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Crítica: Cómeme el coco negro


Ya están otra vez con nosotros los componentes de La Cubana para hacernos recordar momentos del pasado que en muchos casos ya dábamos por olvidados con este “Cómeme el coco negro”. 

Y no lo digo por mí, que no tengo tanta edad, pero sí por esa generación de personas que vivieron el teatro de variétés en sus propias carnes. Pero lo cierto es que no hace falta haberlo vivido para poder disfrutar de algo que carece de otra intención que no sea pasarlo bien. Y eso es lo que consigue La Cubana reinterpretando este espectáculo que conmemora los 25 años de la compañía, ya sin los famosos José Corbacho y Santi Millán que fueron parte de ella en aquel 1989. Pocas compañías hay hoy en día (yo no conozco ninguna) que se tome la vida tal como es, o tal como debería ser, un divertimento. Actualmente sólo podemos descubrir este tipo de espectáculos, por supuesto en formato reducido, en teatros pequeños e incluso marginales. Creo que alguien debería preguntarse por qué no existen más espectáculos así, sobre todo viendo la gente que ha arrastrado este “Cómeme el Coco Negro”. ¿Es posible que sólo lo consiga La Cubana? Tal vez, pero no está mal que alguien, de vez en cuando, nos venga y nos haga pasar este buen rato en el Teatro Coliseum de la Gran Vía. La Cubana barajó dos posibilidades para celebrar su aniversario: la primera era hacer un popurrí de todos sus espectáculos, y la segunda, volver a reestrenar su obra más famosa. Finalmente se decidieron por esta segunda opción porque pensaron que era lo que más les representaba y porque de esta manera se hacían un homenaje a ellos mismos. Ellos aclaran esto último diciendo: "Habla de teatro (nuestra motivación durante todos estos años), habla de una compañía ambulante (más o menos como la nuestra), habla de una manera artesanal de hacer teatro (cosa que nosotros practicamos como norma) y habla también de Revista y Music-Hall". Con “Cómeme el Coco Negro” llevan recorriendo los escenarios españoles desde el mes de abril del año pasado, rememorando esas giras de variétés que se hacían en las plazas de pueblo, pero con la diferencia de que en este caso se representa formalmente en teatros. Estoy seguro de que estarían más que encantados si se pudieran volver a montar los espectáculos en las plazas mayores de todas las poblaciones en que han actuado. Por la obra pasa todo un abanico de personajes a cual más dicharachero y divertido, por supuesto alguno más que otro. Ese Pepe Iberia, racista, oyente de la cadena Cope y fanático de Antonio Molina. Piluca Sotomayor, vedette cómica, Remedios del Río, cantante "folklórica", Silvana Mangueira, una vedette más que exótica. Y ese Moncho y esa Mimi Lumière, supervedettes de un pasado que todavía creen presente. Todos ellos y los que no he nombrado son la verdadera alma de la representación y de la revista. En estos personajes recordaremos a la Bella Dorita, Lola Montiel, Granito de Sal, Mary Mistral, eso sí, en un tono mucho más cómico, pero homenajeándolos sin lugar a dudas. “Cómeme el Coco Negro” es un espectáculo entrañable e ideal para pasárselo bien, que seguramente recordaremos durante, por lo menos, otros 25 años más, ¡cuando vuelvan a reestrenarlo en su 50 aniversario!

 

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