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Crítica: Alícia, un viatge al país de les meravelles

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El Teatre Lliure estrena Alícia, un viatge al país de les meravelles, una adaptación del clásico de la literatura contemporánea escrito por Lewis Carroll y adaptado y dirigido por Carlota Subirós.



Las dos novelas que conforman el universo de Alicia creadas por Lewis Carroll ("Alicia en el país de las maravillas" y "A través del espejo y lo que Alicia encontró allí", son las piezas literarias cuánticas de referencia. Sus planteamientos, en los que el personaje protagonista queda alineado en un universo paralelo, ha dado para miles de reflexiones y análisis sobre otras tantas teorías respecto a las interpretaciones posibles. Carroll, posíblemente, se esté riendo en su tumba, asombrado por las versiones y mensajes descifrados (o no) tras tantas lecturas. Quizás sea todo tan simple que deberíamos leerlas con mente infantil, recuperando la infancia. Con eso sería suficiente.

Carlota Subirós ha vivido acompañada por Alicia durante muchos años. Y su espectáculo representa las ideas que ha extraído de las obras en que se inspira, por lo que, poniéndonos en situación, resulta complejo juzgarlo, siendo como es un encuentro personal entre los "libros" y la "lectora". Sin embargo, como espectadores, debemos también enfrentarnos a las sensaciones que nos produce asistir a un montaje tan insospechado como este.

¿De qué manera se puede adaptar "Alicia" al teatro, para un público adulto, y sin que se pierda el sentido de la orientación? Haciendo que los presentes acaben entrando en el mundo mágico con Alicia, claro. Y eso es lo que hace la Subirós con una gran sutileza, a través de una persecución inicial (la del conejo blanco) que confunde al público al mismo tiempo que a la protagonista. Tras esas carreras, comienza el viaje. Y no falta nada. Los grandes personajes del libro están ahí, presentados de manera fluida y perfectamente identificables, no necesitamos entrar en detalles: La Reina de Corazones, el gato de Cheshire, los gemelos, la tortuga artificial, la oruga, los peones...

Dividido en dos partes (cada una representando al libro correspondiente), el montaje se apoya en una escenografía simple (cuatro paredes) en contínuo movimiento, para aparentar escenarios de uno y otro lado, utilizando, cuando se requiere, elementos característicos del cuento: una cama que se acaba inundando con las lágrimas de Alicia, un armario que se mueve de un lado al otro del escenario, un invernadero...

Alba Pujol, en su papel de Alicia, realiza un trabajo físico y actoral admirable, coordinada con tres niñas para conseguir el efecto de los cambios en el tamaño del personaje. El resto del reparto tampoco se queda corto, asumiendo cada uno de los miembros diferentes roles.

No es fácil, nada fácil, meterse en adaptaciones de piezas literarias tan conocidas, dando otra vuelta de tuerca al imaginario loco y claustrofóbico de Carroll. Por ello es de admirar el riesgo, que va más allá de los diálogos (divertidos cuando se trata de los rocambolescos juegos de palabras y acertijos linguísticos conocidos por todos). El público, en ocasiones demasiado cómodo, responde a esos juegos pero no acaba de asumir que "Alicia" es más que una película de Disney. Por ello, insisto en que deberíamos ver la creación de Carlota Subirós como su particular sueño: el de una niña que siempre quiso ser Alicia y demostrarnos a todos que nuestro mundo es el que nosotros mismos creamos. "Alícia (Un viatge al país de les meravelles)" es su particular respuesta a la pregunta: "¿Para qué sirve un libro si no tiene imágenes ni conversaciones?".



Dramaturgia y dirección: Carlota Subirós
Intérpretes: Ferran Carvajal, Cristina Cervià, Babou Cham, Jordi Collet, Mia Esteve, Gustavo Lesgart, Jordi Oriol, Alba Pujol, Xavier Ripoll, Anna Roblas, Lluís Soler, Àlvar Triay, y la colaboración de las niñas Jana Camps, Luara Mateu y Carla Vives Lleixà
Escenografía: Max Glaenzel, con la colaboración de Estel Cristià
Vestuario: M. Rafa Serra y Berta Riera
Caracterización: Ignasi Ruiz
Iluminación: Mingo Albir
Música:
Sila
Sonido: Marta Folch
Movimiento: Iva Horvat

Producción: Teatre Lliure


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