Lower Dens, “The Competition” (Ribbon Music, 2019)

Lower Dens vuelven con su disco más pop hasta la fecha

La evolución de Lower Dens ha sido una de las más curiosas de estos últimos diez años. El grupo de Jana Hunter comenzó la década entregándonos un rock oscuro, algo denso, y no apto paro los que buscaban la canción fácil. Pero, con el paso del tiempo, han ido quitándose esa introspección que caracterizaba el principio de su carrera, y han abrazado el pop sin ningún tipo de complejos. Algo que resulta evidente en su nuevo trabajo, donde no solo están más directos que nunca, también bastante más electrónicos que de costumbre.

The Competition” puede sorprender en un principio, pero sí se mira con detalle, es donde tenían que llegar. Hunter lleva avisando un tiempo de este cambio de sonido; concretamente desde 2017, que fue cuando editaron ‘Real Thing’. Una canción que, por cierto, también han incluido en este trabajo. Y es que, ahí ya se podía ver que estaban bastante ilusionados con una producción más sintética. Lo que quizá no esperábamos es que se desmelenaran tanto. Porque en cortes como ‘Hand Of God’ o ‘Young Republicans’, se han ido directos al synth-pop. Lo mejor es que, no se han quitado de encima las guitarras, y la unión de estas dos facetas resulta de lo más interesante. Pero todavía van más allá, y en ‘Simple Life’ se meten de lleno, y con muy buenos resultados, en la pista de baile más ochentera.

Lower Dens sigue siendo esa banda que apuesta por una propuesta ensoñadora, solo que ahora lo hacen con otros ingredientes. Donde antes aparecían las guitarras, ahora aparecen los sintetizadores. Lo bueno es que les sigue funcionando, y temas como ‘Galapagos’, ‘Two Faced Love’, o el ultra popero ‘Lucky People’, tampoco distan tanto de lo que hacían hace años. Además, con este nuevo sonido, han mejorado bastante sus temas más tranquilos, y la ya mencionada ‘Real Thing’, o ‘Buster Keaton’, son una auténtica delicia. De hecho, lo peor del disco, llega al final, cuando entra una ‘In Your House’ bastante más conservadora. Y no es que sea un mal tema, pero tras la orgia sintética que nos encontramos en el resto del álbum, su sonido más clásico no dice mucho.

Una de las cosas que más engrandece a un grupo, es una evolución con cabeza, en la que no se van al recurso fácil, y en la que no pierden su identidad. Algo que se puede aplicar perfectamente a este nuevo trabajo de la banda de Baltimore.

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