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Crítica: 40 el Musical

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Es una evidencia que el teatro musical está viviendo un momento dulce; en los últimos tiempos por la cartelera teatral de Barcelona han desfilado numerosos musicales de temáticas muy diferentes entre sí, pero con una característica en común: todos ellos han cosechado un notable éxito de público. Así, pues, hemos podido repasar las exitosas canciones de un grupo clave del pop español de los ochenta (el incombustible Hoy no me puedo levantar), se han adaptado los gags de los Monty Python (Spamalot), se ha recuperado el musical surrealista por excelencia (Nit de Sant Joan), incluso ahora ha aparecido un espectáculo a rebufo del éxito de un personaje de cuentos para niños (Jerónimo Stilton). Por todo ello, era fácil imaginar que un musical basado en las canciones que copan las radiofórmulas de nuestro país haría que el público acudiera en masa al teatro, y eso es lo que ha sucedido con 40 El musical, casi tres horas de función que hará temporada en el Teatre Victòria, y que inició sus representaciones el pasado 9 de septiembre.

Estructurado en dos actos, 40 El musical se centra en las experiencias emocionales de un grupo de amigos, relaciones que el protagonista (Joaquín, interpretado por Naím Thomas) se encarga de relatar desde su radioblog en internet. Todos ellos son jóvenes algo desorientados en la vida, y que a lo largo de la función deberán tomar unas decisiones que les cambiarán la vida. En el grupo encontramos a una feliz pareja de enamorados para los que el sexo no existe, una convicción que acabará por tambalearse; dos hermanos que reciben la visita de su padre quien, tras un largo período en el extranjero, ha regresado para quedarse; y finalmente la pareja que forman el hermano de Joaquín con su novia de toda la vida, una relación perfecta, aunque sólo en apariencia.

Éste es un musical de grandes pretensiones, tanto en el aspecto musical como en el visual: durante la función llegan a sonar hasta cien canciones (algunas son versiones completas, el resto son fragmentos enlazados entre sí, y tanto unas como otras con unos resultados que, en su mayoría, mejoran las versiones originales), todas ellas números uno de las listas de éxitos en los últimos cuarenta años; en el escenario encontramos una enorme estructura de madera en la que se encuentra integrada, en uno de sus laterales, la magnífica banda que acompaña en directo a los cantantes; finalmente, una enorme pantalla de leds dinamiza los cambios de localización, puesto que tan pronto se convierte en el local desde el que Joaquín emite su programa, como pasa a ser el bar en el que se reúnen los muchachos, o incluso nos muestra las estupendas vistas que tiene un apartamento situado en primera línea de mar.

Con todo, y a pesar de reconocerle ese especial cuidado que se evidencia tanto musical como visualmente, no ocurre lo mismo con su argumento: las historias pecan de ser algo típicas y tópicas, ya vistas con anterioridad (sobre todo el triángulo formado por el protagonista, su hermano y la pareja de éste), ese intento de crear una buena tragicomedia se queda en eso, un intento, donde los momentos dramáticos, incluso trágicos, con una alarmante búsqueda de la lágrima fácil, contrastan en exceso con la parte cómica, una desenfadada comicidad que sin duda funciona mucho mejor que el drama. Además, éste es un musical enfocado mayoritariamente a un público joven, y por ello se han potenciado los grandes éxitos recientes, dejando a un lado los primerizos éxitos de la cadena, prácticamente reducidos a Nino Bravo y Camilo Sesto (éste último con uno de los números más divertidos de la noche, protagonizado por un Camilo con cierto aire a otro grande, Raphael).

Para lograr la magia necesaria en un espectáculo como éste son necesarios unos grandes artistas, capaces de defender tanto las canciones como de mantener el tono a la hora de interpretar cada uno de los personajes; en este aspecto, 40 El musical ha acertado con todos ellos, con una pareja con gancho catódico como Naím Thomas y Gisela Lladó encabezando el reparto, aunque aquí los personajes cómicos resultan los más agradecidos, y por ello es preciso destacar el excelente  trabajo, por un lado, de la ”casta” pareja formada por Ivan Labanda y Maite Gete, y, por otro, el huracán Gerardo González, que con este montaje debuta en el país. Sea como sea, todos demuestran un enorme talento para interpretar canciones de Alejandro Sanz, Juanes, Amaral, Duncan Dhu, Black Eyed Peas o Andrés Calamaro, por mencionar algunos de los artistas homenajeados, con un par de guiños al público catalán: Bon dia, d'Els Pets, y una emocionante versión a cinco voces de Boig per tu, de Sau, aunque los números que sin remedio quedarán gravados en la retina del espectador será, los de Nena Daconte (una romanticona Tenía tanto que darte), Camilo Sesto (la deseperada Vivir así es morir de amor), Britney Spears (alta tensión sexual con Ups! I did it again) y Miguel Bosé (una divertida versión de Amante Bandido).

En definitiva, 40 El musical es un compendio de las músicas que más han sonado en los últimos tiempos, un notable espectáculo lleno de energía y visualmente impecable que entusiasmará a todos aquellos adictos a las radiofórmulas y que, a tenor del éxito cosechado en sus primeros meses en Barcelona, promete una larga estancia en el Teatre Victòria.

“40 el Musical” se representa en el Teatre Victòria desde el 9 de septiembre de 2010.

Dirección: Miquel Fernández
Intérpretes: Gisela Lladó, Ivan Labanda, Naím Thomas, Albert Martínez, Toni Viñals, Josep Palau, Carlos Benito, Gerardo González, Marta Capel, Albert Muntañola, Esther Peñas, Mónica Macfer y Maite Gete
Libreto: Daniel Sánchez Arévalo
Coreografía: Noemí Cabrera
Escenografía: Ana Garay
Iluminación: Carlos Torrijos
Vestuario: Gabriela Salaverri
Productor musical: Carlos Narea

Horarios: de martes a jueves a las 20:30 horas; viernes y sábados a las 18:00 y a las 22:00 horas y domingo a las 17:00 horas.
Horarios especiales:
Viernes 31 de diciembre la función es a las 22:00 horas.
Sábado 1 de enero de 2011 la función es a las 22:00 horas.

Precio: de 25 a 59,90 €.
Idioma: castellano.
Duración del espectáculo: 2 horas y 30 minutos.


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