Serving the servant. Recordando a Kurt Cobain, Danny Goldberg (Alianza, 2020)

Serving the servant. Recordando a Kurt Cobain

Publicado por Alianza poco antes de que la Covid-19 lo paralizase todo, Serving the servant. Recordando a Kurt Cobain nos invita a regresar a una historia de sobras conocida para cualquier aficionado a la música: el boom de Nirvana y los últimos años de su malogrado líder. La novedad y el principal valor de la obra reside en la autoría del libro, ya que Danny Goldberg fue el  mánager de la banda de Seattle desde principios de de 1991 hasta el suicidio de Cobain en 1994, por lo que el relato de los hechos se basa en la relación personal con el grupo y sus dificilmente comparables «conocimientos del medio». 

Porque el currículo de Goldberg resulta apabullante. Arrancó su carrera como periodista musical, habiendo escrito para, entre muchos otros, Rolling Stone, Village Voice o Billboard —para quienes cubrió Woodstock—. Trabajó como relaciones públicas de Led Zeppelin, siendo luego el vicepresidente de su discográfica, Swan Song Records. Entre 1983 a 1992, fundó y presidió Gold Mountain Entertainment, gestionando la carrera de grupos y artistas como Nirvana, Hole, Sonic Youth —claves en la historia que viene a continuación—, Bonnie Raitt, los Allman Brothers o Rickie Lee Jones. Después crearía Gold Village Entertainment, presidiría —nada menos— Mercury y Atlantic Records, Air America Radio o el sello independiente Artemis Records. ¡Si incluso está detrás —producción y supervisión— de las bandas sonoras de Corrupción en Miami o Dirty Dancing! En definitiva, Serving the servant no podría tener una voz más autorizada.  

Esa legitimidad de quien fue testigo privilegiado a la par que actor relevante de la industria musical, junto a una prosa ágil y sobria —traducida aquí por José Brownrigg-Gleeson Martínez—, hace que los lugares comunes por los que transita Serving the servant no se conviertan en plomizos, por repetitivos. De hecho, uno de los primeros —y principales, diría— elementos de interés es el «choque de mundos» entre Goldberg y Nirvana. El empresario del mainstream obligado a familiarizarse con una incipiente escena underground muy peculiar —la idiosincrasia indie de Seattle con Sub Pop, K Records y las riot grrrls, era única—, una banda cuyo prometedor potencial era imposible de cuantificar en ese inicio de década de los 90, y un líder deseoso del estrellato… siempre bajo sus propias reglas.     

Nirvana: Kurt Cobain, Krist Novoselic y Dave Grohl.

De hecho, ese difícil equilibrio entre la ambición por obtener el éxito masivo y mantener la integridad artística planea durante todo Serving the servant como una de las comezones principales alrededor de Nirvana y, de forma angustiante, su desgraciado frontman. Y ahí es donde el relato de Goldberg, que nos permite colarnos en los entresijos de las grabaciones, giras, reuniones con Geffen Records o encuentros con los medios, resulta de lo más interesante. Entre bambalinas, vemos a un Kurt Cobain esquivo, no tan taciturno o ceñudo como era de esperar, no obstante cada vez más volátil, que controlaba cada paso de la banda con firmeza —una «dirección artística» que incluía los vídeos, las portadas de los discos, la indumentaria en los conciertos o los montajes a costa del insufrible machirulo de Axl Rose—. Un joven inquieto, genial y amable, sin embargo sumido en una contradicción permanente.

Incluso en los momentos de mayor vértigo, cuando la MTV, los directos y la presión mediática —más amarillista que musical una vez pasan a ser Kurt & Courtney— se convirtieron en un rodillo, Cobain se erige, al menos en este libro, en un artista cuasi renacentista. Talento y creatividad desbordante. Portavocía de la generación X, pretendida o no, mediante un punk-rock que maridaba el angst juvenil con la pegada pop. Activista de bandas condenadas a un estatus minoritario —Eugene Kelly, Melvins, Meat Puppets, o Daniel Johnston— y, del feminismo. Nevermind lo elevó a los altares, situándolo en un Olimpo musical que exige ensayo de Greil Marcus —es el Elvis de nuestra época, mártir autoimpuesto e hipertelevisado—… Lugar que le incomodaba sobremanera, y del que, con ayuda de la heroína, se bajó abruptamente.  

A decir verdad, Serving the servant peca de una magnanimidad exagerada sobre la figura de Kurt Cobain. Hasta casi el dramático desenlace, el ex mánager transformado en narrador se muestra incapaz de disimular su devoción y estima personal hacia el personaje, disculpando sus veleidades, incoherencias o fatal debilidad —la ceguera respecto a la drogadicción y los reveladores cambios de humor es palmaria—. Pero es que Danny Goldberg no pretende brindarnos el relato definitivo, o el más ecuánime. Eso se lo deja a las aportaciones de otros testimonios —su equipo de Gold Village, miembros de Geffen Records o periodistas tan reputados como Michael Azerrad o Everett True, solo extraña, debe claro del libro, la escasa participación del resto de Nirvana, Krist Novoselic y Dave Grohl—. Goldberg fue un estrecho colaborador del mito, pronto un profundo admirador y, finalmente, alguien que perdió a un amigo muy cercano. 

En Serving the servant no hay respuestas a la gran pregunta, las motivaciones, los porqués del suicidio de Kurt Cobain. Aparte de una lógica voluntad de desmontar las tramas conspiranoicas sobre su muerte o la mala influencia de la pérfida Courtney Love —si Nirvana hubiera eclosionado en esta «era del bot»…—, la tesis de Goldberg es loablemente sencilla. Primero nos muestra a un músico brillante, deseoso de la gloria, combativo y seguro de su arte, pero abrumado por sus gravosos peajes, frágil frente a la responsabilidad y el lado amargo de la fama. Y a un afectuoso marido y padre, aunque quizá no demasiado preparado para convivir con alguien tan «movedizo» como él o la paternidad. Para luego admitir que, en realidad nadie sabe realmente que le ocurrió —¿acaso puede llegar a saberse?—. En ese sentido, el retrato el libro resulta humanamente honesto. Seguramente ese sea un lado de la historia que no teníamos…