No olvides las canciones que te salvaron la vida, Carlos Pérez de Ziriza (Efe Eme, 2019)

No olvides las canciones que te salvaron la vida_Indienauta

El anterior libro del periodista Carlos Pérez de Ziriza, la contagiosa crónica del power pop y la new wave Tres minutos de magia, fue una de las lecturas musicales preferidas del año pasado para quien escribe. Así que su siguiente libro, este flamante No olvides las canciones que te salvaron la vida, también publicada por Efe Eme, se antojaba de lo más apetecible. Un híbrido, entre el ensayo generacional y la narración confesional que abarca 30 años de historia del indie —con algún «punto de fuga» en el mainstream pop—, tan personal como intransferible.

Hermanado con obras como las 31 canciones de Nick HornbyTodo tiene una historia de Isaac Pedrouzo el colectivo Memorias sónicas, aunque en una versión mucho más «analítica»No olvides las canciones que te salvaron la vida agrupa una treintena de temas, una por año, de 1989 a 2018, con las que el musicólogo madrileño traza una historia que podemos calificar de dual al mismo tiempo que absolutamente indisociable: la de la música y la propia existencia vital. Aquí hay historia y trayectoria, disquisiciones sobre géneros y estados de la cuestión musical, junto a vivencias y reflexiones sobre las experiencias acontecidas y acumuladas a lo largo de esas tres décadas.

Por No olvides las canciones que te salvaron la vida desfilan piezas imprescindibles de lo alternativo internacional cortesía de pesos pesados como Pixies, New Order, Teenage Fanclub, R.E.M., Wilco, Arcade Fire, Nick Cave o The National, al lado de fijos del indie patrio como Chucho, Los Planetas, El Niño Gusano, Sr. Chinarro o La Habitación Roja, más alguna que otra rareza —aparentemente— o concesión a la modernidad, de la mano de Kate Tempest, Beyoncé, Yung Beef o… ¡Whigfield! —tranquilos, queda justificado—. E imbrincadas a ellas, aspectos como el paso de la juventud a la madurez, las decepciones sentimentales y la ilusión de una nueva relación, la pérdida, la construcción de una familia y de una carrera en el frágil mundo del periodismo cultural. Porque lo que Ziriza nos quiere contar es que la vida tiene banda sonora —y no me refiero a los idiotas armados con su móviles demostrando su mal gusto y peor educación a todas horas—.

No olvides las canciones que te salvaron la vida no tiene una voluntad ensayística exhaustiva, ni tampoco de —mal— disimular un relato autobiográfico, con episodios exorcizantes incluidos, bajo una coartada musical que podría resultar algo gratuita en manos de un autor con «elevadas pretensiones». Ziriza no pretende epatar ni impresionar con sus memorias o su compilación de temas. Y ahí reside, en mi opinión, su principal mérito. Conseguir hallar el equilibrio entre lo íntimo y lo musicológico con naturalidad y solvencia, gracias a una voz honesta, sin grandilocuencias ni estridencias y, sobre todo cercana, provocando momentos no solo de empatía, sino de pura identificación.

De ese modo, No olvides las canciones que te salvaron la vida se transforma en una amena lectura de sensaciones y recuerdos, los de su autor, pero también los nuestros —muchas coincidencias en mi caso, pero cualquiera puede plantearse su propia antología—, alrededor de la música. En definitiva, compartir canciones, compartir historias. Y que dure…