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Crítica: El Mago de Oz. El musical, en el teatro Coliseum.

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Hoy finalizan las representaciones en el teatro Capitol de Barcelona del musical El Mago de Oz, espectáculo producido por MundiArtistas y que se estrenó el pasado 5 de marzo. Un musical para niños y para adultos, o mejor dicho para niños y para aquellos adultos que nunca dejaron, en su interior, de ser niños.

Seguro que la historia de El Mago de OZ es conocida por todos aquellos que estas líneas están leyendo, y que demuestran interés por el espectáculo musical. Un interés que seguro se verá premiado si ha visto o está decidido a ver el musical basado en la obra de Lyman Frank Baum llevada a la gran pantalla hace 72 años de la mano de la productora Metro-Goldwyn-Mayer. El Mago de Oz es una historia de viajes físicos e interiores. Un viaje a través del corazón de una niña (y de cualquiera de nosotros también), de sus miedos, de sus ilusiones y de sus realidades. Un viaje a través del alma humana (de niños y de no tan niños) y de una vuelva al hogar, a las raíces de cada uno de nosotros.

La historia da inicio (casi en blanco y negro) en un pueblecito de Kansas donde la jovencita Dorothy, que vive con si tía, desencantada de la vida, ya a tan tierna edad, parece que va a ser expulsada de coro de la institución donde estudia debido a su “mal comportamiento”. Su frustración y desilusión, pues piensa que su vida no vale la pena ser vivida, le impulsa a soñar con una vida “más allá del arcoíris” un lugar donde sus sueños se pueden hacer realidad. La llegada de una fuerte tormenta huracanada será el inicio de un viaje que la llevará directamente al lugar donde siempre ha estado soñando, más allá del arcoíris, las tierras de Oz. Una vez allí, Dorothy se dará cuenta de lo lejos que está de casa, de su hogar y de los suyos, y de que lo único que quiere es volver a su casa en Kansas. Para ello hallará en su camino de baldosas amarillas hacia la ciudad Esmeralda, donde vive el Mago de OZ, la ayuda de un espantapájaros sin cerebro, de un hombre de hojalata sin corazón y de un león sin valor, grupo que será perseguido y atormentado por la bruja del oeste, airada por la muerte de su hermana, la bruja del este, tras la llegada de Dorothy al mundo de OZ.

Como decía, son pocos los que desconocen la historia de El mago de OZ, convertida en un clásico universal tras su adaptación al cine en el año 1939 e interpretada en el papel de Dorothy por la jovencita Judy Garland. El mago de OZ es un cuento de hadas para los niños aunque también una historia dirigida al corazón de los adultos, a aquel rincón de su esencia que nunca ha querido crecer y dejar de soñar. Una trama que habla de los sueños, de lo peligroso que puede ser, a veces, su consecución, del bien, de la amistad y como no de la inteligencia, del amor y de la valentía. De todo aquello que vemos enorme y difícil cuando somos pequeños y que raras veces alcanzamos cuando somos mayores. El Mago de OZ también nos habla del hogar, de aquel lugar que cada uno de nosotros tenemos, también, en el corazón y que nos une no solo a todos los demás sino a un pedacito de tierra, ya esté éste en un pueblecito de Kansas, en un barrio cualquiera de una gran ciudad (léase algo como el desvencijado y olvidado barrio de Pueblonuevo en Barcelona), la plaza de un pequeño pueblo de provincias o las tierras cultivadas o los bosques de cualquier localidad del mundo. Unos lazos que no se pierden nunca y que por siempre jamás estarán allí, también, en el corazón de cada uno de nosotros.

De nuevo centrémonos en el musical. El Mago de Oz es un espectáculo que no explota su inicio, que tarda, al menos, media hora en remontar. Unos inicios algo flojos y repentinos (que no salvan ni si quiera el tema musical más famoso del espectáculo, Somewhere over the Rainbow) que van ganando enteros a medida que la trama se desarrolla y a las desventuras de la joven Dorothy se suman las aportaciones del espantapájaros, el hombre de hojalata y el león. La conformación del grupo protagonista le da a la obra todo aquello que necesita un espectáculo para niños: alegría, emoción, humor, acción… En este aspecto cabe destacar la caracterización de todos los personajes: la elasticidad a base de madera y paja del espantapájaros; la rigidez metálica y gestual del hombre de hojalata y la actuación felina del León. Un personaje, éste últim, que destaca, sin duda alguna, sobre todos los demás, dándole a la obra unos excelentes toques de humor cómico y musical y convirtiéndose, sin duda, en el mayor potencial humorístico de la obra. A esto hay que sumar la actuación en opuestos del bien (la hada) y el mal (la bruja del norte) fabricada desde un punto de vista sencillamente infantil.

Algo que devalúa, aunque solo sea un poco, el espectáculo es su escenografía totalmente minimalista, algo muy positivo para la producción y realización de un espectáculo en gira pero no tanto para la percepción del público, no olvidemos, en gran parte infantil, que se ven privados de la visión espectacular de un mundo de sueños. Los espectadores ven sus ansias reducidas a un escenario casi vacío, unas baldosas amarillas substituidas por un juego de luces, y por un enorme libro abierto que tan solo interactúa con los personajes con una simple pantalla. Un desarrollo del escenario que no permite hacer volar la imaginación de los chavales, y mucho menos la de los adultos, oxidada ya por años de realidad de tonos grises.

Aún así la alegría de El Mago de Oz es mucha: su historia, sus valores (entre ellos el amor, el valor y la inteligencia que todos llevamos dentro, aunque a veces cueste demasiado creerlo), sus canciones, su humor y su apelación al mundo de los sueños y de la magia. Y porque nos recuerda que no hay ningún sitio mejor que la familia y el hogar, y que por mucho que se le ofrezca a un niño no preferirá nada más que estar con aquellos que lo quieren y en el lugar donde ese amor se ha recibido. Y es maravilloso!!!

“El mago de Oz, el musical” se representa en el Teatre Coliseum del 5 al 13 de marzo de 2011.
ESPECTÁCULO PRORROGADO HASTA EL PRÓXIMO 27 DE MARZO DE 2011.

Dirección y libreto: Alber Ponce
Música: Alber Ponce, Vicente Pascual y Luis Bomati
Intérpretes: Oliveiro Satisfecho, Javier Muñoz, Zalo Calero, Marta Sam, Germán Ligara, Lucía Zubiri y Pilar Alonso
Productor ejecutivo: Vicente Pascual
Jefe Técnico y diseño de luces: Juan Manuel Sánchez
Técnico de sonido: Daniel García y Manuel Manzan
Utilería: Juan José Benito Arranz

Horarios: Viernes 25 a las 18:30 horas; sábado 26 a las 17:00 y a las 19:30 horas y domingo 27 a las 16:30 y a las 19:00 horas.
Precio: Niños 18 €; adultos 24 €.
Duración del espectáculo: 95 minutos.
Idioma: castellano.


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