Parásitos

Los de arriba y los de abajo

¿Cuál es tu plan? se preguntan los personajes de Parásitos de Bong Joon-ho, expresando la gran preocupación que llevan dentro todos los que viajan en metro y huelen diferente. La pregunta sobre ‘el plan’ es la clave de una película profunda que expresa el miedo de los desfavorecidos. El miedo de los que tienen dificultades para dormir por las noches ante un futuro sin trabajo, sin pensiones, sin seguro médico, sin poder ofrecerle nada a sus hijos.

Lo material -representado en esa piedra obsequiada por un niño pijo al joven Ki-Woo (Choi Woo-shik) – es la obsesión de la familia protagonista, desempleados que se buscan la vida haciendo trabajos basura y robando el wi-fi. Podrían ser la misma familia de la maravillosa Un asunto de familia. Pero aquí el retrato no es humanista, sino cruel. 

Parásitos es primero una estupenda comedia pícara en la que el autor contrapone a sus protagonistas a otra familia de privilegiados, tan ricos como despistados. Unos viven arriba y los otros, abajo: la ciudad en la que transcurre la historia está dispuesta como una colina en cuya cima se ubican las mansiones de los ricos, mientras los demás viven por debajo del nivel del mar, en bajos, semisótanos y hasta debajo de una mesa.

Curiosamente, se plantea que los de arriba son moralmente buenos, inocentes, fáciles de engañar, mientras los desfavorecidos son puro instinto de supervivencia, sin escrúpulos. Quizás por eso, en una poderosa secuencia de atmósfera apocalíptica, un diluvio amenaza con borrar la suciedad de los fracasos del sistema. 

Parásitos está llena de elementos sugerentes alrededor de un tema, la desigualdad, que siempre ha estado presente en la filmografía del director surcoreano, aunque siempre en un segundo plano con respecto al género de cada uno de sus films de su obra, en la que predomina sobre todo la ciencia ficción. Mencionemos una monster movie como The Host; la lucha de clases en travelling lateral de Snowpiercer; o el ecologismo vegano de Okja.

En Parásitos la injusticia de la desigualdad ocupa el primer plano en una película llena de ideas, que va del humor (negro) al estallido (violento) y luego a un profundo drama. La sabiduría cinematográfica de Bong Joon-ho es evidente en una película elegante, pero también bruta cuando se producen erupciones emocionales, y además es capaz de fabricar imágenes inolvidables -el descenso a los infiernos de los protagonistas por esas largas escaleras grises; la mencionada secuencia del diluvio; el hermoso epílogo que nos emociona y nos demuestra que estamos ante una obra mayor, de una humanidad tremenda. La ganadora de la Palma de Oro en Cannes bien puede ser la película del año.