Paprika Johnson y otros relatos, Djuna Barnes (La Navaja Suiza, 2019)

Paprika Johnson y otros relatos, Djuna Barnes_indienauta

Regresamos a la forma breve. Tras descubrirnos a William H. Gass —imposible olvidar «El chico de los Pedersen»—, La Navaja Suiza nos propone ahora un «rescate» de lo más sugerente, el de la norteamericana Djuna Barnes en Paprika Johnson y otros relatos. Siete historias en una sucinta antología —el libro, de formato reducido, es toda una preciosidad minimalista— a cargo de, en sus propias palabras, «la más famosa de las escritoras desconocidas» del siglo pasado, y una de las voces más notables del llamado modernismo narrativo.

Nacida en Cornwall-on-Hudson, Nueva York, en 1892, Djuna Barnes empezó a hacerse un nombre en la gran manzana con sus artículos en The Brooklyn Daily Eagle. Pero sería gracias a su experiencia en Francia —la revista McCall’s la envió a París en 1920 para escribir acerca de los expatriados de la Rive Gauche—, y su inmersión durante dos décadas en la icónica «generación perdida» y la escena cultural francesa —con paradas posteriores en Reino Unido—, que la situarían entre las figuras relevantes, aunque siempre secundaria, del movimiento modernista.

Sus textos para publicaciones como The New Yorker o Vanity Fair, u obras como Ryder, El almanaque de las mujeres o, sin duda su novela más célebre, El bosque de la noche, aparecida en 1936, junto a sus colecciones de relatos Humo —al que pertenecen los relatos de este Paprika Johnson— y Una noche entre los caballos, le granjearon la admiración y amistad de «luminarias» tales como James Joyce, T.S. Eliot, Ezra Pound o Gertrude Stein. En cambio, su regreso a Estados Unidos fue traumático, profundamente marcado por el alcoholismo, la artritis y un creciente aislamiento voluntario, falleciendo en Nueva York 1982 en un estado de semi olvido parcialmente restituido con el tiempo, siendo reivindicada como una autora transgresora y osada, contribuidora sustancial al avance del feminismo y la superación de la sexualidad y la moralidad imperantes en su país.

Publicados en diversas revistas y diarios en su juventud, los cuentos de Paprika Johnson, traducidos al castellano con esmero por Ce Santiago, oscilan entre una incipiente exploración y una intensidad emocional que, con frecuencia, desborda el desarrollo per se de la historia. Por así decirlo, para Djuna Barnes la acción es secundaria, la «revelación» es lo fundamental. El resultado son textos con una potente carga simbólica y psicológica —la influencia de Joyce es palmaria—, en los que el lector encuentra algo incluso abisal, una omnipresente comezón interna que asola a sus personajes, no del todo aprehensible pero sí poderosamente familiar…

Esa inmersión en lo que podríamos denominar como ficción simbólica provoca que, a veces, los relatos de Paprika Johnson pequen de embrollados en sus tramas superficiales, caso, por ejemplo, de «La broma entre las bromas», «Un toque de comedia» o «¿Quién es el tal Tom Scarlett?», en los que, por otra parte, la sensación de angustia vital de sus protagonistas está brillantemente lograda.

En cambio, cuando lo alegórico converge con el argumento, depara en historias indelebles. Es lo que sucede en los dos relatos, a mi juicio, más sobresalientes del lote, «La tierra» y «La cobarde». En el primero tenemos a las hermanas de origen polaco Una y Lena, rotundas creaciones que permiten a Barnes hablarnos de la dualidad —y por tanto, en confrontación— entre civilización y naturaleza, instintos y raciocinio, bajo un trasfondo netamente americano: el de la frontera y la inmigración de los pioneros —subvertidos en un nada baladí «ellas»—. Y en el segundo nos topamos con Varra, epítome del coraje moral expuesto en toda su fragilidad mediante a su turbadora, cuasi enfermiza, cuita acerca de su reputación, definitivamente puesta en cuestión ante una situación extrema que implica un juicio, su esposo y su enemigo.    

Perfecto para iniciarse en el universo literario de Djuna Barnes, Paprika Johnson y otros relatos, nos muestra a una escritora osada y compleja. El lado más reflexivo de la bohemia de principios del siglo XX, en femenino, y estilísticamente idiosincrática, hecha prosa. Las «espadas literarias» quedan en un prometedor «alto».