Mi cena con Hervé

El avión, el avión

En España apenas se recordará al actor Hervé Villechaize como el pequeño doble de Felipe González. En el resto del mundo, donde la serie La isla de la fantasía (1977-1983) fue un éxito, el intérprete francés aquejado de enanismo era un rostro muy conocido, identificado sobre todo con aquel personaje, Tattoo. También se le recuerda como el divertido Nick Nack, sicario del español Scaramanga (Christopher Lee) en la mítica aventura del James Bond de Roger MooreEl hombre de la pistola de oro (1974). En la película para televisión producida por HBO, Mi cena con Hervé, el encuentro del actor con un periodista sirve para narrar la atípica historia de su vida.

Nominada a un Emmy, esta tv movie se centra en la entrevista concedida por el actor a Sacha Gervasi en 1993, justo antes de suicidarse. Gervasi ahora escribe y dirige este biopic en el que sus propias experiencias como alcohólico inspiran el personaje protagonista, Danny Tate (Jamie Dornan).

El argumento se centra en la entrevista, que revela pasajes de la vida de Villechaize: cómo superó su condición física para hacerse famoso y rico. Pero, sobre todo, la película habla de personajes rotos y de autodestrucción. Danny y Hervé se reflejan el uno en el otro. Tienen todo para ser felices, pero, por alguna razón, se han dejado llevar por adicciones -alcohol y sexo- que derriban cualquier proyecto de vida. En Villechaize se adivina que el rechazo materno se esconde detrás de sus frustraciones, y de la continua búsqueda de afecto en los brazos de cualquier mujer que se le cruce por delante.

Si bien la historia del famoso actor es interesante, morbosa y divertida, hay que decir que la del protagonista, trasunto del director, resulta predecible, parece un cliché y está resuelta de forma rápida y quizás, complaciente. No ayuda una realización plana y televisiva. Todo el interés del film radica, por tanto, en la impresionante interpretación de Peter Dinklage, que nos hace olvidar a Tyrion Lannister, y que compone un personaje que podría haberle llevado fácilmente a la caricatura y a la sobreactuación -mencionemos la voz aflautada y el acento francés del verdadero Villechaize- pero que el actor esquiva hábilmente hasta conseguir que su personaje sea creíble y despierte nuestra compasión como espectadores.