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Crítica: Conte d’hivern, en el Teatre Romea.

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El teatro Romea programa hasta el próximo 13 der marzo Conte d’hivern una de las últimas obras escritas por William Shakespeare que analiza las consecuencias de los celos y la locura ambientados en el ámbito de una Corporación. Una nueva inmersión en el mundo shakesperiano de la directora Carmen Portaceli.

Un Cuento de invierno actualizado, redibujado y resituado en la actualidad. O lo que es lo mismo, un toque Portaceli sobre un clásico de la literatura anglosajona ambientado en la sede de una gran corporación (si es que estas pueden llegar en algún momento a ser grandes). Un intento más que acertado, pues lo más próximo en la actualidad a un reino antiguo no son ya los Estados donde los derechos de los ciudadanos tiene aún su peso, sino una empresa, que corona a empresarios-jefes-directores con un poder todopoderoso, casi de vida o muerte, y además en una época en que sus actos y sus dejadeces han llevado, con la sumisa y esplendorosa ayuda de los financieros, otros monarcas coronados, a una de las mayores crisis por las que ha pasado el mundo entero gracias a la inestimable ayuda de la globalización.

Bueno, si un caso, volvamos a la obra de teatro. Conte d’hivern nos narra los celos que acechan en la mente de Leontes, que cree que su mujer Hermione le es infiel con Políxenes su mejor amigo. La locura de Leontes le llevará a repudiar a su mujer, a su hija y a provocar la muerte de su hijo. Sus compañeros y amigos, sabedores de la ceguera de Leontes, intentarán salvar la vida de Hermione, de su hija y del propio Políxenes, provocando una grave crisis en la empresa (reino). La sucesión de diversos hechos trágicos llevará a la huida de Políxenes y de Camilo y a la salvación de la propia hija de Leontes (Perdita) en el territorio de Bohemia. Aunque las vicisitudes, tan bien tramadas por la mano de Shakespeare, llevarán a la reunión de nuevo de todos los protagonistas en Sicilia, donde Leontes, tras arrepentirse de la muerte de su mujer y de sus hijos, recuperará parte de su vida truncada y se reconciliará con aquellos a los que en el pasado quiso eliminar.

Como se puede ver, la trama mantiene muchos de los elementos shakesperianos, aunque las innovaciones también son muchas. Portaceli ha hecho y desecho a antojo, para actualizar una obra de hace unos 400 años y presentarla con un diseño y un aspecto totalmente actualizado. Pare ello se ha servido de la ambientación de la obra. En vez de los reinos de Sicilia y de Bohemia, una gran y esplendorosa mesa de reuniones nos sitúa en el centro de decisiones de una gran empresa. Así podremos ver como las decisiones de Leontes pueden afectar de lleno a sus súbditos-empleados. Diversos pequeños monitores (¿símbolo del progreso logrado a través del esfuerzo de las empresas?) nos sitúan también en el siglo XXI al mimo tiempo que nos permiten ver la evolución de las estaciones, y con ellas de los años.

El argumento nos habla del poder, y más en concreto del poder absoluto, aquel que permite a alguien decidir sobre la vida o la muerte de otra persona, que en el caso de ser mal utilizado, como lo es en el caso de Leontes, deriva hacia el despotismo y la tiranía. Es aquí donde podemos hacer, de la mano de Portaceli, una analogía con la actualidad. Seguramente el objetivo mejor logrado de la versión de Conte d’hivern programada por el Romea. Portaceli pone el dedo en la llaga y nos permite reflexionar sobre lo poco o mucho que ha cambiado el mundo (yo me decanto más hacia la primera opción). Reflexionar sobre cómo los reyes han existido y existen en la actualidad y de cómo sus acciones, ahora que su trono está en las grandes empresas y sus decretos se plasman en los talonarios de los bancos, nos afectan más que nunca.

Por desgracia el tono de la obra y de las actuaciones, incluso el dinamismo del escenario no están a la altura del empeño. La unicidad del atrezo en el escenario no permite una visualización y una captación correcta de la trama. A esto se le ha de sumar, a mi forma de ver, algunas de las actuaciones realizadas en un tono más “inflado” del que tendrían que estar. La incorporación de la música y del texto recitado en micro tampoco ayuda a una concepción clara de la obra. Y es que es todo un reto traspasar la prosa lírica de Shakespeare a un siglo XXI en el que la simpleza y la estandarización es lo que más pesa.

No es posiblemente la “mejor” adaptación de una obra de Shakespeare que se haya programado en Barcelona. Aunque eso lo tendrán que decidir ustedes. Esto es, Portaceli tiene experiencia en el trabajo con los textos de Shakespeare, y solo cuando hayan asistido a alguna representación de la obra podrán decidir si les ha gustado o no el espectáculo. Aún así, la reflexión y el esfuerzo valen muy mucho la pena. Reflexionar sobre la realidad, sobre la crisis, sobre el trabajo, sobre el ámbito en el que todos, más o menos, nos pasamos muchas horas al día (unos más que otros) y sobre la actualidad que aún puede tener Shakespeare en una época tan diferente a la suya como la nuestra.

Les recomiendo que se arriesguen...

Autor: William Shakespeare
Traducción: Joan Sellent
Dramaturgia y dirección: Carme Portaceli
Intérpretes: Nao Albet, David Bagès, Neus Bernaus, Gabriela Flores, Albert Pérez y Manel Sans
Músicos: Dani Nel·lo y Jordi Prats
Espacio escénico: Paco Azorín
Vestuario: Laura Garcia
Iluminación Paco Azorín
Música y dirección musical: Dani Nel·lo
Diseño de sonido: Roc Mateu
Coreografía: Ferran Carvajal
Maquillaje: Toni Santos
Producción: FEI-Factoria Escènica Internacional

Horarios: Miércoles, jueves y viernes a las 21:00 horas, sábado a las 18:30 y a las 21:30 horas y domingos y festivos a las 18:30 horas
FUNCIONES ESPECIALES
1 de marzo a las 21:00 horas
7 de marzo a las 18:30 horas

Precio: de 17 a 28 €
Idioma: catalán
Duración de la obra: 1 horay 45 minutos (sin entreacto)


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