adapta al catalán el texto escrito a cuatro manos por Matthieu Delaporte y Alexandre de la Patellière, y que llega a Barcelona con la intención de repetir el éxito con el que lo han premiado los espectadores franceses desde su primera representación.


Pere e Isabel forman un matrimonio estable y feliz: él es profesor de literatura en la universidad, ella da clases en un instituto, tienen dos hijos y viven en un acogedor piso del Born barcelonés. Hoy han organizado una cena étnica con Claudi –un músico de orquesta amigo de la pareja desde que eren niños–, Vicenç –hermano de ella, todo un triunfador que trabaja en el sector inmobiliario, siempre acostumbrado a ser el centro de atención allí donde va– y su pareja, Anna, embarazada de su primer hijo. El buen humor y las charlas banales del principio presagian una velada magnífica, esperando a Anna que, una vez más, llega tarde. Los minutos pasan y Vicenç, impaciente, no puede esperar más para compartir con el grupo el nombre escogido para su bebé, sin poder imaginar que la elección no será bien recibida por los demás, sobre todo por Pere, que lo considera de mal gusto, políticamente incorrecto, incluso lo ve como una provocación que no está dispuesto a tolerar y, así, inicia una fuerte discusión con su cuñado que tan solo será la chispa que encenderá un incendio devastador para todos los presentes.

A partir de este instante, la disputa por el nombre de la criatura quedará en un segundo plano para dejar paso a los reproches que cada personaje ha ido acumulando durante años: ha llegado el momento de decir las verdades, sacar los trapos sucios de los demás hasta ruborizarlos, verbalizar lo que siempre habían pensado para sí mismos; todos ellos mostrarán su parte más desagradable y beligerante sin mirar quien es el destinatario de las acusaciones, y la que iba a ser una cena entrañable se convertirá en el escenario en el que surgirán las miserias, las inseguridades y las frustraciones que, hasta esa noche, habían ocultado a los demás.

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Tres años atrás, Matthieu Delaporte y Alexandre de la Patellière escribieron El nom por diversión, una historia en la que las discusiones se vuelven cómicas a pesar de la vehemencia con la que los personajes defienden sus ideas; la obra se convirtió en un éxito rotundo e inesperado –visto por un total de 3 millones de espectadores–, y esto les impulsó a hacer la versión cinematográfica, aún en cartelera. Joel Joan escogió este montaje –en la traducción que ha hecho Jordi Galceran, quien adapta los gags originales a la idiosincrasia catalana– para debutar como director teatral, y la verdad es que supera el examen con buena nota, manteniendo la tensión y el ritmo frenético –a veces histérico– que la obra necesita.

El nom es una comedia coral con pinceladas vodevilescas, tan exigente como agradecida para los actores, ya que cada uno de ellos tiene su momento de gloria para reivindicar su personaje. El origen del conflicto hace que Joel Joan (Vicenç) y Xavi Mira (Pere) monopolicen buena parte de la discusión, pero muy pronto Lluís Villanueva (Claudi) deja su papel de contrapunto cómico de los cuñados para convertir-se en el objetivo de sus puyas, y la llegada de Mireia Piferrer (Anna) al piso resulta ser una bocanada de aire fresco, de espontaneidad y de incontrolable sinceridad que parece romper cualquier tipo de convencionalismo; sin embargo, es Sandra Monclús (Isabel) la triunfadora de la noche, posiblemente por ser su monólogo –ovacionado por el público– el último de todos, una réplica llena de rabia en la que se rebela contra el papel que la vida le ha otorgado sin que ella lo pudiera evitar, deseos e ilusiones que ha dejado aparcados por el bienestar familiar, una mujer cansada de que sus opiniones sean ignoradas constantemente y que, por fin, ha reunido el valor suficiente para exteriorizarlas y, así, dejar sin palabras a los demás.

Esta es, pues, mucho más que una agridulce comedia generacional: es un texto inteligente sobre la familia y la amistad que hará reflexionar al espectador, quien se identificará en un momento u otro con los protagonistas, pero que difícilmente tomará partido por un único personaje porque, en cierta manera, todos son víctimas de sus opiniones intransigentes. En resumen, este imprescindible montaje hará que nos lo pensemos dos veces la próxima ocasión que pidamos a los demás que sean totalmente sinceros con nosotros, y que nos lleva a pensar que el tiempo cura todas las heridas... hasta la próxima cena.

"El nom" se representa en el Teatre Goya Codorníu del 19 de octubre al 23 de diciembre de 2012.

Autores: Matthieu Delaporte y Alexandre de la Patellière Dirección: Joel Joan Adaptación: Jordi Galceran Intérpretes: Joel Joan, Lluís Villanueva, Xavi Mira, Sandra Monclús y Mireia Piferrer Escenografía: Joan Sabaté Vestuario: Míriam Compte Iluminación: Txema Orriols Sonido: Damien Bazin Caracterización: Toni Santos

Horarios: martes, miércoles, jueves y viernes a las 21:00 horas, sábado a las 18:30 horas y a las 21:30 horas, y domingo a las 18:30 horas Precio: de 28,50 € a 30,50 € Idioma: catalán Duración: Una hora y treinta minutos

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