Tame Impala, “The Slow Rush” (Caroline, 2020)

Psicodelia y baile en el cuarto trabajo del músico australiano

Meterse en “The Slow Rush”, es meterse de lleno en la cabeza de Kevin Parker. El líder de Tame Impala, e único miembro en el estudio, es un músico de lo más meticuloso, y al escuchar sus discos, es fácil darse cuenta que tiene todo calculado al más mínimo detalle. Por eso su nuevo trabajo es tan abrumador y, en un principio, difícil de asimilar. A lo largo de sus 57 minutos, Parker no se corta un pelo a la hora de meter capas y capas de instrumentos, ecos en las voces, o cambiar de aires como el que cambia de pantalones. Pero, al final, todo termina encajando. Y ahí está su grandeza. 

El cuarto trabajo del australiano (seguir hablando de ellos como banda no tiene mucho sentido) está plagado de multitud de influencias que, en un principio, tienen muy poco que ver entre sí. Algo que no resulta raro, ya que todos hemos escuchado más de una vez a Parker declarar su amor por artistas tan dispares como Kylie y The Flaming Lips. Si a eso le añades un poco de Supertramp, algo de disco, y mucha psicodelia, nos queda un popurrí que, en manos de cualquier otro, puede resultar un desastre, pero en las de Parker funciona. 

Una de las cosas que hay que hacer para disfrutar de “The Slow Rush”, es no ir buscando el hit del disco. Aquí no hay un tema tan directo como ‘Let It Happen’ o ‘The Less I Now The Better’, pero sí unos cuantos cortes que funcionan muy bien. Porque a Parker le sienta estupendamente lanzarse a la pista de baile. Algo que hace desde el principio con esa etérea ‘One More Year’ llena de pianos house. O con el funk absolutamente contagioso de ‘Is It True’. Aunque, eso sí, hay que darle un tirón de orejas por no desarrollar un poco más ‘Glimmer’, el corte más abiertamente dance del álbum, el cual deja a medias. Lo bueno, es que, prácticamente, todo el disco se puede bailar. Ya sea elegantemente, y entregándose fielmente al piano, como es el caso de ‘Boderline’ y ‘Breathe Deeper’, o dejando que sea la psicodelia la que se lleve el protagonismo. Una cosa más que evidente en ‘Tomorrow’s Dust’ y en la popera ‘Lost In Yesterday’.

A lo largo de casi esta hora de música, Parker también tiene tiempo para relajarse un poco más y, de alguna manera, volver a sus comienzos. Eso sí, de una forma diferente, porque, aunque haya temas puramente psicodélicos, los protagonistas siguen siendo los sintetizadores. Ahí tenemos la orgia sintética retro de ‘Instant Destiny’, que es todo un viaje alucinógeno de lo más setentas. Pero es en la extensa ‘Posthumous Forgiveness’ donde muestra sus mejores cartas de esta faceta. Estamos ante un tema que casi se podría dividir en dos, en el que Parker no tiene ningún reparo en meter capas y capas de sintetizadores, alguna guitarra, y una caja de ritmos que se convierte en la protagonista de esa tormenta que aparece a mitad de la canción. De hecho, es una canción que casi parece un collage, pero, como ya he comentado más arriba, Parker consigue que todo funcione, y logra transformar las ideas que fluyen por su cabeza en algo fácil de asimilar para el oyente. Cosas de genios. 

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