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Crítica: Celebració

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El Teatre Lliure nos invita a pasar una noche de celebración con la representación de una de las obras de Harold Pinter, Celebració, un reflexión sobre la vida y la forma de vivir en una sociedad basada en el triunfo económico y social y donde la banalidad y la “desvergüenza” son algunos de sus ingredientes principales.

Desde el pasado 13 de enero el Teatre Lliure de Gràcia programa una nueva recreación de la última obra escrita por el dramaturgo británico Harold Pinter ambientada en su totalidad en un restaurante de lujo y que se adentra en la esencia de la artificialidad y la vulgaridad que ha rodeado y rodea al ser humano.

En celebració la trama se convierte, tan solo, en una situación. Ya durante el acceso al palco de butacas el público pasa por delante de una sala de restaurante donde están cenando, tranquilamente, cuatro personas, dos parejas, o lo que es lo mismo, cuatro actores. Una vez sentados en nuestras butacas la acción dará inicio. Una de las cenas es la celebración de un aniversario de boda al que han acudido dos hermanos consultores y sus dos mujeres, que son, a su vez, hermanas. La otra está protagonizada por un banquero y su pareja. Ambas cenas se llevan a cabo después de haber acudido al teatro por la noche (teatro y danza), por lo que hasta aquí la velada es normal. ¿O no?

Pinter elabora un texto que transforma una velada cotidiana en una crítica de la sociedad en la que vivimos. Durante la doble cena asistimos a una nada. A través de las conversaciones y de las situaciones que se dan a lo largo de la obra podremos ver como lo que parece una situación ideal disfrutada por gente afortunada, se convierte en una clase magistral de análisis de los falsos valores que guían al mundo, en su parte occidental y “civilizada”. A través de las conversaciones mantenidas a lo largo del ágape podremos ver como aquellos que, en un principio, parecían triunfadores, gente afortunada e incluso con clase y un gusto exquisito, manifestado en el alto standing del restaurante en el que cenan, se van transformando en gente vulgar, con gustos vulgares y que mantienen conversaciones banales, claro ejemplo de ello es la pregunta que se les hace a las tres parejas, de qué es lo que han ido a ver al teatro aquella misma noche. La respuesta de todos es aterradora, triste, una muestra de lo que el éxito económico y social “obliga” a hacer a aquellos que lo disfrutan.

Y muestra también de los valores compartidos por muchos en esta nuestra sociedad avanzada, capitalista, consumista y “libre”. Pinter no necesitaba grandes escenarios y situaciones magnas para realizar un examen de aquello que veía y que vemos todos, de cómo, en muchas ocasiones, el éxito en la vida solo requiere de un triunfo económico, que permite a aquel “dichoso” que lo experimenta arroparse a sí mismo con los lujos y los disfraces de la victoria, y mostrar a todos los demás que lo ha conseguido. El éxito económico y social se impone, pues, al éxito familiar, sentimental o personal. Nada importa, nada vale si conseguimos el dinero suficiente para gozar “individualmente” de la vida.

Las situaciones que nos muestra la obra son un claro ejemplo de lo que digo. En ellas la banalidad, la vulgaridad y la ordinariez son la clave. Y no solo eso. Las propias conversaciones que mantienen todas las parejas nos muestran el fracaso que se esconde debajo de los atavíos del éxito. Para ello las interpretaciones de todos los actores y actrices implicados en la obra son magníficas. Jordi Bosch, Roger Coma, Eduard Farelo, Míriam Iscla, Marta Marco, Àngels Moll, Boris Ruiz, Pep Sais y Clara Segura materializan sus persones con una gran naturalidad y franqueza, hasta conseguir hacer desaparecer aquella línea que separa al actor del personaje. Una interpretación coral que permite extender el análisis y la crítica no solo a todos los protagonistas de la obra sino también a la sociedad que todos compartimos. Una interpretación acertadamente conducida y dirigida por Lluís Pasqual, que ha dado un toque muy actual y muy “catalán” al texto original después de más de una década desde que la obra de Pinter se estrenara.

Dinero, lujo, una situación profesional consolidada, drogas, grandes nombres para los cargos que ejercen, banquero y “consultor para la paz”, tan majestuosos como vacíos de sentido en una situación de crisis como la actual a las que los banqueros, los financieros y los grandes hombres de negocios nos han dirigido y donde la paz se ve asediada, cada vez más, por los vientos de guerra y rebelión a la que la gente normal, los fracasados, aquellos que no han “triunfado” en la vida, los que no pueden celebrar una cena en un restaurante como el mostrado en el escenario, se sienten arrastrados.

Toda este amasijo de trivialidad y vulgaridad se ubica, de una forma móvil y acertada, en un montaje escénico magnifico, en el que un elevador, al estilo de un montacargas, nos muestra los dos salones “reservados” donde los protagonistas disfrutan de su gran noche de celebración.

Todo está preparado, pues, las mesas, los platos y el servicio para poder gozar de una noche de triunfo y de celebración, y para poder disfrutar del último análisis teatral que llevó a cabo Harold Pinter con el que podremos decidir qué es el triunfo y qué es la victoria y cuáles son los principios que guían los pasos de nuestra perfecta y dramática sociedad.

“Celebració” se representa en el Teatre Lliure Gràcia del 13 de enero al 27 de febrero de 2011.

Autor: Harold Pinter
Dirección: Lluís Pasqual
Intérpretes: Jordi Bosch, Roger Coma, Eduard Farelo, Míriam Iscla, Marta Marco, Àngels Moll, Boris Ruiz, Pep Sais y Clara Segura
Escenografía: Paco Azorín
Vestuario: Isidre Prunés
Caracterización: Mariona Trias y Lucho Soriano
Iluminación: Lluís Pasqual y Carlos Lucena
Sonido: Roc Mateu
Producción: Teatre Lliure y EL CANAL-Centre d'Arts Escèniques de Salt/Girona

Horarios:
de miércoles a viernes a las 20:30 horas; sábado a las 18 y a las 22 horas y domingos a las 18 horas.
Precio:
25 € (miércoles, día del espectador: 16 €)
Idioma:
catalán
Duración del espectáculo:
1 hora sin pausa

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