Sant Antoni Pop Festival, Betxí, (25/01/2020)

No todos los festivales son iguales

Todos lo festivales intentan tener algo que los diferencie del resto, algunos lo consiguen mejor que otros, algunos a base de enchufar dinero y otros a base de estilo.

El Sant Antoni Pop Festival es un festival de pueblo, para el pueblo y con el pueblo. Un festival con 15 años de historia que ha crecido fiel a su idea original, reunir a un grupo de amigos alrededor del rock garage, nada más. 

Ellos montan un festival en tres actos.

Acto 1º

Los horarios del programa ya te dicen que la cosa va al ritmo que marca la organización, los primeros conciertos en el Pub Monkey “empezarán no antes de las 12”, empezaron a la una, son los dos conciertos gratuitos que se hacen por la mañana para que el que quiera se acerque y empiece a calentar motores.

Los primeros en aparecer son los locales Culebra, rock clásico que con batería, dos guitarras, bajo y voz, nos empiezan a contar de qué va a ir la historia. Pegan fuerte, tienen solvencia y las maneras son las puras de un grupo de rock, que sabe lo que hace, no hay escenario y el público está encima del grupo, hay ganas de rock y los botellines ya empiezan a llenar los huecos libres encima de los altavoces cuando aparecen el dúo barcelonés Hiroshima, voz y guitarra y batería, punk puro, sonido duro y guitarra muy trabajada, no dan respiro, las cabezas se agitan por toda la sala y el sonido es ensordecedor, las distorsiones de la guitarra no esconden lo trabajado de las melodías, que se agradece, el punk no es solo volumen. 

Son las dos y medía y es hora de ir a comer y la organización invita a los músicos a unas extraordinarias paellas cocinadas a fuego de leña que hacen temblar los sentidos, el ambiente es el de una reunión de amigos cualquiera, pero es un festival y eso es lo que lo hace grande.

Acto 2º

A las siete arrancamos con los siguientes conciertos, los más precavidos vienen de dormir la siesta, muchos del bar de enfrente. 

LLobarros son los encargados de arrancar la fiesta, batería, guitarra y bajo y chaquetas de lentejuelas y es que no podía ser de otra manera en un grupo que lleva el exotic en su presentación, rock de los 50 a raudales tamizado con los sonidos más punk y surferos, así dicho te quedas un poco difuso con la definición pero la mezcla es explosiva y la defienden de una manera y un buen rollo que te contagia al segundo. Cuando deciden bajar del escenario bombo en mano a bailar y hacer bailar, al público ya lo tienen el bolsillo, los temas se van encadenando sin respiro, los solos de guitarra son extraordinarios y el acompañamiento de una batería nada excesiva le da todo el espacio necesario para el deleite de los presentes, que no quieren que termine el concierto.

El maestro de ceremonias aparece detrás de su ya inconfundible antifaz para despedir al grupo y presentar a los que sin duda fueron los triunfadores de la noche, The Cynics, banda que en los 80 supieron capturar la esencia de rock garage y darle un nuevo sentido, comienzan el concierto con su mítica Baby, what’s wrong, la atronadora guitarra lanza su distorsión a toda la sala y la sala responde saltando y bailando, cuando Michael Kastelic toca los solos de armónica el sonido te ha llegado a la médula, la entrega del público es total y la voz de Kastelic está en plena forma cuando se enfrentan a su clásico You got the love, al grito de “sí, sí, sí, el garaje está en Betxí”, nos despiden hasta después de cenar, sí en este festival se para para cenar.

Y es cuando nos vamos al salón de celebraciones, son las diez de la noche, miramos la mesa que nos ha tocado y nos disponemos a zamparnos un auténtico menú de bodas. Una vez degustadas las ricas costillas de cerdo al horno y haber rebajado el atracón con su correspondiente licor, nos vamos preparando para lo que llega, primero un cafecito que la noche va a ser larga.

Acto 3º

Son las doce y la sala está más llena que a primera hora, el sold out hace que el trasiego de gente no pare entrando y saliendo de la sala.

Es el momento de Midnight Kings, R&B puro, sin adornos, sonido de guitarras limpio y buen rollo a espuertas, con Two many momos y su solo de guitarra y saxo comienza un concierto que va a buscar la complicidad del público constantemente, hasta pedir los hombros de un espectador para pasear al cantante saxo en ristre por la sala, van saltando de Midnight twist a Primitive hasta dejar los cuerpos cansados y sudorosos en la frontal del escenario, se despiden con Antrona girl que deja al público encantado con una actuación a la altura de las ganas de diversión.

The Fuzztones aparecen en el escenario con sus chaquetas vaqueras y el batería arenga al público para que aplauda su aparición, hay ganas de escucharlos y los silbidos y palmas llenan la sala. La introducción se alarga hasta la aparición del cantante en el escenario, el sonido es contundente y la primera fila se tumba encima de los monitores de las idas y venidas de los que saltan en el centro de la sala, encadenan un par de temas hasta que comienzan los monólogos del cantante, los silbidos no se hacen esperar, la gente tiene ganas de música y tanto parloteo está cortando el rollo, será una constante durante todo el concierto, después de cada tema, las largas charlas del cantante hacen que la barra se llene y el concierto se vaya deshinchando y ni siquiera los juegos de funambulista sobre el bombo del batería consiguieron volver a conectar con el público, una pena, se fueron recordando sus cuarenta años sobre los escenarios sin tocar Jack the ripper.

Son las dos y media de la madrugada y los cuerpos están resentidos, pero aparecen los franceses Les Lullies para poner remedio, Punk con mayúsculas, Don crain es el tema que da comienzo a una hora y media de sonido de guitarras puro y duro, muy duro, ritmo frenético, Meet the man nos lleva a melodías que recuerdan a los temas más bailongos de los Ramones, un grupo que sin contemplaciones y al más estilo del género, llega, toca y se va, se agradece que lo suyo no sean los monólogos y nos dejen un buen sabor de boca e ir a descansar que son las cuatro de la mañana.

Fotos: Barbanero