Pumarosa «Devastation» (Fiction 2019)

Segundo álbum de la banda marcado por la enfermedad del cáncer

El debut de PumarosaWitch (2017) tenía varios ingredientes para ponerles de lleno en el mapa de las promesas del pop guitarrero guitarrero contemporáneo, entre ellos, la impactante producción de Dan Carey, que resaltaba todo el carácter épico de la banda a la vez que les mostraba expansivos, abiertos a la experimentación y con un excitante equilibrio entre los estadios y las discotecas.

Que hayan optado por cambiar de productor para el «difícil segundo disco» sería, sin duda, un riesgo, de no haber sido porque ese puesto ha pasado a manos de John Congleton, uno de los hombres más solicitados e inspirados del negocio. Eso sí, con lo indiscutible que suele ser gran parte de su trabajo, el camino al que Congleton ha llevado a Pumarosa en este Devastation suena a paso atrás, o al menos a paso atrás en el tiempo, ya que gran parte de los ritmos y sonidos parecen sacados de mitad de los 90, de un tiempo en el que The Prodigy y Nine Inch Nails eran sinónimo de vanguardia sonora.

El rumbo queda patente desde los primeros compases del disco, con el ritmo drum´n´bass y con las atmósferas opresivas e industriales que conforman la columna vertebral de Fall Apart. Sucede que lo que podría ser percibido como un anacronismo ridículo, en manos de la banda londinense se convierte en un impulso que usa sus puntos fuertes para engrandecer su sonido. No en vano, son terrenos creados a la medida de la robótica precisión del batería Nicholas Owen, y la carismática voz de Isabel Muñoz-Newsome, a medio camino entre Beth Gibbons y Bono (y quien no crea lo de la influencia del líder de U2 que escuche Lose Control  con ellos en mente).

Además, las circunstancias en las que se gestaron estas canciones invitaban a zambullirse en las tinieblas: a la semana de publicar el mencionado The Witch, y mientras llegaban las críticas entusiastas y las ofertas para girar por el mundo junto a Depeche Mode, a Muñoz-Newsome le diagnosticaron un cáncer cérvicouterino, con el que tuvo que lidiar (operación incluida) al mismo tiempo en el que el mundo empezaba a empujar para convertirla en súper estrella.
Ya recuperada, aunque con un cuerpo crónicamente condicionado por el proceso, la cantante ha usado sus dotes narrativas para hacernos partícipes del proceso psicológico por el que ha pasado, y ahí encaja a la perfección el entramado de máquinas al que han dado forma entre la banda y Congleton.

Las que han salido perdiendo son las guitarras, prácticamente ausentes, o procesadas de tal manera que parecen un elemento programado más. Podríamos decir que es una pena, ya que no abundan jóvenes bandas guitarreras que sean tan excitantes como ellos, pero si el resultado es un disco como este, y sobre todo canciones como la magnífica I Can Change, donde todos los elementos que hemos ido describiendo conviven con una sobrecogedora sección de cuerdas, a ver quien es el que se atreve a quejarse.

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