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PSM Festival, Apolo, Barcelona (29-10-2011)

Autor: | @indienauta

psmcronica

El Festival PSM nació, como muchos saben, de una tragedia: la muerte el pasado mayo de Pedro San Martín, bajista de La Buena Vida, melómano y hombre apasionado según todos los que lo conocieron. Un homenaje con participantes de lujo, los amigos de PSM, que da la casualidad de que están entre lo mejorcito del indie, sobre todo de aquellas bandas contemporáneas a La Buena Vida.



Abrieron la noche Tortel, sin Joaquín Pascual, con su pop acústico y evocador, pidiendo al público que hicieran las veces de orquesta filarmónica para hacer la sección de cuerda de “Tormenta en la mañana de la vida”, la canción que más se versionó en la noche. De hecho, sonó en seguida otra vez, de la mano de Rafael Berrio, muy melancólico y con la única ayuda de su guitarra eléctrica.

Momentos para el recuerdo

Los allí presentes sabíamos que los momentos especiales no tardarían en llegar, y con Nosoträsh ocurrió el primero de ellos. Con una formación rara (sin Natalia, estaban Bea, Cova, Mar de Pauline en la Playa y Frank Rudow a la batería, del que dijeron que era alemán pero “más de Gijón que cualquiera de nosotras”), el recital empezó con “Arte”, probablemente la canción más celebrada de las asturianas, con la voz de Rosa, novia de Pedro San Martín y cabeza pensante del evento, que transmitió una emoción, un amor tan fuerte, que trajo las primeras lágrimas de la noche, tanto en el escenario como en la platea. Tras la gran ovación, tocaron un par de popemas y otro de los protagonistas de la noche, Nacho Vegas, salió a cantar “Tres Tristes Tigres”. Se lanzaron con “Un muelle” de Pauline en la Playa (qué grande sería que Nosoträsh y Pauline en la Playa hicieran un súper grupo) y cerraron con la correspondiente versión de La Buena Vida, “HH:MM:SS”, que sonó desnuda, minimalista.

Clovis comenzaron con otra versión, esta vez de Love, uno de los grupos de referencia de La Buena Vida, y continuaton con “Matinee”, una de las composiciones más bellas de los donostiarras, con una pizca de electrónica que vino muy bien para sacudirse las penas. Dieron paso a Antonio Luque, antes Sr. Chinarro, que acompañado del bajista de Maga interpretó tres canciones propias en formato acústico y una versión muy chinarra de “La calle del Carmen”. Antes de empezar, hizo un bonito discurso centrado en la idea de que prefería pensar que Pedro San Martín, aunque no le viera, estaba de aquí para allá, charlando, disfrutando de la música, como siempre hacía.

Grupo de Expertos Solynieve, como ya hicieran en el BAM, avanzaron temas de su nuevo disco, que continúa con esa mezcla de rock y tradición andaluza que tan bien les funciona. J reconoció que “Calles y avenidas” era una de sus canciones favoritas de La Buena Vida, y fue precisamente esta la que eligieron para cerrar su parte.

Pedro I El Grande vino, vio y triunfó


Con Ama llegó el segundo gran momento de la noche, muy solemne y triste, protagonizado por la única canción que el grupo vasco interpretó. Y es que Javi, integrante también de La Buena Vida, y Borja, ex-integrante, nos tenían preparada una sorpresa: una canción nueva, dedicada a Pedro, que probablemente supo sincretizar lo que sus allegados sienten todavía cuando piensan en él. La canción, titulada (creo) “Pedro I El Grande”, insiste en la idea del fantasma de Pedro para acabar tomando conciencia de que los fantasmas son los demás, los que se han quedado en vida sin él. Estremecedora e intensa, el público se entregó rápidamente. Recuerdo una frase que me gustó especialmente: “Pedro llegó, vio y triunfó”. La verdad es que la participación de Ama fue de esas de volver a poner los pies en la tierra, una aparición dramática y grave, en la que la celebración quedó de lado para recordarnos a todos que la melancolía es, aparte de inevitable, necesaria en algunos casos. No se fueron sin antes recordar a la otra víctima del accidente, Iñaki Vega, gran amigo también de Ama y La Buena Vida.

“Blues por Charlie”, uno de los temas más tristes de los donostiarras, fue la versión elegida por Fernando Alfaro y Joaquín Pascual, clásicos de nuestro indie que se reunían para tocar canciones de sus respectivos discos para acabar con el hit más célebre de Surfin’ Bichos, “Fuerte”, cantadísimo y bailadísimo por un público cada vez más animado.

Nacho Vegas comenzó su parte con la versión, acompañado de Bea de Nosoträsh. cantaron “Trigo Limpio”, preciosa. Protagonizaron, además, una de las anécdotas de la noche, pues cuando ella salía del escenario, se despidió de él con un pico, y tuvo que quitarle los restos de pintalabios de la boca. Nacho siguió entonces en formato íntimo, acústico, dando buena cuenta de lo maravilloso de su voz y sus canciones. Como guiño a la actualidad, tocó el tema que ha compuesto para Robo, “Como hacer crac”, y una versión de “Ocho y medio” con cambio de letra dedicado al homenajeado.

Lori Meyers, a pesar de contar con algunos problemas con los samplers, caminan sobre seguro, ya que son una de las bandas más exitosas de la escena, y su concierto fue una auténtica locura de coros, bailes y movimiento. De La Buena Vida cogieron “Segundas partes” y la hicieron totalmente suya.

Llegando hasta el final

Triángulo de Amor Bizarro covirtieron una de las canciones más emblemáticas de La Buena Vida, “Magnesia”, en una fiesta de ruido y reverb con un final apoteósico de cuatro minutos, repetitivo e intenso. Principio del fin de la fiesta, no se nos ocurre otro grupo mejor para subir la temperatura.

A continuación Los Planetas, sin Florent (sustituido por Antonio Arias), centraron su repertorio en temas de sus últimos discos, dejando un pequeño espacio para la sorpresa en el que fue, quizá, el tema más coreado de toda la noche, “Santos que yo te pinte”, un clásico ya del rock español que pilló desprevenido a más de uno. Cerraron con “Tormenta en la mañana de la vida”, que, a pesar de ser la tercera vez que sonaba, no perdió en emoción.

A pesar de que Los Planetas fueran probablemente el plato fuerte de la noche, no fueron los encargados de cerrar, sino que de sobremesa se nos presentaron Ellos, con un set muy movido y rockero. Guille Mostaza, visiblemente emocionado, lo dio todo y cerró con uno de los temas que, hasta el momento, más se había echado de menos: “Los Planetas”, que cantó a dos voces acompañado de una chica amiga de La Buena Vida.

Un adiós perfecto

Para cerrar los conciertos estaba anunciada una banda misteriosa bajo el nombre de St. Pepper's Apolo Hearts Club Band . Los rumores, que no vamos a reproducir porque ya no tiene sentido, apuntaban en varias direcciones y llevaban tiempo circulando, y finalmente se trataba de los mismísimos La Buena Vida los que, como no podía ser de otra manera, se encargaron de despedir la velada. Con una formación también especial (con Iñaki.... productor de muchos de sus discos), hicieron un pequeño set que acabó por desatar las emociones más arrebatas, llegando a las lágrimas. Sonaron tres canciones de "Hallelujah", uno de sus mejores discos: "Los vientos", "Trigo limpio" y "Solo tienes lo que das". Un broche lógico, pero no por ello menos gratificante.


Y, a modo de epílogo, prácticamente todos los participantes subieron al escenario con copas de champán para brindar por Pedro, pero también por el éxito de la iniciativa. Rosa, una vez más, tomó las riendas y propuso un brindis colectivo. La sala Apolo, a reventar, levantó su vaso al unísono, bebió, y arrancó a aplaudir algo mágico, irrepetible, que sin embargo parece que tendrá continuidad... pero ya no será la primera vez.


Fotos: Borja Domínguez

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