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Crítica: Dos punkis i un vespino, en el teatre gaudí Barcelona.

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Se acerca la Nochebuena, un acontecimiento en el que es prácticamente obligado cenar en familia, en un ambiente de concordia y sin tener en cuenta las discrepancias entre cuñados, hermanos, etc. que durante el año los han separado sin remedio. Pero no todo el mundo vivirá esta noche en paz y harmonía: algunos huirán de los multitudinarios banquetes para celebrar la ocasión de una manera diferente, tal y como nos propone Dos punkis i un Vespino en el Teatre Gaudí de Barcelona, una historia navideña en la que cuatro personajes sin apenas nada en común se verán obligados a entenderse durante esta fría noche de diciembre.


En una gasolinera, perdida en medio de la nada, el empleado del turno nocturno duerme sobre el mostrador sin sospechar que aquella no será la noche plácida que anuncian los villancicos. Su tranquilidad se ve interrumpida cuando dos punkis entran en el establecimiento con la intención de pasar la noche allí, ya que la Vespino en la que viajaban no ha soportado la dureza del trayecto –ni el paso de los años– y los ha abandonado antes de llegar a la ciudad. El enfrentamiento entre los dos jóvenes y el trabajador, que no quiere problemas con sus superiores, irá en aumento hasta la aparición de una chica que, llorosa, también buscará refugio en la gasolinera.

Original y divertida, a ratos vodevilesca, Dos punkis i un Vespino presenta un cuento de Navidad alejado de los clichés habituales, con un texto inteligente que cuestiona la felicidad, a menudo irreal, que parece imprescindible en estas fechas; la obra demuestra que en la Nochebuena también podemos encontrar personajes solitarios, sin fortuna ni ningún tipo de espíritu navideño. Para los cuatro jóvenes ésta es una noche como otra cualquiera, incluso el empleado de la gasolinera, el más sensato de todos, se resiste a ayudar a los dos punkis, vencido por el miedo y superado por los acontecimientos, olvidando la solidaridad característica de estos días. Además la obra sirve para criticar la hipocresía de una parte de la sociedad, en este caso la familia de Carol, cuando llega la Nochebuena, momento en el que lo importante es la unidad familiar, y por eso no entienden la irada reacción de la chica ante su prometido.

Marilia Samper y Llàtzer Garcia, los autores del texto, también ponen de manifiesto las diversas formas de encarar la vida de estos personajes: por un lado están los dos punkis que viven al margen del capitalismo, lejos de los convencionalismos, son unos nómadas del siglo XXI, nihilistas de vida libre sin obligaciones ni ataduras y que solo aceptan el lema del originario movimiento punk: “no hay futuro”; por otro lado, y con una vida diametralmente opuesta a la de los dos hermanos, encontramos al empleado de la gasolinera, un personaje sometido al sistema, pusilánime, con una existencia marcada por el miedo hasta que conoce a los dos jóvenes y su manera de vivir sin complejos. Así Samper y Garcia utilizan el conflicto entre estos dos estilos de vida para montar algunas de las escenas más cómicas de la función.

Javier Beltrán (Ray) y Oriol Casals (Jota) son los punkis del título, dos espíritus libres que tan solo se tienen el uno al otro – y a su vieja Vespino– y que se esfuerzan en demostrar, al mundo y a ellos mismos, que se puede vivir de otra manera: Beltrán ejerce de líder, es el hermano mayor y las cosas se hacen como él decide, mientras que Casals –con un magnífico talento para la magia– le sigue con fidelidad y admiración, y hasta aquella noche no cuestiona ninguna de las decisiones de Ray. Muguet Franc es Carol, la chica frágil y desorientada que, ahogada por la presión familiar, huye de casa sin tener claro qué dirección tomar. Pero es Xavi Francès el verdadero triunfador de la obra, él es el trabajador gris, anónimo y un poco bobo, que protagoniza las escenas más agradecidas e hilarantes, como su férrea defensa del bitterkas –sencillamente magistral– o la declamación del poema de Navidad que recita con la ilusión propia de un niño.

Avalada por el premio al mejor proyecto de escenificación del Institut del Teatre 2010, Dos punkis i un Vespino es una excelente propuesta para calentar motores de cara a las fiestas navideñas, una disparatada representación que provocará las carcajadas del público más serio y que está especialmente recomendada para los espectadores que quieran asistir a una Nochebuena nada habitual.

“Dos punkis i un Vespino” se representa en el Teatre Gaudí de Barcelona del 10 de noviembre de 2011 al 15 de enero de 2012.

Dramaturgia: Marilia Samper y Llàtzer Garcia
Dirección: Marilia Samper
Intérpretes: Javier Beltrán, Oriol Casals, Muguet Franc y Xavi Francès
Compañía: La Brava
Escenografía: Enric Planas
Vestuario: Gimena González Busch
Iluminación: Jordi Berch

Horarios: de jueves a sábado a las 21:00 horas y domingo a las 20:00 horas.
Precio: 18 €.
Idioma: catalán.
Duración: una hora y quince minutos.


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