Ride, sala But, Madrid (08/02/2020)

La banda de Oxford desplegó toda su magia guitarrera en Madrid.

Han sido unas cuantas las ocasiones que hemos tenido de visita a Ride en nuestro país desde su reunión en 2014, pero siempre ha sido dentro del marco de un festival. Algo que, por fin, ha cambiado en este 2020.La banda de Oxford se ha tomado muy en serio esta reunión, con la que ha sumado dos álbumes y un Ep a su discografía de los noventa. Por eso resulta lógico que un concierto en sala sea algo más que un chute de nostalgia de sus mejores años. Porque, seamos sinceros, sin ser malos discos, sus nuevos trabajos están lejos de sus primeros álbumes. Pero, lo bueno, es que sus canciones sí que funcionan en directo.

En su cita madrileña, Ride salieron a presentar su faceta más ruidosa y shoegaze. Con un volumen un tanto atronador –un servidor, que estaba en las primeras filas, notaba como le vibraba el cuerpo con cada toque de batería-, atacaron ‘Jump Jet’, uno de los temas más potentes de “This Is Not A Safe Place”, el cual, al ser la primera toma de contacto, funcionó bastante bien. Al igual que ‘Future Love’, que ejerció muy bien como uno de sus últimos singles. Pero claro, el primer gran momento de la noche llegó con ‘Leave Them All Behind’, uno de sus grandes clásicos. Sus ocho minutos, con esas guitarras que rugen, y ese bajo tan manchesteriano, nos recordaron porqué Ride siempre han sido considerados una de las grandes bandas del shoegaze británico. Porque, la verdad, lo mejor de la concierto, fue cuando atacaron sus canciones más ruidosas. La delicadeza de ‘Chrome Waves’ o ‘Shadows Behind The Sun’, no terminaron de cuajar del todo.

Resulta curioso que Ride se dejen fuera las canciones de sus dos discos más britpop. Está claro que no son sus mejores trabajos, pero, a juzgar por el público inglés tan hooligan de las primeras filas, un ‘Black Nite Crash’ no hubiera sido mal recibido. Pero bueno, a cambio, repasaron lo mejor que han dado sus dos últimos trabajos. Así, temas como ‘Lannoy Point’, ‘All I Want’, o la simple, pero muy efectiva, ‘Repetition’, aguantaron muy bien el listón frente a sus grandes clásicos. Eso sí, extraña mucho que se dejaran fuera un tema como ‘Cali’, que es de lo mejorcito que han sacado en los últimos años. Lo que refuerza mi teoría de que, en directo, están más interesados en sacar a la luz su lado más ruidoso -también se dejaron fuera ‘Clouds of Saint Marie’, otro de los buenos singles de su última etapa-.

Tras una primera parte del concierto más dedicada a presentar sus nuevas canciones, la segunda mitad fue algo así como un homenaje a su mejor cancionero. Y es que, fue escuchar esos primeros cortes ascendentes de ‘OX4’, y transportarnos directamente a ese mundo donde las guitarras ruidosas y las melodías ensoñadoras se fusionan, y crean una comunión brillante con el público. Una comunión que siguió con la efusiva ‘Taste’, en la que la sala ayudó a Mark Gardener con sus coros, o en esa catarsis sonora que es ‘Dreams Burn Down’, donde las guitarras rugieron como nunca. Incluso, la potente ‘Kill Switch’, que fue de las pocas concesiones que hicieron a su último trabajo en la parte final del concierto, funcionó sin problemas. Pero claro, el momento de la noche, como era de esperar, llegó con ‘Vapour Trail’. Y es que, cuando una banda cuenta con un clásico así, cosas como que los pregrabados sean un tanto cantosos, o que no se gasten muchas energías en tocarla, no importan: la canción funciona igual.

El bis era una sorpresa, ya que, tras utilizar ‘Vapour Trail’ para cerrar la primera parte del concierto, no sabíamos con qué podrían sorprendernos. Y la verdad es que lo hicieron, porque, después de tocar la (demasiado) extensa canción que cierra su último álbum, atacaron ‘Seagull’. Lo hicieron de la mejor forma posible, resaltando su faceta más ruidosa, y alargando esa sección rítmica tan bailable, y a la vez, tan noise. El broche perfecto a una noche donde los de Oxford brillaron y dejaron claro que, cuando se trata de aunar pop y guitarras ruidosas, son pocos los que les hacen sombra.