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Porque #SoymuydeMahou …

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Un día estás viendo tu programa favorito en la tele y en la tanda de anuncios habitual te encuentras con un espacio publicitario donde aparecen algunos de los músicos más mediáticos de la escena nacional (Cristina Rosenvinge, Alaska ó Loquillo entre otros), junto a otros reconocidos personajes del mundo de la alta cocina, el deporte y el cine y teatro, recordando anécdotas acerca de su primer contacto con una marca de cerveza, concretamente Mahou. Resulta curioso ver a gente tan mediática, y algunos de ellos muy en lo alto en lo que a repercusión se refiere, hacer un ejercicio de bajar a ras de suelo para contar pequeñas historias personales relacionadas con el simple hecho de tomarse una cerveza.

Eso de buscar la esencia de los pequeños momentos de un día a día cualquiera y las sensaciones que han producido en sus (en este caso afamados) protagonistas me resulta como mínimo original en una campaña publicitaria. Todos hemos tenido esos momentos y afortunadamente no hay que ser afamado para disfrutar de las pequeñas cosas del día a día que producen sensaciones agradables.

Recuerdo mi primer contacto con Mahou también como algo muy agradable, y fue en una de mis primeras visitas a Madrid. En aquellos años siempre pedía en Barcelona mi marca habitual de cerveza (que desde luego no era Mahou) y recuerdo que en Madrid, aunque no imposible, era complicado encontrarla. Cuando estás acostumbrado a algo (y además satisfecho con ello), el probar cosas nuevas suele producir sentimientos encontrados, mezcla de curiosidad apaciguada con algo de prejuiciosa indiferencia (¿para qué cambiar algo que me gusta?). Decididos a probar cosas nuevas (que ya ocurre), de repente nos disponemos a afinar el gusto para analizar y después juzgar las sensaciones que nos va a producir ese nuevo descubrimiento.

Volviendo a mi primera Mahou, recuerdo que fue en un pequeño bar de Madrid, rodeado de amigos, en pleno verano con la canícula haciendo mella, lejos de mi cerveza habitual (directamente no la tenían en ese establecimiento), pero con unas ganas locas por calmar mínimamente los calores agobiantes que sufríamos en ese mismo instante tras una larga caminata por el centro. No fueron tanto las ganas de probar una nueva marca de cerveza como el no tener más remedio que probar una Mahou, única marca que había en aquel pequeño bar. Fue probar una Mahou (bien fresquita además), y de repente, la sensación de tener lejos mi cerveza habitual desapareció por completo. Me sentí no solo reconfortado y liberado del calor, sino sorprendido por un sabor que me cautivaría completamente desde entonces.

Tras volver a Barcelona de aquel viaje, llegarían evidentemente muchas otras oportunidades de tomar una cerveza bien fresquita, rodeado casi siempre de los amigos, y desde luego que no he perdido oportunidad de lanzarle al camarero de turno la misma pregunta: “¿Tenéis Mahou?”.  Creo que queda claro que desde entonces #soymuydeMahou.

 J. Casulleras

 

 

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